La doble vara de medir de la corrección política

En un día gris y húmedo, lo que se conoce, como un día aciago en lo meteorológico, que a lo único que invita es a resguardarse o esconderse del mismo y a lo que, si sumamos el hándicap que representa la crisis viral que padecemos y sufrimos los de siempre, desde el pasado marzo, se convierte en una situación que hace que aflore un sentimiento de pesimismo e impotencia en una gran parte de nuestra sociedad.

Una crisis viral, una pandemia, a la cual no se le conoce panacea real o efectiva, ni se la espera, debido a un gobierno que antepone su programa ideológico a buscar soluciones reales, frente a los existentes problemas de la misma naturaleza, con el que justificar sus altas remuneraciones y alta forma de vida, por un lado, además de fomentar una polarización de la sociedad española, haciendo un proselitismo visceral contra su disidencia ideológica, mediante una apología de la crispación, el odio y la revancha más vengativa, por el otro.

Todo ello sazonado con la mayor de las desigualdades conocidas, de una forma unívoca en lugar de recíproca, totalitaria y de imposición, creando una dicotomía ideológica, radical y extrema, haciendo que su disidencia viva en un permanente estado de «Espada de Damocles» o peligro inminente, ya que de forma arbitraria se priva a esta última de ese derecho que supone y representa la libertad de expresión. Muy al contrario, de una forma constitucional, es decir, consensuada y ratificada por una mayoría de 3/5, que es lo que marca nuestra Constitución, en lugar de esa mayoría simple, la mitad más uno, con la que se han acostumbrado a imponer su ideología mediante decretazos.

Dicho de otra forma, su particular y totalitaria manera de entender la Constitución y la democracia, adaptando las leyes a su ideología y no al contrario, que sería lo correcto y democrático, hace que la gente decente la honrada, gente como tú y como yo, nos preguntemos, ¿Dónde está el límite?, ¿Por qué existe una doble vara de medir que siempre beneficia a los mismos? ¿Hasta cuándo tendremos que sufrir esta dictadura silenciosa, con disfraz o ropajes socialdemócratas? ¿Dónde está la separación de poderes para frenar este atropello de ignominioso despotismo contra las libertades?

Este tipo de regímenes son el verdadero virus, el verdadero cáncer o peligro al que nos enfrentamos en la actualidad, pues cuentan con la colaboración y complicidad confesa, cuanto menos descarada, de una Europa que ha perdido su código moral para imponer mediante el clientelismo más rastrero y descarado unas leyes creadas y adaptadas a sus políticas, es decir «ad hoc», unas leyes «per se» o dicho de otra forma, que en si mismas son arbitrarias y se aplican de facto o mediante su imposición y al libre albedrío, no de forma democrática y que además las sufren, siempre y solamente, los heterodoxos o disidentes hacia sus dogmas, debido a la existencia de esa varita mágica que tiene en propiedad la corrección política y lógicamente, esos fascistas disfrazados de socialdemócratas. Una doble vara de medir, a la cual se le da un mayor uso cada día, lo que la convierte en algo normal banal y rutinario, sumiendo a la sociedad europea y más concretamente a la española, en este caso el que hoy nos ocupa, en un mundo de fantasía y ficción, sumiéndonos en esa realidad paralela en la que viven y quieren imponer al resto de la sociedad, en la que su poder sea un monopolio, omnímodo y hegemónico.

Es curioso y sin lugar a dudas una verdadera paradoja, la discriminación hecha por Bruselas, hacia el gobierno Polaco, en un caso, similar o de una inmensa analogía, que casual y «supuestamente», tiene una ideología localizada en las antípodas del actual gobierno español, donde el actual consejo europeo encuentra signos de inconstitucionalidad en el primero, y totalmente democrático y constitucional, el segundo. Siendo este último, el español, reincidente, véase el nombramiento de Dolores Delgado como fiscal general del Estado. Nada de particular, si no fuera por la asunción del cargo por parte de esta, la cual dejaba la Fiscalía general y el Ministerio de Justicia, bajo el mismo mando, suscitando las lógicas dudas acerca de la supuesta independencia de poderes que creemos tener en España, y asesinando nuevamente a Montesquieu. Un nombramiento, en el que se da una fusión de competencias, contraria a nuestra Constitución, cuanto menos, contraria a todo principio democrático.

Esta doble vara de medir, supone para los países verdaderamente democráticos una amenaza contra su identidad, libertad y soberanía, utilizando la prótasis u oración condicionada, haremos la lógica pregunta con el «SI», que la antecede y marca o denota la condición. ¿Si la realidad es la expuesta en las líneas anteriores, de verdad estamos dispuestos a dejarnos arrebatar nuestra identidad, soberanía y libertad? A la que me adelanto a responder con su inherente respuesta, de un modo personal y de forma sucinta, que es un riguroso y rotundo «NO».

En esta guerra cultural en la que nos ha metido el sanchismo o corrección política y con la que se revuelcan en el estiércol ajeno, intentando camuflar o desviar, el hedor de su propia fetidez, dicho de otra forma, una táctica con la que intentar lavar su ropa sucia. La única opción que nos queda es el orgullo patrio, y una continua antagonía beligerante hacia esta dictadura camaleónica, despótica y silenciosa, que definen y tildan de democracia y que aplican con la aquiescencia y complicidad de toda esa turba oligárquica que se cree tener en propiedad una superioridad moral contra su disidencia ideológica, a la cual castiga de forma reiterada, con esa doble vara que han creado para ello o la ocasión, cuyo acrónimo es «ad hoc».

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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