La otra cara del 23-F o la Transición Paralela

"Empresarios, banqueros, periodistas, políticos, ex ministros, militares se confabularon para deponer a Adolfo Suárez, en el marco de una conspiración de altas esferas para dinamitar algunas consecuencias políticas de la Transición y la Constitución".

El 23-F fue un golpe civil-militar. Se diseñó siguiendo la experiencia del golpe militar turco de 1980 (cinco meses antes del 23-F) que instauró un  régimen militar.

Formó parte de un proceso que empezó en la primavera de 1977 y terminó alrededor de 1986, plagado de operaciones organizadas por la Transición Paralela (recordemos el intento golpista de la Operación Galaxia en 1978). Empresarios, banqueros, periodistas, políticos, ex ministros, militares se confabularon para deponer a Adolfo Suarez, en el marco de una conspiración de altas esferas para dinamitar algunas consecuencias políticas de la Transición y la Constitución, como las CCAA.

Alfonso Armada y el teniente Jaime Milans del Bosch y Ussía, capitán general de Valencia y el único que sacó los tanques a la calle, pertenecían no sólo a lo más alto del estamento militar, sino que además eran ricos (la suegra de Milans era la dueña de La Moraleja), formando parte la nobleza y, por lo tanto más que franquistas, eran monárquicos conservadores. En efecto, detrás de la operación golpista, estaba Juan Carlos I. El proyecto no se habría podido llevar a cabo sin contar con el apoyo de la Zarzuela ni con un nutrido sector de la élite conservadora, partidaria de un sistema democrático limitado que vio con estupor cómo Adolfo Suarez legalizaba el PCE en abril 1977 y planteaba un Estado social con derechos laborales, amenazando sus privilegios.

En julio de 1977, se fundó el CESID, justo un mes después de las elecciones generales y algunos agentes de la agencia de inteligencia como el comandante José Luis Cortina habían fabricado una telaraña de influencia sobre medios de comunicación de la extrema derecha con el fin de avivar la psicosis de un inminente golpe militar.

Así aquella crema empezó a acudir a las reuniones organizadas por el periodista Luis María Ansón (dirigió el diario ABC entre 1983 y 1997 y fundó el diario La Razón en 1998), presidente de la agencia EFE, que se confesaba partidario de un franquismo sin Franco. Seguía el consejo de Henry Kissinger que tenía su propia agenda en el tablero europeo, el de convocar elecciones, con una izquierda descafeinada para luego entrar en la Comunidad Europea y en la OTAN. Es que Adolfo Suárez se resistía a entrar en la OTAN. El 14 de enero de 1980, realizó una visita relámpago a Washington para reunirse con el presidente Jimmy Carter que le ofreció su apoyo para entrar en la Organización, propuesta que el presidente español rechazó. En junio de 1980, Carter visitó España y además de reunirse con Adolfo Suárez y el Rey, también se reunió con Felipe González. El PSOE tenía una auténtica obsesión por hacer caer a Suárez. En cuanto a Armada, se había encontrado con el embajador de Estados Unidos, Terence Todman durante la Navidad del 80, cuando pasó un día en su finca de Santa Cruz de Rivadulla (La Coruña).

Aquella élite concluyó que había que apostar por un gobierno de concentración nacional presidido por el general Alfonso Armada (liderando la Solución Armada), supernumerario del Opus Dei y secretario general de la Casa Real durante 17 años. Juan Carlos I y Armada mantuvieron una entrevista en la que el militar le informó sobre el futuro golpe del 23-F. En realidad, Estados Unidos estaba presionando a España para que dejara su Proyecto Islero de independencia nuclear. En abril de 1981, España aceptó las condiciones del Tratado de No Proliferación Nuclear, que sometió las instalaciones nucleares a la supervisión y control de los inspectores de la Agencia Internacional de la Energía Atómica. Esto acabó definitivamente con el programa de armamento nuclear español.

