Ley de Memoria Histórica: una ley contra la monarquía, la Iglesia y la democracia

La ley de memoria histórica la defienden fraudulentamente haciendo una analogía con las que en Alemania prohíben dudar del holocausto o negarlo. Con ello intentan cerrar la boca a cualquier discrepancia. La pretensión es asombrosa, porque lo único ocurrido en España parecido al holocausto, es decir, un genocidio, ha sido una de las mayores persecuciones religiosas de la historia, de un sadismo inconcebible. Y los autores de la memoria histórica se identifican política o ideológicamente con los autores de aquel genocidio, por el que nunca han demostrado el menor sentimiento de culpa.

Por lo demás, Alemania nunca ha sido el modelo máximo de democracia en Europa, y en otros países con más tradición en ese sentido sí está permitido dudar del holocausto o negarlo (otra cosa es que los argumentos o datos de los negacionistas sean convincentes historiográficamente, claro está).

Para trazar un paralelo entre el nazismo y la España de Franco, los autores de la memoria histórica utilizan una campaña permanente de supuestas informaciones sobre asesinatos masivos atribuidos al franquismo, cuyos restos en unas 2.000 fosas comunes afectarían a 130.000-150.000 personas. Se habla de casi tantas fosas comunes como en Camboya, un nuevo dato interesante, porque en Camboya los crímenes los realizaron los comunistas, con quienes muestran cierta identificación los autores de la memoria histórica al presentar a los comunistas españoles como demócratas.

El fraude se aprecia a simple vista: el promedio de víctimas en esas fosas sería de unas 70. Este número nunca se alcanzó en ninguna exhumación, pese a que, lógicamente, muchas tendrían que estar muy por encima de tal número. Se afirma asimismo que entre 2007 y 2011 se habrían recuperado “cerca 6.000 restos” en 370 exhumaciones, lo que da una media bastante inferior a los 20 por fosa.

En los 19 años que llevan de campaña se afirma (aunque las cifras varían según las fuentes, desde luego) haber exhumado en 740 fosas a unas 9.000 “víctimas del franquismo y la guerra civil”, lo que da una media de 13 personas escasas por tumba. Importa señalar el confusionismo intencionado entre “víctimas del franquismo” y de “la guerra civil”, cosas muy diferentes. Pues con toda certeza entre las supuestas víctimas se encuentran caídos en combate y enterrados apresuradamente por los dos bandos, como también víctimas de persecuciones y represalias entre los partidos del Frente Popular, que fueron ciertamente cruentas.

Está claro que buscan algún “Paracuellos” de izquierda, y afirmaron haberlo encontrado una vez en Granada, dándole máxima publicidad, pero que resultaron huesos de perros y cabras.

No existe ningún informe fidedigno de estas actividades extremadamente partidistas y falsarias (pues no solo no tienen en cuanta las víctimas contrarias, sino que quieren hacer pasar por demócrata al Frente Popular, compuesto de totalitarios marxistas, separatistas, anarquistas y golpistas.

Según informaba el periódico digital La Paseata el 12 de febrero de 2018, solo el 30% de las subvenciones dedicadas a la memoria se dedicaron a abrir fosas, y el 70% a actividades de propaganda. La brutal izquierda española siempre fue experta en estas campañas, que fueron una de las causas que condujeron a la guerra civil.

La campaña se ha mantenido gracias sobre todo al PP, que nunca ha cumplido su evidente deber democrático de exigir información fidedigna o de investigar por su cuenta ese inmenso fraude. Y ello a pesar de que algunos, como yo mismo, hemos proporcionado elementos muy suficientes para promover dicha investigación. Pero el PP ha tenido a bien contribuir al silencio y la marginación de la verdad.

Como decía Cicerón, la verdad no se corrompe solo por la mentira sino también por el silencio. Con ello, el PP se ha convertido en el mayor cómplice de una maniobra que no solo atenta contra la verdad histórica, sino contra la monarquía y la Iglesia, cuya supervivencia se debe precisamente al régimen demonizado por los farsantes y falsario de una memoria totalitaria. Porque lo más significativo de todo ello es que para llevar a cabo estas campañas han necesitado vulnerar la Constitución, la democracia y las libertades básicas.

Y no podía ser de otro modo, porque la democracia viene justamente del franquismo, que al derrotar a un frente popular totalitario-separatista, construyó una sociedad próspera y libre de los viejos odios, que hoy intentan resucitar los partidos delincuentes de la memoria histórica, o cómplices de ella.

Fuente

Pío Moa

Historiador y analista político. Participó en la oposición antifranquista dentro del PCE y el PCE(r)-Grapo. En 1977 fue expulsado de este último partido e inició un proceso de reflexión y crítica del marxismo. Es autor de numerosas obras sobre la República, la guerra civil, la posguerra y la historia general de España, así como de gran número de artículos de análisis de la actualidad e históricos.

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