La propaganda y la inmunidad de(l) rebaño

Urge que nos vacunemos… contra la indolencia en que nos sumerge nuestra zona de confort. Nos jugamos mucho. Salgamos del rebaño.

Históricamente tenemos constancia de como la propaganda ha sido un arma poderosa para reescribir la historia. Utilizada para tratar de minar los cimientos de los sucesivos imperios (la fobia al poderoso, con razón o sin ella, ha sido una constante en la historia de la humanidad), es utilizada hoy para todo tipo de objetivos por pequeños y mezquinos que sean. El dicho “injuria que algo queda” es uno de los primeros mantras que se graba en nuestros jóvenes, gracias a la arrolladora potencia que los medios de comunicación tienen para crear opinión.

Ya en el siglo XVI, con la aparición de la imprenta, la propaganda se convirtió en la más poderosa arma de adoctrinamiento y manipulación de mentes. En esa época se produjo la persecución católica en Alemania por parte del protestantismo. Aunque esto se debió más a problemas sociales que religiosos, la propaganda protestante se encargó de presentarlo como una crisis religiosa, en lugar de una crisis debida a que el régimen feudal había condenado a miles de campesinos a la más absoluta miseria.

Aparecieron figuras decididas a aprovechar la coyuntura. En este caso fue Lutero que, junto con los Príncipes Alemanes, vieron como redirigiendo el malestar social hacia un malestar religioso, conseguirían minar los cimientos del Sacro Imperio. Se encargaron de difundir que el catolicismo era un poder extranjero que oprimía a Alemania y que la Iglesia les robaba sus bienes.

De esta manera consiguieron dividir el Imperio en la zona en dos facciones, católica y luterana, dando al traste con el proyecto de unidad europea concebido por Carlos V. No querían pertenecer a una unidad comandada por los latinos…no piensan igual hoy con la Alemania de Merkel liderando la “unidad europea”.

Hoy, la propaganda sigue siendo un elemento fundamental e insustituible para impostar realidades y reescribir la historia. De hecho, viene siendo utilizada por los poseedores de la mayor parte de los medios de comunicación para imprimir en la población la lesiva doctrina del nuevo orden mundial. Una población cada vez más indolente, carente de criterios que le permitan valorar la veracidad de las comunicaciones vomitadas por el aparato de adoctrinamiento, sin interés por salir de la zona de confort que proporciona la pertenencia al rebaño.

Trump, la última víctima

El último episodio de entidad de esta forma de actuar se ha cebado con el último presidente de Estados Unidos. Un episodio caracterizado externamente por una forma de ser que ha facilitado que el aparato adoctrinador del nuevo orden mundial condene al ostracismo los magníficos logros del que, a buen seguro, ha sido el mejor presidente que Estados Unidos los últimos 25 años. Un presidente cuya popularidad le ha hecho conseguir el mejor resultado electoral de un candidato a la presidencia (tras el discutido resultado logrado por el “joven” Biden) y que ha abanderado políticas para favorecer la visión cristiana de la vida.

Su lucha contra el aborto ha sido constante. Es el único presidente que ha acudido en Washintong a la Marcha por la Vida y, aunque no tenía autoridad para abolir el mal llamado “derecho al aborto”, no ha cesado en su afán de limitarlo. El nombramiento (vitalicio) de tres jueces para el Supremo ha hecho que este tribunal se incline, con todo lo que ello supone, hacia el lado conservador. Magnífico logro para los liberalconservadores del mundo.

Además ha sido incansable en su batalla por mantener la libertad religiosa y proteger la familia natural frente a la horda progre. Este activismo social es el que verdaderamente preocupa a la progresía y sus narcotizados seguidores.

Ser el único presidente que no ha iniciado una guerra, además de limitar el número de efectivos implicados en “batallitas” iniciadas por sus antecesores, no le ha servido para que sea reconocida su imagen como hombre de paz. Imprescindible también su mediación para suavizar conflictos enconados durante decenios como el de las dos Coreas, o la pacificación del estrecho de Ormuz mediante el reconocimiento por parte de muchos países árabes del estado de Israel. ¿Qué se ha de hacer entonces para ser reconocido como hombre de paz? Claramente no ser Conservador.

Económicamente no ha podido ser mejor su gestión. Cuando el “joven” Biden era vicepresidente durante el mandato del progresista Obama las bolsas subieron un 66% (S&P 500), 100% (Nasdaq) y 48% (Dow Jones); con Trump lo hicieron en un 85% (S&P 500), 192% (Nasdaq) y 80% (Dow Jones). La repatriación de grandes cantidades de dinero gracias a la bajada de impuestos posibilitó que los mercados se lanzaran a comprar renta variable.

Los datos de PIB (a pesar de la pandemia) baten de largo a los de los mandatos del moreno y, durante el mandato del rubio, se han alcanzado los mejores datos de empleo, siendo los colectivos más favorecidos  las minorías negra, hispana y las mujeres ¿sorprendido el lector?

El último año de pandemia y la propaganda del nuevo orden mundial no pueden tapar una gestión tan brillante… a pesar de las legítimas antipatías personales que su figura genera.

Tenemos que reconocer que Trump cometió el mayor error que un político cometer hoy: ser conservador y enfrentarse al “establishment” que controla el 95% de los medios de propaganda. Salir del rebaño y defender al mundo rural, denostar el hedonismo urbanita y denunciar las liberalidades que se amparan en el colectivismo para perpetuarse.

Manejar todos los medios de propaganda para adoctrinar al rebaño y que este presidente conservador no pueda volver a presentarse es la última maniobra del nuevo orden y sus seguidores. Le temen porque ha osado salirse de la fila, dejar de balar y convertirse en adalid de la regeneración del ser humano… y porque se ha despedido condenando el aborto. Aún quedan muchas páginas por escribir antes de que la propaganda consiga la inmunidad de(l) rebaño.

Antón de la Puerta Domecq

Burke dijo que “el mayor error lo comete quien no hace nada porque sólo podría hacer un poco”. Por eso mi afición a escribir me ha llevado a intentar aportar mi granito de arena en la lucha contra la progresía y el marxismo cultural. Me limito a simplificar temas complejos para intentar hacerlos accesibles al mayor número de personas posible, sin más pretensiones. Ojalá consiga hacer reflexionar a uno solo de mis lectores. España y los españoles merecen que le quiten la venda de los ojos…volvamos a los Valores!!

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