La brecha social en España

La brecha social en España creada en los cuarenta años de democracia es tan vergonzante que nadie fomenta su estudio, aunque no sea comparativo con otra época, y mucho menos lo financia y publica.

Esta mancha social, cada año más grande y evidente, y por lo tanto más difícil de ocultar, es obra exclusiva de la clase política, la clase privilegiada, nacida por generación espontánea hace 40 años por sí misma gozosa de miles de privilegios y ninguna obligación. Ha creado un colchón de separación entre ella y la sociedad llamado cuerpo funcionarial, al cual alimenta debidamente con los fondos que la sociedad les entrega para administrarlos con honradez.

Hoy en día, un matrimonio de profesores de secundaria ingresan mensualmente en su cuenta entre cuatro mil y cinco mil euros. Un matrimonio de obreros comunes pueden ingresar unos dos mil o dos mil quinientos. Si vemos el ingreso de una familia que sufre paro, ERTE o sostenimiento vital, están entre cuatrocientos y novecientos euros.

Ese ejército de estómagos agradecidos a la clase política, impide precisamente que el tinglado se les desmorone, porque en caso de que la clase obrera se rebelara exigiendo mayor igualdad social y económica, este grupo funcionarial, exageradamente sobrealimentado y ensalzado socialmente, no permitiría el desmantelamiento de una situación económica y social tan desproporcionadamente privilegiada.

En una época en la cual las empresas trabajadoras están cerrando o atravesando dramáticas dificultades financieras debido a la extorsión bancaria e impositiva, los ayuntamientos contratan más secretarias.

En mi ciudad hay un servicio de recogida de “trastos”. En él trabaja un muchachote enorme metido en un carromato. Va por las calles recogiendo lo que la gente tira, a veces, enormes tresillos que solo un hercúleo esfuerzo permite cargarlo en el carromato (nadie ha denunciado la masculinización del empleo), mientras que se han convocado oposiciones para auxiliar administrativo, habiendo mucho menos trabajo porque cierran las empresas y en época de expansión económica ya se crearon plazas sobrantes.

Es decir, para los políticos, para llevar un folio hacen falta cuatro auxiliares administrativos, para cargar un armario en un camión basta un mozo recio.

No conozco los sueldos de un auxiliar administrativo ni el de un obrero de la limpieza, pero deben ser muy distintos. Además, los políticos suelen entregar la contratación de asuntos “problemáticos” (limpieza, recogida de basuras, jardinería, etc…) a empresas para evitar así ser acusados de explotación, mientras que conservan en su poder el nombramiento de funcionarios con silla y techo.

Pablo Iglesias ha vuelto a ser profesor de universidad. ¿Cuándo aprobó ese señor las oposiciones de profesor de universidad? ¿Quién valoró sus méritos y firmó su contrato estableciendo su sueldo y su dedicación?

En los años sesenta, un joven gallego creó la mayor industria económica de  historia de España. Era académicamente tan brillante que fue nombrado profesor universitario recién terminada la carrera de derecho. Abandonó ese puesto de trabajo para tener el honor de ser Ministro de Turismo. Digo honor porque ese era realmente el incremento de la paga: el Honor, el sueldo venía a ser poco más o menos el mismo.

Fue nombrado ministro por su capacidad intelectual, a pesar de su declarada disconformidad con el régimen. Al finalizar su contrato quiso volver a su puesto de profesor universitario pero le dijeron que la plaza ya estaba ocupada. Se inscribió en el paro y lo contrató la fábrica de cervezas “El Águila”.

Los sueldos funcionariales se han disparado. Las prebendas y privilegios se han disparado, la brecha entre un trabajador y un funcionario es abismal tanto en lo económico como en lo social y laboral.

Los maestros y profesores piden trabajar menos (tener menos alumnos por aula, y por lo tanto, aumentar la contratación de más funcionarios) y cobrar más. Lo mismo ocurre con el personal sanitario o funcionarios de ayuntamientos, autonomías o estatales, mientras que cualquier pequeña empresa se ve obligada a apretarse el cinturón y el de sus empleados para no ir a la quiebra.

Ser funcionario no es una forma de relación laboral, los políticos lo han convertido en una clase social privilegiada y protegida, por intereses personales.

José Enrique Catalá

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Especialista en Hª Medieval. Profesor. Autor del libro: Glosario Universitario.

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