La libertad que podemos perder

Un inmenso aura de pesimismo inunda mi extrovertido y empático carácter, está continua, injustificada e inmerecida persecución que sufre hoy el votante potencial de Vox en España, es el fruto de un sector de la sociedad preso de una ideología que sus regresionistas líderes nos quieren implantar o imponer como forma de vida. Es la mayor de las desigualdades, la mayor de las injusticias y en lógica consecuencia una carencia total de las libertades.

Personalmente reconozco que unos pocos visionarios y adelantados a su tiempo, profetizaron hace tiempo los graves daños que supone la polarización ideológica a que está sometida la sociedad española, con las pseudopolíticas sociales del pseudoprogreso o progresía de izquierdas y esa oligarquía y caciquismo de ese pseudo centroderecha o derecha de postureo que lo único que defiende es la lucha de los despachos y los sillones.

Es triste reconocer que en lo que cualquier país del mundo se consideraría como un orgullo, es decir, gritar al cielo lo orgulloso de ser o pertenecer a algo o a alguien, aquí en España, es causa o motivo para tu descalificación y demonización por parte de los apátridas ideológicos o simplemente por ese sector o turba de soñadores y utopistas cuyo único objetivo en sus razias es el pillaje y el botín, cual vulgares y simples anarquistas o amigos de lo ajeno.

Por un lado están esos parásitos mantenidos, los conocidos como nacionalismos periféricos o particularistas, compuestos por vulgares personajes y monopolizados en una turba de envidiosos y egoístas golpistas, los cuales, explotando su pseudo victimismo, han conseguido ganar en todos los campos o ámbitos una guerra que sólo perdieron en lo bélico, y que a día de hoy reflejan en sus actos y exigencias contra la vida de ese sector de la sociedad disidente, el honrado y decente, sumido en una agonía déspota y cruel cuyo final es esa puntilla consistente en la fragmentación y posterior destrucción de la unidad de la última.

Y por otro lado, está ese marxismo, antes en la sombra, ahora hegemónico y dispuesto a convertir España o los muchos reinos o pedacitos de taifas que conforman su proyecto ideológico, en un imperialismo o colonialismo estructurado al más puro estilo o modelo anglosajón, donde las construcciones principales o relevantes serán las lonjas de esclavos y los bancos.

Sin olvidar a esa pseudo derecha compuesta principalmente por el PP, que con su sumisa aquiescencia moral, hacia la superioridad moral, cultural, histórica, social… que exhibe la progresía de izquierda y sus socios en el despropósito de gobierno en funciones que padecemos, se convierten en sus mejores aliados, por su carácter de colaboración y complicidad.

La solución para España es un cambio, una transición radical en sus políticas, unas políticas que se adapten a las leyes y no al contrario. La lucha de clases, dictadura del proletariado, o políticas marxistas, no son más que pura esclavitud, haciendo apología de pseudo políticas sociales que desquician la economía de cualquier país y no ayudan a mejorar en nada la calidad de vida del humilde u obrero.

Por otro lado, la lucha de despachos y sillones que fomenta la pseudo derecha, no es más que una descarada apología de la prevaricación y la corrupción, por lo que se deduce que tampoco ayuda a mejorar al humilde u obrero, lo cual nos lleva a la única opción posible y viable; la solución para nuestra nación, se basa o debería de cimentarse, en la unidad de la misma y partiendo de estos sólidos y fuertes pilares o cimientos construir un proyecto que se estructure en una sana y verdadera igualdad, que no es otra que la que se sustenta en la justicia, con lo que se conseguiría de forma automática la verdadera libertad, para la sana convivencia de una sociedad plural y progresista de verdad, no sólo de boca pequeña, es decir, en esos discursos populistas, demagógicos y buenistas de la corrección política, sino en la práctica y en los hechos.

Sé que la mayoría de mi disidencia, la correcta, la que expresa sus opiniones a estos mis pensamientos en forma de críticas constructivas y siempre postuladas en el respeto mutuo, estos, mis escritos, les parecerán algo cimentado en un visceral odio y rencor, para nada es así, están postulados en un intenso o visceral eufemismo, en una inmensa y descarada moderación.

Pues me voy a reiterar en mi carácter pragmático, y no paradigmático, mi trabajo no intenta convencer ni imponer unas ideas, sino que tiene una misión principal, que es el desahogo de mi conciencia y alma, es decir, del conjunto de mi persona y por otro lado el de proponer o incentivar a la reflexión, con creo, una argumentación estudiada y muy digna y una prosa medianamente aceptable.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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