ColaboracionesJ.P. AlexanderOpinión

Las mayores víctimas del separatismo supremacista viven en Cataluña

Muchos son ancianos que han contribuido a levantar Cataluña con sangre, sudor y lágrimas, y ya han cumplido con su misión.

 

Son simplemente ancianos esperando entrar en una residencia o personas necesitadas de una dependencia incluso ya reconocida. Para las oligarquías de siempre se tratan nada más, sin importar la edad, de enfermos en una lista de espera: números y nombres. Y si se trata de ancianos al fin y al cabo solo han estado trabajando toda su vida en Cataluña y para Cataluña, se han limitado a levantar Cataluña con sangre, sudor y lágrimas, y ya han cumplido con su misión.

Es el momento de que lleguemos nosotros, las oligarquías de toda la vida, las oligarquías catalanas que bailaron alegres hinchándose con la dictadura de Primo de Rivera, aquella clase pudiente que fueron más republicanas que nadie para luego reinventarse en más franquistas que Franco, y que ahora lucen orgullosas lacitos amarillos. Las que siempre se llegaron con sus manos limpias la cosecha económica de España, que para eso se trata de supremacismos y subordinaciones.

Si los comparamos con lo sublime, con lo excelso, con lo glorioso de la independencia de Cataluña simplemente a esos enfermos y ancianos podemos considerarlos carne de cañón. Dónde vamos a comparar a la chusma que vino de otras partes de España en busca de una vida mejor con esa parte del pueblo elegido por las leyes naturales del darwinismo social y a las que el mismo Franco favoreció sobre el resto de regiones de España con gigantes de la empresa como SEAT y un tejido empresarial que los nacionalistas han hecho desaparecer con sus siestras políticas: bendita memoria histórica

Así que, piensan ellos, mejor nos dedicamos a derrochar en lujosas embajadas, realizar dispendios en expandir el nacionalismo catalán por tierras de Aragón, Valencia y Baleares y comprar voluntades de diferentes lobbies en el extranjero para convertirlos en altavoces de nuestra propaganda,

Lo ha reconocido el propio gobierno catalán – el que respalda descaradamente a los golpistas y en estos momentos está siendo juzgado por apuntarse a la fiesta – el dato resulta escalofriante: mientras esperaban la aplicación de la ley de dependencia desde enero de 2013 hasta diciembre de 2017 murieron 11.194 residentes en Cataluña. El 74 por ciento de las víctimas ya habían sido evaluados y se les había reconocido el derecho a ocupar un lugar en una residencia de ancianos. No fue así por la vergonzosa razón de que no existían las plazas para convertirlo en realidad y no existían por la siniestra razón de que el dinero que recibe el gobierno catalán, vía Agencia tributaria y procedente de los bolsillos de todos los contribuyentes españoles se emplea en otras cuestiones separatistas.

Aunque escuchando a los encausados en el Tribunal Supremo parece ser que el dinero para el golpe apareció gracias a la lámpara de Aladino y ellos no saben nada de nada sobre lo acontecido excepto, eso de que la policía nacional fueron unos malotes muy malos con el supuesto pueblo catalán. En cambio, ese pueblo que pertenece a Tabarnia, y que curiosamente es el más pobre de Cataluña, parece que ya ni siquiera se le considera pueblo catalán por parte de los supremacistas. Veremos qué dice la justicia.

J.P. Alexander

La libertad, el mayor tesoro y la igualdad, sólo para las oportunidades. Profesor de secundaria y bachillerato, pero ante todo maestro. Autodidacta empedernido

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