Se pueden citar varios nombres de estos organizadores del 23-F como Juan Miguel Villar Mir, ministro de Hacienda (1975-76) y hombre de confianza del Rey, que apareció en los cenáculos como favorito para sustituir a Suárez, Carlos Pérez de Bricio, ministro de Industria (1975-77), Luis Valls Taberner, presidente del Banco Popular a quien Ruiz-Mateos le entregó mil millones de pesetas para tapar bocas sobre el golpe de Estado, Alfonso Escámez, presidente del Banco Central perteneciente a la nobleza y senador por designación real, Jaime Carvajal, presidente del Banco Urquijo, íntimo del rey Juan Carlos, también senador por designación real y noble, Laureano López Rodó, exministro franquista, José María López de Letona, exgobernador del Banco de España que sería el vicepresidente para Asuntos Económicos del planeado Gobierno de concentración, Juan Rosell que defendia una operación similar a la de De Gaulle, Carlos March Delgado, nieto del fundador de la Banca March que organizaba cenas con idéntico propósito que las de Ansón, Max Mazin, clave en la institucionalización de la comunidad judía española, Juan María de Peñaranda y Algar, agente del SECED, Gregorio López Bravo que dejó la política en 1978 en protesta por la entrada en vigor de la Constitución y Álvaro Lacalle Leloup, general de artillería.

El Vaticano también manejaba información sobre el golpe. El 23-F, la Conferencia Episcopal permaneció todo el día reunida y aislada en la Casa de Ejercicios del Pinar de Chamartín.

Armada había aspirado a que Tejero entrara en el Parlamento (interrumpiendo la votación de investidura) y cortara la comunicación con el exterior, sin violencia. Juan Carlos se había devanado los sesos buscando una solución que evitaría un proceso judicial en su contra. Se propuso que Armada fuera al Congreso y se propusiera a título personal como presidente de un gobierno de concentración y que paralelamente, Tejero saliera al exilio en un avión preparado en Getafe y unos 100 millones de pesetas. Pero, la idea se fue al traste a las 22.25 cuando empezaron los disparos. Tejero no aceptó que Armada hablara con los diputados cuando éste le enseñó la lista de ministros del Gobierno con nombres de socialistas (Felipe Gonzalez) y de comunistas. Se dio cuenta que había sido engañado, porque él pensaba en una junta militar y se cerró en banda.

El  27 de octubre de 1982, jornada de reflexión previa a la primera victoria electoral del PSOE, estaba previsto un golpe potencialmente sangriento. Designado como 27-O u “operación Cervantes”, estaba destinada a ofrecernos imágenes tan contundentes como las del golpe de Pinochet contra Allende, con el palacio presidencial de la Moneda incendiado por las bombas. Lo lideraba el general Jaime Milans de Bosch desde la prisión de Fuencarral y militares como el comandante Ricardo Sáenz de Ynestrillas. Del fallido golpe del 23-F, los implicados aprendieron que necesitaban derramar sangre. El proyecto tenía dos fases, una centrada en Madrid (Plan Halcón) y la otra al resto de España (Plan Marte). Se instauraría una junta militar y se disolvería el Parlamento. El Rey sería destituido y reemplazado por un Consejo de Regencia. Partidos y sindicatos serían ilegalizados y sus miembros detenidos. Las instituciones surgidas de la Constitución serían declaradas ilegales y, por lo tanto, desaparecerían las autonomías. Para gobernar se escogerían unas Cortes de patrón franquista. Este plan golpista fracasó y apenas afectó a la campaña electoral.

En cuanto al coronel Muamar el Gadafi, aceptó asimismo participar en un golpe de Estado en España. La intentona fue preparada por el coronel Carlos de Meer de Ribera y otros ultraderechistas como José Antonio Assiego y Enrique Moreno que añoraban a Franco. El 17 de enero de 1986, se reunieron en un hotel con el embajador libio, Saed Esmaiel, y de Meer les comunicó su intención de viajar a Libia para crear un grupo político de carácter africanista, de instaurar en España una democracia orgánica en la que no tuvieran cabida los partidos políticos y donde la política exterior encontraría su eje en la ruptura diplomática con Israel y con los países de la Comunidad Económica Europea (CEE). Deseaba incrementar su acercamiento con los países árabes. Ese año, se entrevistó con el líder libio y le explicó su plan golpista. Gadafi prometió a De Meer una importante cantidad de dinero para la realización de su empresa.

 

Claire Gruié

Claire Gruié, francesa afincada en Madrid desde hace 20 años. Docente del idioma francés. Se interesa en la "revelación de los últimos tiempos" intentando desvelar las verdades ocultas al público y exponer las mentiras, sobre todo, en el ámbito eclesiástico. Colabora con el periódico digital ÑTV España donde escribe artículos desde septiembre del 2021.

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