La Comunidad Valenciana en la tercera división

Desde que España entró en la etapa democrática, esta región española ha sido especialmente marginada y maltratada por el Gobierno central, que siempre se olvidó de que Valencia era y sigue siendo la tercera capital de España.

Ya empezó muy mal la cosa en el arranque, cuando fue todo un desaire que nuestra Constitución convirtiera el Reino de Valencia en Comunidad, lo cual es bastante deplorable, porque comunidades hay de todo tipo (de individuos, de plantas, de animales, científicas, etc.). «Comunidad Valenciana», vaya nombrecito.

Pero lo peor vino a continuación, cuando todos los gobiernos de la España democrática, al margen de su signo político (25 años PSOE y 20 años UCD y PP) no la han tenido en la debida consideración cuando han confeccionado los Presupuestos Generales del Estado. Y no solo es que estos siempre han barrido especialmente para Cataluña y el País Vasco, que nunca lo han agradecido ni lo agradecerán, sino que prácticamente siempre esta Comunidad fue a parar al furgón de cola en todas las iniciativas importantes de infraestructuras y desarrollo empresarial.

Durante 45 años la Comunidad Valenciana ha sido discriminada y relegada en los Programas de Inversiones estratégicas, ante la docilidad y mansedumbre de los representantes políticos valencianos, que nunca han sabido defender y pelear por los intereses de sus representados.

Consecuencias de todo ello: Una crónica y vergonzosa infrafinanciación, de las peores de España. Un vital Corredor Mediterráneo, que ya lleva 8 ministros y 25 años de atasco, sin un final comprometido. La definitiva Estación subterránea del AVE de Valencia, el túnel pasante, y la red de Cercanías, con ya diez años de retraso y que siguen en el olvido. La interminable finalización de la ampliación del Puerto, siempre frenada por los «amigos» pancatalanistas. La falta de agua, con los raquíticos trasvases del Tajo-Segura y del Jucar-Vinalopo, este último casi sin estrenar. La Albufera, el precioso y emblemático Parque Natural, muriéndose poco a poco, precisamente por falta de agua. El Palau de la Música, ya tres años abandonado y «mudo». El Museo Nacional de Cerámica González Martí, esperando 24 años su ampliación. El Museo de Bellas Artes, considerado por muchos, la segunda pinacoteca de España, aguardando años que el Ministerio de Cultura lo saque del ostracismo. La Sanidad, que actualmente acumula 65000 pacientes en lista de espera, con semanas o meses para ver a un especialista o una intervención quirúrgica. Los nueve colegios que todavía siguen impartiendo sus clases en arcaicos barracones. Una Administración impregnada de una burocracia exasperante, que frena el ímpetu y las iniciativas de los empresarios. Una pésima gestión forestal, con más de 30000 hectáreas ya quemadas en lo que va de año.

Pero a esta importante sucesión de carencias y abandonos histórica, no podemos de dejar pasar por alto lo que se tenía y que se perdió: Los Altos Hornos de Vizcaya, en Sagunto, los astilleros de Unión Naval de Levante, y la fábrica MACOSA, en Valencia, y la factoría de la Empresa Nacional ELCANO, de Manises. Sin olvidarnos de la en su día controvertida autopista A-3, que tardó años en finalizarse, cuando el puerto de mar natural de Madrid es el de Valencia.

Responsables: Nuestros lastimosos gobernantes, que nunca han sabido aprovechar la coyuntura, cuando han coincidido los signos políticos de ambos gobiernos (central y autonómico), como ahora ocurre. Así que solo queda rezar y esperar a que nuevos políticos valencianos, con más garra y más empuje, saquen del pozo a esta emprendedora, dócil y obediente región española.

Pablo D. Vela Boullosa

Ingeniero Industrial. Experiencia profesional de 36 años en el sector gasista (GLP y Gas natural), en las áreas de Seguridad, Comercial y Marketing, en España, Perú y Argentina.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

9 − ocho =

Botón volver arriba