La muerte no es el final

El hombre, en genérico, tiene varios períodos a lo largo de su vida, uno de educación, otro de formación, otro de especialización, otro de desarrollo de una actividad productiva y, finalmente, otro de descanso y solazar hasta el final de sus días.
Los tiempos de unos y otros son diferentes en función de los caminos que cada persona siga, pero el que siempre tiene la más larga duración es el productivo, aquel en el que, con el desarrollo de nuestro trabajo, mantenemos la actividad económica, el desarrollo social, el sostén de las prestaciones básicas del resto de ciudadanos y con el que cumplimos con la retribución de los que trabajaron antes que nosotros para mantener la sociedad.
Del mismo modo que nuestros padres nos dieron la vida, nos cuidaron y, perdón por lo escatológico, nos limpiaron el culo, cuando ellos llegan al estadío de necesitar nuestra ayuda, estamos obligados, al menos moralmente, a limpiarles el culo. Pues bien, del mismo modo, cuando alcanzan la jubilación, los que seguimos produciendo, debemos de procurarles las mejores prestaciones como retribución a lo hecho por ellos en su momento.
Parecería un planteamiento lógico, coherente y moralmente admisible por cualquier persona, cualquier ideología, cualquier sociedad justa y éticamente avanzada.
Lo que pareciere es válido, digno, respetable, objeto de protección y de lucha para su consecución, se silencia, se oculta, se desprecia, se omite e incluso se pretende acallar cuando se refiere a personas que estuvieron durante mucho tiempo (35, 40, 50 años) defendiendo los derechos de los demás, fueron aquellos que redactaron las demandas con las que se obtuvieron las diferentes protecciones del resto, aquellos que fueron despreciados o perseguidos por enfrentarse a una institución, a un juez, a una empresa, a… quienes cerceneban los derechos de los demás para, ahora, cuando llegan al final, su Mutualidad, sus políticos, su sistema, les dicen que con 40 años de cotización cobrarán 400 € al mes, por lo que es evidente que la sociedad que los usó los desprecia cuando ya no son útiles.
Se queja usted pero la culpa es de una Mutualidad creada por ustedes, eso es cierto, pero se oculta que dichas mutuas se construyeron ante la quiebra de la Seguridad Social que no podía sustentar las pensiones y que se nos obligó a los profesionales a cotizar en ellas sin posibilidad de hacerlo en la Seguridad Social, para permitirlo muchos años atrás perdiendo lo aportado; es decir, nos metimos en un sistema que daba solución al Estado del que algunos se han aprovechado con lucros y operaciones que, cuando se han realizado por los Bancos, ha merecido el reproche oportuno y la actuación pública inmediata, para ahora, cuando las mutuas no dan la respuesta adecuada, dejar en el máximo de los abandonos a los que en ellas fueron atrapados.
Hay plataformas sociales que han luchado contra los bancos en favor de los hipotecados, en favor de los preferentistas, en contra de los desahucios, en favor de los pensionistas por una pensión digna, pero ninguna, hasta el presente, por la dignidad de los profesionales atrapados por las Mutualidades a los que se abandona por una sociedad que les exigió luchar hasta el juicio final y, al final, les desprecia y desampara.
Acabamos de observar diferentes huelgas salariales de los funcionarios, de los Letrados de la Administración de Justicia, de los Jueces, para poder lucrar 400€ más al mes y los hemos apoyado, pues nos parecían reclamaciones justas, pese a perjudicarnos en nuestros emolumentos, pero no he escuchado a nadie defender que la pensión del profesional lucre una pensión digna, sí he podido ver la réplica a nuestra reclamación por parte de algún dirigente sindical de Justicia que nos desprecia y echa en cara que si estamos así es por nuestra culpa…. ¡Viva la empatía, el respeto y la comprensión! ¡Muchas Gracias!
Si la lucha se centra en la pensión de jubilación, no quiero siquiera señalar cómo quedan las pensiones de viudedad o de orfandad, de modo que si tenemos que seguir luchando en vida, debes de pensar que has de luchar también después.
Mientras observamos esta situación, nuestros políticos (algunos de ellos vergonzosamente jactándose de juristas) buscando la forma de alcanzar el poder vendiendo su alma, si es preciso, y/o buscando sus posiciones, mientras desprecian las necesidades de los “perritos sin alma” que es lo que somos TODOS los ciudadanos para ellos.

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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