LA ECOLOGÍA SANDÍA

Los ganaderos y los agricultores están indignados y muy preocupados por el desarrollo que tendrá la Política Agraria Común, tras las reformas –yo diría recortes- que se prevén para el periodo 2021-2027. Por lo pronto, el presente año se puede dar por vencido y no se vislumbran acuerdos ni consensos a corto plazo.

Un espíritu ecologista radical está salpicando todas las iniciativas y directrices comunitarias, de obligatorio cumplimiento para los países miembros de la Unión Europea, como es bien sabido. Un aroma de progresía sandia, verde por fuera y roja por dentro, impregna todas las políticas que se vienen aprobando y publicando. No hay sector económico ni social que no se vea afectado por este puritanismo medioambiental, tan indolente con las gentes que viven en y del medio rural. Llega a ser verdaderamente irritante, cansino y fastidioso. En poco tiempo veremos como se impulsan leyes que protejan al escarabajo pelotero, al saltamontes pardo, a la sanguijuela, o a cualquier otro tipo de filo anélido. La cuestión alcanza cotas verdaderamente hilarantes y extremadamente ridículas.

Hay que tener suma prudencia con eso del lenguaje inclusivo a la hora de nombrar a los insectos. Cuidado con las mariquitas, que también se llaman conchuelas o catarinas, no vaya a ser que a algún iluminado le parezca homófoba la denominación. Como ahora no se estudia latín, pues claro, nadie sabe su nombre verdadero, coccinellidae, insecto del Orden coleópteros de la familia Cucujoidea. Es decir, para los de la ESO y la futura ley de educación, la LOMLOE, bicho naranja con puntitos negros, que por cierto, vuela. Queridos lectores “cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras”, que dijera Alonso Quijano –Don Quijote, para los de la ESO-. Cuanta estupidez galopante y desmelenada hay que aguantar.

Sin embargo dudo mucho que la condición religiosa de la mantis, por razones obvias dado su apellido y de otras denominaciones que tiene, santateresa o tatadiós, se quedará huérfana de protección por parte de estos amantes del arco iris, aunque tampoco sepan de qué fenómeno estamos hablando. No obstante, aprovechando el absurdo, quiero denunciar públicamente que me siento maltratado, que el lenguaje sexista empleado con algunos insectos me ofende. Me refiero concretamente a la denominación peyorativa que recibe el macho de las abejas, ZAN-GA-NO. Creo que debería recoger firmas para exigir una iniciativa parlamentaria que ampare a los varones ante tamaño atropello. Como decía mi padre: “para mear y no echar gota”. No me digan ustedes que la cosa no tiene guasa.

Padezco de un tipo de daltonismo político, la deuteranopia, pues donde veo verde veo rojo. Lo confieso sin rubor ni pretensión alguna de ofender, pero sí con una fina ironía sobre la ecología estridente y grandilocuente exhibida desde la izquierda más sectaria que pueda recordar. Claro que me preocupa el crecimiento insostenible y el desarrollo sostenible; por supuesto que creo que el medioambiente está gravemente amenazado por la depredación humana; por descontado que defiendo que el cambio climático no es ningún invento, sino una trágica y terrible realidad;  ni que decir tiene que el presente y el futuro de la vida de muchas especies, vegetales y animales, se encuentra seriamente comprometida. Faltaría más, solamente un necio puede negar la evidencia sobre el particular y, por cierto, de este género también hay unos cuantos obtusos de mente, aunque en honor a la verdad, escaseen en el diario acontecer y en el suelo patrio.

Incendios, sequía, inundaciones,… muchas son la señales que disparan las alarmas en un escenario tan castigado y degradado como es el medio natural y el medio rural. Pero hay que ser serios y comprometidos con la realidad. La fuerza impositiva de esta epidemia ecologista pone en grave riesgo la actividad del sector agroganadero y, con él, el del conjunto de la sociedad española. No solo afecta a quienes trabajan en el campo, afecta al consumidor y a otros sectores vinculados, que no son pocos: transporte, distribución, maquinaria, tecnología e infraestructuras…

En este segundo semestre del año, bajo la presidencia europea de Eslovenia, se tendrán que cerrar los acuerdos para desarrollar la nueva PAC a través de los Planes Estratégicos nacionales. En estos momentos la situación, en España al menos, es caótica y errática. Me explico, lo único en lo que se está de acuerdo es que no hay acuerdo alguno entre el gobierno central y las comunidades autónomas. Nuestro ilustre ministro de Agricultura, Alimentación y Medioambiente –casi no me cabe referirme a sus competencias departamentales-, Luis Planas Puchades, desaparecido sin combate, tiene el agua al cuello. De una parte le estrangulan los plazos para aprobar los planes pendientes de consenso, de otra se ahoga en el galimatías que supone la dispersión de exigencias de las comunidades autónomas y, por si no fuera bastante, el avispero está encabronado con el regate y burla hacia los ganaderos y agricultores. Vamos, que el susodicho no debería tener tiempo ni para dormir en su pausado empeño por intentar lograr un entendimiento entre los interlocutores afectados. Y esto no está ocurriendo.

Europa aguarda este suicidio asistido del sector con sus recortes y martingalas pintureras. La situación se resume de la siguiente manera: a los ganaderos y agricultores se les recortan las ayudas, pero se le exige buenas prácticas y un trabajo más  eficiente, es decir, con menos hacer más y mejor. ¿Es ello posible? Más bien NO.

José María Nieto Vigil

Profesor. Doctor en Filosofía y Letras. Licenciado en Historia Antigua e Historia Medieval. Diplomado en Magisterio y Teología Fundamental. Estudios Superiores de Egiptología. Conferenciante y colaborador de medios de comunicación. Ex Presidente Provincial de Palencia de FSIE (Federación de Sindicatos Independientes de Enseñanza). Presidente fundador de Vox Palencia.

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