La Memoria “Democrática” lava la cara al Marxismo Criminal

Querido lector, en el título del artículo sobra un adjetivo. ¿Cuál es? El de criminal. ¿Por qué? Porque cuando se habla del nazismo no hace falta añadir el adjetivo criminal. Lo lleva implícito ya que todo nazismo es criminal. Lo mismo ocurre con el marxismo pues es una ideología criminal. La evidencia científica lo demuestra: ha habido en el mundo una treintena de gobiernos que han implantado esa ideología, que a continuación se ha plasmado en regímenes comunistas, todos los cuales han sido y son dictatoriales, policíacos y criminales.

Algunos pretenden, ingenuamente separar la ideología marxista del comunismo y de sus crímenes, pero eso lo único que demuestra es su desconocimiento de lo que es realmente el marxismo.

Si acudimos al Manifiesto Comunista de 1848 vemos que dice literalmente que el objetivo es “ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado… Esto sólo podrá llevarse a cabo mediante una acción despótica sobre la propiedad y el régimen burgués de producción». Obviamente, esa acción “despótica” conlleva la violencia, que todos los regímenes comunistas han utilizado, asesinando, en muchos casos, a los propietarios tanto durante el despojo como después para que no volvieran a tener la osadía de pretender reclamar la propiedad que tenían.

Y por si no hubiera quedado claro el Manifiesto concluye diciendo “Finalmente, los comunistas no tienen por qué guardar encubiertas sus ideas e intenciones. Abiertamente declaran que sus objetivos solo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente” Violencia que lleva a la criminalidad más terrible, causante de al menos cinco veces más víctimas que el nazismo

El propio Marx en la primavera de 1848 dedicó parte de la herencia recibida de su padre para comprar armas para los trabajadores belgas en 1848, motivo por el cual tuvo que huir de Bélgica. Igualmente, su compañero Engels, a principios de 1849, participó en Alemania en acciones armadas contra el ejército prusiano.

Por si quedaran dudas cabe recordar las discrepancias de Marx con el pensador anarquista Proudhon que había escrito un libro ¿Qué es la propiedad?, publicado en 1840, en el cual se anticipó a Marx en llamar a la relación capital trabajo una “explotación del homb.re por el hombre”. Sostuvo asimismo que “la propiedad es un robo” Sin embargo discrepó con Marx, aun antes de que este hubiese publicado El Manifiesto, ya que Marx propugnaba el uso de la violencia. Así, en carta de mayo de 1846 le escribió “Querido Sr. Marx, …no nos convirtamos en los jefes de una nueva intolerancia”, dando lugar a que Marx lo ridiculizara por su pacifismo (que, lamentablemente, no adoptaron los anarquistas españoles ni antes ni durante la Guerra Civil)

A ello hay que añadir que en 1852, Marx, en carta privada, había anunciado a su amigo Weydemeyer, que “la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado”. Después, en 1875, Marx en su “Crítica del programa de Gotha”, escribía “Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria… que no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado”. Sin embargo, esta obra sólo fue publicada por Engels, en 1891, ocho años después de la muerte de Marx, porque ni uno ni otro tenían prisa en que se conociera adónde iba a llevar la violencia marxista.

En suma, el marxismo es inequívocamente una ideología criminal, un lobo que pretende ocultarse bajo piel de cordero y engaña a muchos.

Hay también quienes argumentan que Gramsci o la Escuela de Frankfurt no han propugnado el uso directo de métodos violentos.  Sin embargo, lo que hay que preguntarse es si Gramsci y los miembros de esa tan nombrada Escuela eran realmente seguidores de Marx y Engels. La respuesta es rotunda: no eran marxistas, aunque se subieron como muchos otros al carro del marxismo intelectual, y no tuvieron el valor de decir que consideraban erradas las tesis violentas de Marx para llegar al poder, que Lenin había aplicado sin que le temblara el pulso.

Cabe también resaltar que la propia China comunista tampoco ha reconocido explícitamente haber abandonado las ideas centrales de Marx, aunque desde 1978 inició un proceso de introducción del mercado libre, iniciativa y propiedad privada que le ha dado muy buenos resultados. Lo que ocurre es que con esa actitud ha tirado totalmente a la basura las ideas de El Capital que es la gran Biblia marxista.

