La vejez: el capital de la humanidad

La vejez, como nunca antes, es un tema de discusión ligado al virus que afecta predominantemente a las personas de edad muy avanzada. Aunque el anciano esté muy mayor y atajado de múltiples enfermedades, te acercas a él con cariño, con vocación, lo tocas y él siente.

En el panorama humano podemos destacar dos vertientes: Los temores y las creencias orientan los comportamientos. En unos lugares hacen cola para hacer acopio de alimentos y en otros para comprar armas. En otros se ponen serios con las medidas y en otros creen que no importa si mueren decenas de miles mientras su dios siga en pie; el mito del dinero, esa cosa ilusoria e inexistente. Surge el apoyo, la solidaridad, la sensibilidad y la comprensión. Y a la vez «el sálvese quien pueda».

Desde hace algún tiempo, nuestra época nos ha empujado a parecer eternamente jóvenes, sin arrugas, sin cabellos blancos, sin ninguna flacidez aparente. La vejez debe ser eliminada como algo de lo que avergonzarse y así nos olvidamos de lo mucho que es un recurso, una herencia de experiencias gracias a las cuales hemos evolucionado. La vejez debe ser salvada por una civilización demasiado dedicada a la vida desechable como para devolverla siguiendo los tiempos naturales.

El abuelo, nuestros abuelos, hoy día son un Capital Humano que debe de resarcirse, elevarse a partir de ahora como foco de sabiduría, de paciencia, de historia, ¿qué pasaría en un mundo sin mayores? ¿dónde se queda la transmisión de la experiencia?: en el abuelo, ahí es donde el joven y el adulto encuentran su equilibrio.  Por eso debemos de cuidarlos y no aprovecharnos de ellos; son nuestro capital  humano y eso vale más que el dinero y toda su parafernalia de alrededor. Es preciso que esta cultura material tome nota.

 

Jesús Antonio Fernández Olmedo

Redacción

Digital de Información y Opinión de derecha

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