La ideología de la mentira. La legalidad de la mentira

El mejicano Armando Manzanero compuso una canción un poco extraña, se titula “La mentira” pero en ningún momento de la canción se pronuncia esta palabra. El título secundario es “Se te olvida”. Hermosísima canción si se quiere entender bien. Y es que en su época, los años 60, esa palabra “mentira” tenía muy mala prensa. Pero, ahora, todo ha cambiado.

La fuerza moral que condenaba la maldad del acto de mentir y que sostenía a las sociedades integradas por personas honestas en todos los países civilizados, actualmente se ha ido diluyendo en la sociedad occidental como la hiel en el agua. Desgraciadamente un día, algunos tendréis que beberla inesperadamente.

Hemos aprendido a convivir con ella con cobarde aceptación. La mentira forma parte de nuestra vida cotidiana. Afearla es coartad la libertad de expresión y pensamiento. La mentira es una parte fundamental de una ideología corrosiva.

En los juzgados se dice que el acusado o acusada tiene DERECHO a mentir.

En España, cualquier mujer tiene DERECHO a MENTIR a las autoridades policiales al hacer la PRIMERA denuncia falsa, la segunda, ya no. La consecuencia de esa mentira es el encarcelamiento inmediato del denunciado. La actual ley les permite cobrar la paga del Gobierno como mujer maltratada incluso si la denuncia es falsa. (Esto demuestra que las españolas son mucho más honestas que sus gobernantas, puesto que estas ya habrían hecho la denuncia contra su marido).

Según la resolución del 2 de diciembre de 2021, de la Secretaría de Estado de Igualdad y contra la Violencia de Género, aquellas mujeres cuya orden de protección les fue retirada porque el acusado fue “absuelto” o bien no se demostró la existencia de la violencia, también serán víctimas de violencia de género. (…Y… por lo tanto, – tal vez debiera decir “por lo tonto”- tendrá derecho a la codiciada paga de 426 €)

La ley ha sustituido a la sensatez y la moral. Cuando la Ley la hace una ideología y no la inteligencia, es injustamente arbitraria.

Mentir no tiene consecuencias sociales. La gente piensa: “Yo digo eso porque me conviene. No es una mentira, es MI interpretación. Hago lo correcto porque defiendo mis intereses. Todos harían lo mismo.”

La gente miente sin pudor ni rubor todos los días. Mienten al decir: “Ayer no vine porque ingresaron a mi madre en el hospital” o “Perdona, creí que ya te lo había pagado” o “Para que te aprueben el préstamo tienes que contratar dos seguros de vida, tarjeta a débito y crédito y comprar unas cacerolas que ofrece el banco” o “Perdona, no te había visto, creí que me tocaba a mí”. En todos estos casos, que hubiesen sido fuertemente afeados por una sociedad que valorara la honestidad por encima de todo, en todos estos casos, digo, hay un elevadísimo porcentaje de personas que actualmente ven meritoria la utilización de la mentira para vencer, ocultar o ganar pequeñas cantidades de dinero. Sin embargo, para sentirse bien, critican al que se lleva mucho dinero mintiendo.

La mentira está considerada como parte corrosiva del ser humano en todas las sociedades ancestrales y en todas las religiones. Cuando no existían las leyes, las religiones se encargaban de establecer pilares sociales de justicia. Pero hay una ideología a la que le molestan mucho las religiones porque le impiden hacer uso y difundir la mentira como instrumento para el desarrollo personal. También le molestan las personas honestas y honradas porque pueden convertirse en personas dignas de crédito. No puedo creer que en España no queden personas así.

Si nuestros gobernantes mienten, los mentirosos se sienten legitimados y los tontos se sienten inteligentes, engañando a los inteligentes.

Mientras no denunciemos públicamente a los mentirosos, afeemos gravemente su conducta y, por el contrario, premiemos ostentosamente la honestidad y la verdad no contaminada, esta sociedad va a continuar hundiéndose en la miseria moral hasta crear su propio infierno.

En las próximas elecciones, no votes a un mentiroso. Saldrás perdiendo. Otra vez.

José Enrique Catalá

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Especialista en Hª Medieval. Profesor. Autor del libro: Glosario Universitario.

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