La España asesinada (1): la supervivencia de un pueblo en la España profunda

Los políticos mentirosos nos intentan engañar diciendo que los pueblos gozamos de los mismos adelantos que las capitales.

Por José Arasco Pérez.- Desde hace un tiempo a nuestros inteligentes políticos les ha dado por llamar, a esas zonas de España deshabitadas como «la España Vaciada», de la cual un ejemplo destacado es Aragón. El título que dan los politiquillos a esta España tuvieron que discurrirlo mucho, para que no sonase a crimen con premeditación y alevosía, por eso no se me ha hecho muy difícil calificarla como Asesinada.

Nací, viví y, si Dios así lo dispone, espero terminar mis días aquí, un pueblo muy pequeñico de la provincia de Zaragoza, uno de los asesinados, al igual que otros cientos de la provincia, cientos en el resto de Aragón y miles a lo largo de la geografía española. A estas alturas ya comienzan, algunos de nuestros eminentes políticos, a darse cuenta del crimen cometido y han pensado en poner paz a sus mentes retorcidas, pero han visto que ya es tarde para intentar algo que tiene difícil arreglo y se dan cuenta de que, para gastar dinero e inversiones en esos pueblos, lo tendrían que quitar de otros lugares más grandes donde, a la larga, ese dinero y esas inversiones les rentarían más votos a la hora de unas elecciones.

Esto aclara de una vez por todas el porqué del crimen que han cometido. Actualmente tienen muy fácil sacar excusas y problemas que preocupan mucho a estas mentes retorcidas: por un lado están los catalanes, tema que a los españoles de a pie nos tiene más que hartos porque desde que España entró a ser un país ―según dicen ellos― democrático, no hemos oído más temas que los problemas de los catalanes, que se llaman pobres, pero en realidad son unos usureros para los que lo de ellos es suyo y lo del resto de los españoles tiene que ser a medias, es decir, un auténtico comunismo radical al gusto de la izquierda de las dos repúblicas españolas que tanto daño hicieron a esta Nación. Por otro lado, están intentando ganarle a Franco la guerra que ya perdieron y que es parte de una historia que ya no tiene marcha atrás. Están haciendo una guerra rastrera, sucia, traicionera y que viola todos los derechos del individuo que tanto presumen defender, una auténtica dictadura con la que los españoles honrados tendremos que convivir o repetir el 36, como quiere la izquierda, convencida de que ganarían, y, como decía mi padre ―que estuvo el 36―, en una Guerra Civil solo hay perdedores.

Volviendo al tema que hemos empezado, tendremos que volver a 1958 y aunque las comparaciones sean odiosas, este tema de los municipios muertos nos obliga a hacerlas para después sacar las conclusiones.

Empezaré por situar la acción en un municipio como éste que, hace 60 años, tenía alrededor de 500 habitantes, con su panadería, sus tres ultramarinos, dos carnicerías, casino, un bar, veterinario, y los  principales: un sacerdote, dos maestros, un practicante-peluquero y un médico. Como puede verse, se podía vivir sin salir del pueblo y si era imprescindible salir había autobús a Zaragoza a diario. Para los dos servicios imprescindibles ―médico y practicante― se pagaba una iguala insignificante por número de personas en cada casa y mes, es decir se disponía de médico en el momento que se necesitaba. Hoy día se basan en que somos pocos habitantes, tenemos de 3 a 4 horas de médico a la semana, pagamos un seguro durante toda nuestra vida activa y un montón de impuestos para no estar atendidos. Si por desgracia te toca ir a urgencias, o tienes que llevar un seguimiento, cada consulta nos cuesta, a los residentes en el pueblo, los 30 euros de coche para desplazarnos a Zaragoza, además de tener unas carreteras dignas del África más profunda, mientras los que residen en la capital, con los mismos impuestos, el tranvía o autobús les puede costar 1,35 euros. Creo que se ve muy claro el por qué los residentes en el pueblo escapan a la más mínima oportunidad, y qué joven va a animarse a vivir en el pueblo, o más difícil todavía, a volver para trabajar.

Hace 60 años, el campo no tenía los avances que tiene hoy, porque los trabajos exigían más mano de obra, y estos adelantos quizás fueron una de las causas del tránsito a la capital. El campo era objeto principal de la vigilancia del Gobierno ya que era uno de los pilares de la economía nacional, así que los precios de los productos agrarios estaban regulados y siempre se podían defender mejor los productos obtenidos del trabajo diario. Hoy el campo lo maneja Bruselas y a los europeos lo único que les interesa es que la agricultura española no levante cabeza, ya que produciría, gracias a nuestro sol, mucha más calidad que el resto de Europa.

También los políticos mentirosos ahora nos intentan engañar diciendo que los pueblos gozamos de los mismos adelantos que las capitales, cuando la única verdad es que para disponer de adelantos como es Internet, pagamos más que en las ciudades por disponer solo de un proveedor del servicio que, además de aprovechar la situación en el precio del servicio, no recibimos ni la calidad ni la rapidez, por no hablar de cortes continuos. Las reclamaciones no llegan nunca a buen fin: llamas para reclamar y para poder hablar con una persona, y es prácticamente imposible, ya que hablas con un ordenador que te puede provocar un ataque de nervios.

Si nos ponemos a hablar del entretenimiento, al estar tan pocos vecinos y mayores, nos queda el recurso de la TV. Este recurso, si puede llamarse así, hoy día solo sirve para los de izquierdas, que tienen todas las cadenas en su poder, por lo que la televisión se ha convertido en un medio para dar salida a la publicidad comercial, y para lavar el cerebro con la ideología izquierdista.

Ya sean las cadenas podemitas ―o, dicho de otra forma, comunistas―, al final todas las cadenas son iguales: concursos que regalan dinero de nuestros impuestos, programas obscenos, telenovelas de producción casera de quinta división, películas que rayan la pornografía, repletas de violencia y mal gusto por el lenguaje soez y asqueroso que utilizan, algo muy frecuente en la gentuza que está detrás. Esto es lo que reserva un día de televisión, aprovechándose de la falta de cultura de los televidentes.

Por no funcionar, no funciona ni siquiera el clero. Con burdas mentiras hasta se han llevado de nuestras parroquias los archivos donde está reflejado nuestro historial religioso, con nuestros nacimientos, bodas, entierros y cualquier hecho memorable que, como son hechos religiosos, significan una gran parte de nuestro tiempo. Los archivos se los han llevado a la sede de la diócesis y si queremos algo nos tenemos que desplazar 90 kilómetros, además de pagar una tasa por la consulta. Lo mires por donde lo mires, hasta los curas nos abandonan.

CONTINUARÁ

Redacción

Digital de Información y Opinión de derecha

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