Lástima que se lo pierdan

Recuerdo cuando era joven e iba a las escuelas nacionales, que las chicas entraban por una puerta a la planta de arriba, y los chicos entraban por otra a la parte de abajo, en el recreo y en el comedor nos mezclábamos todos y jugábamos como si nada.

He de confesar que mis mejores amigos siempre han sido hombres, esos nunca me traicionaron, no puedo decir lo mismo de mis supuestas amigas.

Cuando llegué al instituto, al elegir como segunda lengua el inglés que casi nadie escogía, excepto algunos pocos alumnos, me metieron en una clase mixta y ahí empezó todo.

La convivencia diaria con chicos fue del todo grata, allí hice mis mejores amigos, jamás sentí diferencia alguna entre hombres o mujeres, el listo o la lista se llevaban la mejor nota, nadie nos habló ni de sexismo, ni de feminismo, ni por supuesto de machismo, no se adoctrinaba, se estudiaba y se aprendía.

Recuerdo en la fiesta mayor del instituto Santo Tomás de Aquino que celebrábamos por todo lo alto el día del patrón, con tablas de gimnasia, bailes de época y actividades varias que nos permitían lucirnos y demostrar nuestras aptitudes.

No teníamos teléfono móvil y la calculadora era tu propia cabeza, así se aprendía, y si le ibas a tu madre con el cuento de algún profesor, con su mirada inquisidora tenías más que suficiente.
No había ni ampas, ni trampas, ahí solo valía tu propia valía, y el que valía y no podía, se le daba una beca y a estudiar.
No había maltrato escolar, porque como te pillaran te caía la del pulpo y éramos muy pero que muy felices.
Aprendí el respeto por los profesores, algunos de ellos son ahora grandes amigos, con los que tengo contacto frecuente.

También recuerdo que me encantó que me enseñarán el Gaudeamus Igitur, algo que a los estudiantes de ahora les sonará a balinés.

Lástima que los tiempos que avanzan que es una barbaridad, hayan involucionado tanto y que los jóvenes se estén perdiendo lo que vivimos otras generaciones.

El movimiento a nivel mundial por destruir todas las instituciones y crear borregos adoctrinados e incultos es moneda de cambio, pero yo no cambio nada de mi pasado por este presente incierto, corrupto y manipulador.

Mª José Gómez Busó

Jubilada, apasionada del patchwork, rematadamente sincera, y enamorada de España, de su himno y de su bandera.

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