La nueva Casta y los nuevos «grandes» de España

La etapa que comienza en la España contemporánea, la definiré como sanchismo. Este neologismo que me permito acuñar para el nuevo socialismo, no es más que un epíteto con el que poder relacionar las similitudes de aquel viejo socialismo, el sufrido por nuestros antepasados en el siglo XX, más concretamente en la década de los 30 y que definiré como caballerista.

Es curiosa la forma de acceder al poder del socialismo desde su origen; siempre ha estado postulado por una ideología revolucionaria y una supuesta amenaza reaccionaria o fascista inexistente. Sus coaliciones postuladas en puntuales pero necesarios e imperantes pactos logísticos, no son más que una forma de hegemonía o permanencia en el mismo.

Sus socios de gobierno, socios y colaboradores necesarios en esta religión, esta secta, con una inmensa pluralidad de dogmas, pues la diversidad de ideologías de sus miembros obliga e hipoteca a las restantes, son los cimientos o pilares de esas normas, esos dogmas, que tendremos que acatar y obedecer durante los próximos 4 años.

Son una vulgar dictadura amable y silenciosa, pues además de ser gobiernos totalitarios por su espíritu y carácter ideológico, con un régimen laicoteocrático, donde las leyes y normas se crean o legislan adaptándolas a su nociva ideología, asesinan a Montesquieu, siendo los dueños y señores del poder judicial y también la libertad de prensa, secuestrando ese cuarto poder que definiré como los medios de comunicación.

Su ideología es el sueño o utopía de cualquier niñato recién egresado de esas mezquitas o parroquias en las que adoctrinan las conciencias virginales dándoles un llamativo color rojo cereza. Buscando siempre ese acercamiento de las masas, un colectivo, este último, sin conciencia ni color definido lo que las convierte en manipulables al extremo.

Una utopía que les sumerge en una realidad paralela, una realidad de ficción, es decir, una invención o leyenda, vulgar soflama o falacia que repiten constantemente para elevarla del vulgar y mero embuste a verdad absoluta.

Recordando las respuestas de uno de estos nuevos grandes de España, el portavoz en el Congreso de los diputados en representación del PNV, ese vulgar recogenueces, señor Aitor Esteban, a las preguntas del reportero de turno, dejando muy clarito que no importan las formas, para llegar a conseguir esos objetivos personales y particularistas. Retratándose en la fatuidad más rastrera, satirizando unas veces e ironizando otras, como el caso que nos ocupa, la supuesta inferioridad moral de su disidencia natural y generalizada.

Si no he interpretado mal sus respuestas son una justificación del delito de prevaricación del sanchismo y sus socios de gobierno. Me explico, cuando le preguntan por el nombramiento de Dolores Delgado como nuevo fiscal general, reconoce que no es ético y muy descarado, además de ilegal por ser un delito de prevaricación o abuso de poder. Pero es un acto de defensa contra esa amenaza fascista del PP y VOX de hacer una antagónica y beligerante oposición, por otro lado legítima y legal por medio de la ley, con lo que queda evidenciado con total claridad por su elocuencia, lo expuesto en esta reflexión por su autor y firmante.

Este último párrafo hace referencia a ese atrevimiento por mi parte de atribuirme una patente de corso y exponer mi opinión personal a modo de hipótesis o reflexión, diciendo lo que me viene en gana, con una subjetividad sólo atada por ese hilo de subjetividad que llevamos en nuestro ADN cada cual. Una opinión que puede gustar más o gustar menos, pero creo certera en extremo y tan lícita y válida como cualquier otra, amparándome siempre en ese derecho que tenemos todas las personas sin excepción, que es el de la libertad de expresión.

Es curioso, antitético, cuanto menos contradictorio o paradójico que la nueva nobleza, los nuevos grandes de España sean todos aquellos que la quieren destruir.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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