Las políticas de los ígnaros, postuladas en la ideología y el resentimiento

La actual situación política de España, desde que nos gobiernan los socialcomunistas, ya era de una descarada y confesa ideología, acompañada por un autoritarismo inmenso, imponiendo un pensamiento único, acompañado de una absoluta exclusión de todo lo que no sea correctamente político. Condenando al ostracismo en este ámbito, a toda disidencia hacia el mismo. La elocuencia de lo que digo, queda reflejada con evidente transparencia, se podría decir, casi espectral, en esta crisis viral que sufrimos, donde ese mando centralizado que te otorga un Estado de Alarma, a mi juicio, un Estado de excepción encubierto, deja ver la incapacidad de un gobierno totalitario e ideológico a través de los continuos y reiterados fracasos en su gestión. «Para poder mandar es requisito primordial saber hacerlo».
Es una obviedad, aunque encubierta de una forma arbitraria, arcana y ambigua por nuestro actual gobierno, el resultado de una valoración cuantitativa y cualitativa, sobre todo, objetiva, teniendo en cuenta y detallando, las proporciones por habitante, de un listado con el número de fallecidos por el coronavirus hasta ahora, España está entre los tres primeros países europeos. En mi opinión, esto se debe, a esa característica común, entre los mismos, esa parálisis legislativa inseparable de su partitocracia, donde independentistas, separatistas y altermundistas se alían para saquear el erario público, y de momento logran dividir al electorado en fascistas y antifascistas.

Gobiernos, más concretamente el español, donde lo normal es ser antinacionalista, como Unidas Podemos y la coherencia depende de ese nacionalismo chauvinista, como es el vasco o catalán. En España las instituciones democráticas son gobernadas por aventureros, nómadas errantes, simples caraduras, dispuestos a «empoderarse» de cargos y prebendas, vulgares desvergonzados, capaces de aumentar el número de Ministerios, e incluir entre los miembros del Gabinete a la compañera del vicepresidente, cuya única experiencia profesional previa fue ser cajera de un súper. Hecho este, de un descaro y desvergüenza, sólo comparable a la época de la Rumanía de Ceaucescu, la cual, como es de sobra conocido, no tuvo precisamente un final feliz.

El lavado de cerebro a esas masas de ígnaros que sin género de duda, son sus afines, acólitos, sus potenciales votantes, las llevan a cabo los siguientes medios entre muchos otros: La Sexta, TV3 o El País. Este lavado de cerebro, vulgar adoctrinamiento de conciencias, se sustenta única y exclusivamente de la propaganda, ese sofisma, ese infundio y falsedad, de que los males del planeta se concentran en el imperialismo norteamericano, el cual atribuye y otorga, una emancipación y la mas déspota de las autonomías a trileros como Maduro, un ludópata callejero y fraudulento que dispone de portavoces o ganchos, como el papa Francisco, el Grupo de Puebla –última versión del okupacionismo zapatista- y la tríada u organización criminal de tres elementos, formada por Zapatero, Sánchez e Iglesias, adalides, jefes, mesías o caudillos, de una lucha de clases prolongada, como la guerra entre los sexos. Agravada por el excesivo aumento de un gasto social que sufragamos o pagamos los de siempre, es decir, los trabajadores, honrados y decentes, gente como tú y como yo, por esta turba de ígnaros, de siervos, de presos ideológicos, cuyo único objetivo en sus reiteradas razias es la de pasar de la recién egresada licenciatura a la jubilación más ventajosa, injusta e inmerecida.

Su descarada e inmensa propaganda se postula en clichés, repetidos hasta la saciedad, haciendo de sus escritos y discursos, un todo de pleonasmos, como son esos neologismos que desde 1945 acuñaron como descalificativos a su disidencia ideológica, » Extrema Derecha, Fascista…». Todo ello, con la sumisa aquiescencia, en forma de bendición, del Santo Padre. Su lenguaje exclusivo y pensamiento único que maniquea o transforma esa inmensa misantropía inherente a los mismos en una serie de corolarios y dogmas a forma de pseudoeufemismos, transformando la realidad en una anhelada utopía a forma de crisálida política, cuya metamorfosis, sea absoluta y completa, cambiando el verdadero, justo y merecido rol en la sociedad, haciendo de los últimos, los primeros.

Hay que reconocer que es una propaganda buenísima, genial. Pero esta pandemia, esta crisis viral, nos demuestra una vez más, espero, creando una jurisprudencia empírica a la vez que constructiva para tiempos futuros, que en todas partes se vive mejor exaltando o fomentando la laboriosidad y la competencia, la capacidad, el esfuerzo y el trabajo, es en este caso, y sólo en este caso, en el que el número de víctimas mortales es menor, por estas puntuales crisis sanitarias, como cierta gripe viral o vírica, cuando sus gobiernos no explotan, la ignorancia, el cortoplacismo y el resentimiento.

Espero y deseo que esa reflexión o hipótesis personal, sirva para despertar a una ciudadanía borreguil, a esa gran minoría, un sector de la sociedad absoluta y totalmente compuesto de ignaros, los cuales no cesan de tirar piedras, reiterada y continuamente hacia su propio tejado.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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