La rebeldía como panacea o solución

Tengo que reconocer que la crisis viral que padecemos y sufrimos es recogida en nuestra Carta Magna con la definición de Estado de Alarma. Un Estado de Alarma que ha sido ideologizado por el ejecutivo actual y sus afines socios de gobierno, por lo que se presume su conversión y metamorfosis a una nueva situación.

Esta nueva situación se conoce como Estado de Excepción, a sólo un pasito de ese más riguroso y represivo Estado de Sitio. El actual gobierno de España y sus acólitos socios, además de las huestes revolucionarias que apoyan su totalitario régimen de gobierno, lo han transformado, además de suceso excepcional, en suceso político.

¿Por qué después de meses de aplicar una medida excepcional, que sesga, de forma casi absoluta, muchas de las libertades de la sociedad española y que por el contrario, no da con una verdadera panacea o solución, sino remedios o excusas lenitivas, seguimos sufriéndola y permitimos que se prolongue esta infinita agonía?

Una turba de incapaces que siguen utilizando esa táctica del «y tú más», es decir, el revolcarse en el estiércol ajeno, para así poder camuflar o desviar el hedor de su propia fetidez. Eso que llaman monitorización de los bulos, no es más que una medida totalitaria y represiva contra las críticas hacia unos incapaces, los cuales gozan de una real y completa libertad para aplicar la ley de facto y de forma arbitraria.

Una turba de incapaces que siguen unas políticas fascistas, las cuales quieren ocultar con esos ropajes a los que definen como la moda política del momento o socialdemocracia. Hecho este que por mucho que les pese y no quieran reconocer, no son, sino su verdadera génesis, arcana y ambigua desde los postulados o pilares más remotos y arcaicos.

Como digo, sus políticas, de un rancio y metafísicamente hablando, fascismo totalitario, siguen esa máxima goebbelsiana de repetir la mentira mil veces, para convertirla en verdad, legitimando y dando carácter legal al error y el embuste, frente a la verdad, pretendiendo mediante soflamas y sofismas que creamos lo que nos dicen, a lo que en realidad vemos con nuestros ojos y sufrimos en nuestras carnes.

Dieron muerte a Montesquieu y su separación o división de poderes, prevaricando y fomentando una corrupción política y social, que a día de hoy ha logrado reunir además de a los tres poderes fundamentales (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), al de la libre información o de los medios de comunicación.

Es un presente aciago pero certero y aún lo será más, el oír a esas huestes sumisas y aquiescentes, vulgar turba de presos ideológicos o de hombres-masa, justificar la mala gestión del gobierno, con el argumento, «de menos criticar y más alternativas o soluciones». Esto da una idea de la carencia cultural generalizada, tanto subjetual, como objetual, por parte de los mismos.

¿No es el gobierno el que tiene como obligación en su labor el resolver entre otras cosas, esta clase de problemas? No es de recibo ni lógico que paguemos un trabajo que no se hace. Esta clase de hechos o demagógicas y arbitrarias declaraciones, retratan ese carácter y espíritu parasitario de las citadas huestes, vulgar turba de presos ideológicos, cuyas razias tienen como único y verdadero objetivo, el parasitaje y pillaje del esfuerzo, honor y decencia, mediante la venta de sus conciencias, al rastrero y nocivo clientelismo de los primeros.

Las conciencias rojas vendidas a esta dictadura muda, cual yugo, represivo y cruel, sufrimos a diario, desde que esta turba de déspotas nos gobiernan, justifican la nociva gestión de sus amos, denunciando y revirtiendo sobre su disidencia ideológica, sus verdaderos objetivos, culpando a PP y Vox, de querer politizar esta crisis.

Falacia y falsedad que queda demostrada, viendo como la gestión de esta crisis la han politizado por medio de un chantaje descarado y confeso, comunistas, y sediciosos separatistas, intentando recoger los frutos de ese nogal que representan las verdaderas víctimas de la crisis.

España no se merece el despotismo de una turba de oligarcas caciquiles sin conciencia ni corazón, los cuales no se conforman con vivir del sudor y sacrificio de los españoles, ahora también quieren su vida.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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