Por todo ello no cabe tener tapujos para afirmar, y explicar a quién no lo entienda, que el marxismo es una ideología equivocada y criminal. Por cierto, que esto fue también un fallo del régimen de Franco por no haberse dado cuenta de que, en el proceso de reconstrucción posterior a la guerra civil, se debía haber enseñado a los españoles que el marxismo era una ideología criminal que fue en gran medida la inductora del golpe de estado de 1934 y de la posterior guerra civil. También habría sido conveniente enfatizar que ni la URSS ni los países de Europa del Este eran modelos que valiese la pena imitar.

La triste realidad no sólo ocurre en España, sino también en muchas Universidades de países democráticos en las que sigue siendo muy bien considerado, en particular en las Facultades de Ciencias Políticas y Sociología, que los profesores aplaudan y promuevan el valor de la ideología marxista. ¿Cómo puede seguir manteniéndose esta mentira cuando ya hace más de 170 años que se publicó el Manifiesto Comunista y cuando son evidentes las realidades criminales de los regímenes comunistas?

La ley de Memoria Histórica, y ahora la ley de Memoria Democrática en curso de aprobación, no hacen otra cosa que contribuir a ello, salvando la cara al marxismo en España, con su pretensión de echar toda la culpa y daños de la Guerra Civil al lado de los alzados, al denostado franquismo mientras que Largo Caballero y Negrín, que nunca repudiaron a Stalin, como tampoco lo hicieron Rafael Alberti ni Pablo Neruda, eran unos demócratas pacíficos y bondadosos. La ley de Memoria Histórica se cargó la Transición española que se basó en un planteamiento de Reconciliación. Ahora la Memoria Democrática pretende insistir en ello.

El gran problema de la derecha, y del socialismo no marxista, es que, con carácter general, aún no se han dado cuenta de que si queremos lograr la convivencia democrática que propugna nuestra Constitución, hay que basarse en la verdad lo que exige tomar como eje estratégico la denuncia del marxismo, que es la Gran Mentira de los siglos XIX, XX y aún del XXI. Tras la aprobación por Zapatero en 2007 de la ley de Memoria Histórica, Rajoy no supo, en 2011, con su mayoría absoluta, derogarla inmediatamente. Ahora el PSOE de Pedro Sánchez, con el apoyo de los marxistas (Podemos) y de los representantes del terrorismo marxista etarra (Bildu), va a aprobar el próximo 14 de julio la ley de Memoria Democrática, agravando aún más la confrontación guerra civilista y tal vez derribando la gran Cruz del Valle de los Caídos.

No nos engañemos. Mientras se siga sin denunciar el indiscutible carácter criminal del marxismo, la izquierda marxista seguirá presumiendo de “superioridad moral” ante la actitud cabizbaja de los no marxistas, socialistas incluidos, pues conviene recordar que el propio PSOE de Felipe González en 1979 eliminó al marxismo del ideario del partido.

Las cartas están echadas y solo queda una opción: entender claramente qué es el marxismo y hacer una intensa labor pedagógica, más vale tarde que nunca, para explicar que es una ideología criminal que ha causado más muertes que el nazismo. Asimismo, hay que avisar a Sánchez de que tras derrotarle en las próximas elecciones generales se derogarán de inmediato tanto la ley de Memoria Histórica como la de Memoria Democrática y que, de momento como gesto anticipado, se van a derogar, donde se cuente con apoyo suficiente, las leyes de Memoria Histórica que existan en las Comunidades Autónomas como por ejemplo ocurre en Andalucía que tiene su propia Ley de Memoria Histórica y Democrática, aprobada en 2017.

Ha llegado la hora de decirle a Sánchez y a los partidarios del aplauso al totalitarismo marxista, que este tema ideológico se va a poner sobre la mesa del debate y que se va a pedir a los españoles que lo tengan muy en cuenta a la hora de votar, porque las Memorias Histórica y Democrática son instrumentos que, en vez de la concordia y la solidaridad, promueven la confrontación, mediante la mentira y la interpretación sesgada de la historia. No, “doctor” Sánchez, los españoles no queremos eso.

 

Enrique Miguel Sánchez Motos

Administrador Civil del Estado. Autor del libro “Historia del Comunismo. De Marx a Gorbachov, el camino rojo del Marxismo”

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