La ignorancia tiene nombre de ministra

Sería caer en perogrullo el explicar que desde que nos gobierna un nuevo frente popular no se aplica el derecho penal del hecho, sino el derecho penal de autor. Es decir, no se penan los hechos delictivos, sino las cualidades de las personas: «el qué o quiénes somos».

Se crea una crisálida, una metamorfosis completa, aplicando las normas de facto y de forma arbitraria, interpretándolas desde unas posturas ideológicas concretas o lo que vulgarmente conocemos como pensamiento único, característica principal de la corrección política, para que se de una nueva realidad o situación.

Lo que expongo en los párrafos anteriores lo justifican los mismos que legislan o crean esas leyes dictatoriales absurdas, totalitarias y sobretodo antidemocráticas, del todo inconstitucionales.

Leyes como la de Memoria Histórica, la cual no admite disidencia, si piensas diferente, se te castigará aplicando el derecho penal de autor, y de una forma coercitiva, punitiva y visceral. Postulada en el totalitarismo más rastrero, descarado y confeso, privándote de tu dinero y en algunos casos de tu libertad.

El caso más claro se da por el ingenuo pero real analfabetismo de la nobel ministra de igualdad Irene Montero, queriendo suprimir con una de estas leyes ideológicas y arbitrarias la diferenciación entre abuso y violación. Como digo, Montero no es más que una analfabeta integral que estuvo en el lugar indicado en el momento oportuno.

Según el convenio de Estambul, «se considera violación todo acto sexual no consentido». Algo que en España se cumple a rajatabla. Los que no cumplen ni respetan dicho convenio son los progres y totalitarios como ella, cuando sólo penalizan a los hombres que agreden sexualmente a sus mujeres. Es decir, se penaliza el derecho penal de autor. Dicho de otra forma se penaliza quién o qué eres, no el delito en cuestión. Y en este sentido el convenio de Estambul es muy claro, «No se podrán agravar las penas en función del sexo de las personas».

El «sólo si es si», es algo anticonstitucional, porque atenta directamente contra la presunción de inocencia, ya que esta aseveración, este eslogan, esta frase hecha, deja claro que a las denunciantes hay que creerlas siempre. Es decir, se puede acusar gratuitamente, ya que tendrá que ser la víctima la que tenga que demostrar su inocencia y no al revés.

Este pseudofeminismo es una forma de vida que se han creado estos analfabetos totalitarios, meros ciudadanos subvencionados por el resto de la sociedad. Vulgar ideología, una realidad paralela, una utopía anhelada que está turba de analfabetos e incapaces utilizan como excusa para incrementar sus cuentas corrientes.

En mi opinión, lo más desafortunado de esa verborrea vomitiva salida por la boca de la friki de moda, la señora Irene Montero, ha sido «Sola y borracha quiero llegar a casa». En mi opinión, es paradójico y contradictorio con lo que se supone nos quiere dar a entender o sugerir, pues con este eslogan deja claro que fue abuso y no violación.

Por un lado, más que un oxímoron o paradigma pragmático, es paradójico y contradictorio, pues si no me equivoco, esto se debe a la sentencia de la manada de Pamplona. Personalmente pienso que no fue violación, sino, como muy bien sentenciaron los jueces del caso, fue abuso. Un abuso con penas más altas a mi forma de ver que las que les han aplicado en ese cambio de opinión, por una presión progresista y de un sector de nuestra sociedad.

Esto deja claro, que los socialcomunistas que nos gobiernan, no piensan resucitar a Montesquieu, postulándose como vulgares prevaricadores y totalitarios y que la gravedad del delito no es proporcional a la pena impuesta.

Me explico, creo que no se ha podido demostrar la negativa de la víctima ante el flagrante delito. Por lo que en mi humilde y modesta opinión, no puede tildarse ni definirse como violación. Pero sí como abuso. Un abuso, con premeditación y alevosía. Si no me falla la memoria, uno de los integrantes de esta famosa manada, era guardia civil y otro pertenecía a nuestro ejército.

Estas dos personas cuando son admitidos en estos sagrados, decentes y nobles cuerpos, juran ayudar a los demás, no abusar de la pérdida de facultades psíquicas y físicas de sus ahora conocidas víctimas. Por lo que si fuera por mí, tendrían cadena perpetua.

La cuestión, parábola o moraleja de este escrito es el de que las injusticias no se pueden arreglar con más injusticia, sino aplicando el sentido común de una justicia igualitaria que nos haga verdaderamente libres y no presos ideológicos de esta turba de analfabetos ideológicos que tenemos como gobierno.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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