La debacle de Podemos

Podemos nació del movimiento 15 M. Dicho movimiento criticaba la impotencia democrática; la de políticos atados de manos ante el poder económico. Todo este movimiento parecía ser un pulmón, para los menos agraciados en la vida.

Iglesias empezó a arengar a las masas y con su magnífica verborrea  convencía a propios y a extraños. Enseñaba a hacer cócteles molotov, a okupar viviendas, a atacar a la policía. Condenaba sin piedad al IBEX 35, a Amancio Ortega, a Juan Roig, a los bancos y a todo lo que no oliera a comunismo.

Se erigió en ultra defensor de todos los inmigrantes según él venidos de la guerra, unos inmigrantes que nadie quería en Europa, y él pedía a gritos que vinieran a España.

Era el nuevo Robin Hood de los pobres. Aquel melenudo desconocido hasta ahora, fue tomando fuerza, y su partido se convirtió en un partido fuerte y muy peligroso por su extremo apego al comunismo, su odio exacerbado hacia la democracia, su enfermiza obsesión por Franco y por la guerra civil, declarar abiertamente su simpatía hacia el nacionalismo más radical, y su gran coqueteo con etarras.

Ese sencillo y popular charlatán, el mismo que prometía que aunque llegara a la Moncloa nunca saldría de Vallecas, cavó su tumba política al conocer a la madre de sus gemelos y de una hija que está por venir, Irene Montero.

Esta señora hizo que dejara a su novia Tania Sánchez y se lió con él; a partir de ese momento vino su declive.

La señora Montero, al dar a luz a sus mellizos Leo y Manuel, le hizo comprar un chalet en Galapagar de más de un millón de euros, que ha hecho correr ríos de tinta. Para más escarnio exigió custodia policial para preservar la intimidad de ella y de sus vástagos. Este fue el principio del fin. La susodicha Montero fue también la artífice de su ruptura con Errejón.

A todo esto se sumó el vandalismo de los okupas, la masiva invasión de  inmigrantes, ninguno de ellos por cierto venido de ninguna guerra. Estos emigrantes no eran otra cosa que manteros ilegales y violentos, que llegaron a crear hasta su propio sindicato, la simpatía por los musulmanes, su odio a las tradiciones católicas, su colaboración con Maduro e Irán a base de talonario.

Se iba destapando la caja de Pandora y este comunista declarado y austero, salió rana, nada de lo prometido era cumplido.

Este ha sido el precio que ha tenido que pagar el marqués de Galapagar.

Mª José Gómez Busó

Jubilada, apasionada del patchwork, lenguaraz y rematadamente sincera.

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