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La democracia contra Vox

La demonización de VOX en televisión, con una viñeta sobre la mal llamada "ideología de género"

Se repite como un mantra que Vox está contra la democracia, pero dadas las circunstancias de los últimos días se puede afirmar sin ambages que en España es la democracia la que ha declarado la guerra a Vox.

Plantar la bandera de la cordura en los dominios de la locura ha sido el verdadero mérito de la formación política Vox. A su ejercicio de valentía le ha de suceder ahora otro de firmeza ante lo que se le viene encima: el sistema anda dispuesto a hacer pagar cara su osadía, y las represalias por haber cuestionado el trágala de la violencia machista, no se han hecho esperar. Y eso que no ha desnudado abiertamente el trágala.

Para los perros guardianes que suministran el cloroformo de “la democracia que nos hemos dado”, antes solo eran un puñado de bizarros refractarios a la española que, mal que bien, tenían poca visibilidad, pero ahora los poderes fácticos no se van a andar con chiquitas; le van a pedir precio, o su cabeza. Al principio solo eran escaramuzas dialécticas, llamándoles “ultraderechistas” y tontadas del estilo, había que comprobar si el gallo de pelea iba en serio, o iba a envainar sus argumentos a las primeras de cambio. Constatado el trueno en las elecciones andaluzas, han empezado a circular todo tipo de artimañas: movilizaciones, denuestos, presiones, manipulaciones mediáticas, descalificaciones, e incluso agresiones.

Faltaba la miserable viñeta caricaturizando a Vox respecto a la mal llamada violencia de género, por parte de un periódico que por su pleitesía a la vileza ni siquiera merece ser mencionado. Con toda la razón del mundo se quejaba en televisión el señor Iván Espinosa de los Monteros de semejante demonización gráfica, muy orwelliana: el mundo más inmundo. La viñeta ha causado un impacto inenarrable como pocas. Lo que no era inenarrable era lo que describía: un señor de Vox al que le resultaba indiferente ver a una mujer en el suelo asesinada a través del gran monitor del VAR. Ni por chiste macabro podría pasar semejante dosis de estiércol para el alma.

Pero como todo tiene una causa en esta vida, solo había que esperar a que el capataz del panfleto de marras autor de la asechanza, flanqueado por esbirros y esbirras de la profesión, diera la cara sacando buche democrático .Fue en un programa donde el bravo Iván Espinosa de los Monteros acusaba de frente al panfleto de manera más que justificada por su ataque inmisericorde y ruin . A lo que fue contestado (como ya viene siendo costumbre) con el pensamiento sistémico de siempre: la libertad de expresión es el intocable sancta sanctorum que debe reinar en la sacrosanta democracia, deslizando sobre el barro del plató que la formación de Abascal no acepta la máxima del juego y por tanto es un partido antidemocrático.

La histeria de los medios había dejado caer su segunda moraleja llena de hedor: como Vox no acepta todas las marrullerías y bajezas de ese cheque en blanco (solo nominativo para sus extendedores) llamado “libertad de expresión”, Vox está contra la democracia.

Fue entonces cuando llegué al convencimiento de que el escenario era justamente el contrario; es la democracia (contaminada, eso sí, de aditivos y conservantes progresistas) la que está contra Vox por el simple hecho de arrostrar todas las ruedas de molino con las que se ha obligado a comulgar al español de buena fe, humillado por activa y por pasiva en su intelecto.

Vox no defiende la democracia (ni la ataca), en efecto, en ese partido no se han vuelto lo suficientemente locos aún como para pensar que, antes que el hombre, vino la democracia y que fueron las virtudes acrisoladas de ésta las que, bajando de los cielos, hicieron caminar erguidos a nuestros ancestros.

Roguemos a la Providencia que perseveren en su cordura mientras el miserabilismo mediático se enorgullece de sus asechanzas y exige a los voxeros la prosternación democrática. Un aviso a navegantes y entusiastas de Vox para que sean buenos chicos y cambien de chaqueta, de lo contrario les aguarda el oprobio.

Decía Dostoievski que si Dios ha muerto todo está permitido, precisamente la democracia se ha convertido en un mostrenco político deificado por la romería que reza el adagio de Dostoievski, es la última de las astracanadas filosóficas del antropoide posmoderno. “Sea Vox anatema”, rezarán los feligreses en romería.

Lo cierto es que lo único que ha hecho el partido de Abascal para activar la máquina de picar carne de la alta canallesca, ha sido poner límites a una locura argumental llamada violencia de género, dado que los límites de la cordura ya habían sido rebasados con la inestimable colaboración del sanedrín democratista, dejando bien claro a Espinosa de los Monteros que lo primero es la libertad de expresión y que contra su formación todo vale, por si aún no se había enterado.

En el fondo es muy cierto que esa democracia de barrizal nihilista donde todo está permitido, no es lugar para la gente de Vox, que a diferencia del tinglado que azuza toda clase de serpientes, saben que lo último en esta vida es dar a Dios por muerto y perder la vergüenza.

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Eduardo Gómez Melero

Doctor en ciencias económicas, empresariales y jurídicas por la Universidad Politécnica de Cartagena. Columnista de Religión en Libertad. Servidor de: Dios, la Iglesia y usted.

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