La Batalla de Simancas-Albendiego o la Voluntad de Vencer (Primera parte)

En memoria del General José María Sánchez de Toca y con agradecimiento al también General Salvador Fontenla.

No caeré en el lugar común de que se ha escrito poco sobre la Batalla de Alhandaq (ó Aljandaq, según el tomo V de la crónica Muqtabis de Ibn Hayyan, significa “barranco” en árabe), de Alhándega (ó Alphandiga, según Sampiro, el obispo de Astorga del s. XI), Alhóndiga o Albendiego, o Del Barranco, que con todos esos nombres se conoce y que fue continuación de la de Simancas de julio del año 939, pero sí hay que admitir que es uno de tantos acontecimientos fundamentales de nuestra Reconquista que no ha sido claramente establecido. Y prueba de ello es que se desconoce el lugar de la trascendental derrota de Abderramán III. De fijar ese escenario trata este trabajo. 

Un inciso, Ibn Hayyan (377 Héjira/987 d.C. 469/1076) fue un historiador cordobés autor del Muqtabis fi ta’nj riyal al-Ándalus (“El que toma la candela ajena acerca de la historia de los hombres de Al-Andalus”), diez volúmenes con una recopilación, ampliada y comentada, de pasajes de cronistas anteriores, parte todo ello de una “Gran Historia” (al- Ta´rij al-Kabir) que no llegó a concluir; el Muqtabis V comprende los años 912-942, en la traducción Viguera y Corriente, de Anubar Ediciones (1981), nos guiará en esta andadura. Otras fuentes, además de la citada Crónica Sampiro, serán Los Anales Castellanos Primeros (Cronicón de San Isidoro de León), la Historia de las Antigüedades de Simancas de Antonio Cabezudo, el Ajbār mulūk Al-Andalus (Noticias de los reyes de al-Ándalus) de Ahmad ibn Muhammad al-Razi (traducida en el siglo XV como Crónica Sarracina) y al-Aniq de Muhammad Ibn Masud. También el anónimo Akhbār majmūʿa fī fatḥ al-Andalus (“Colección de anécdotas sobre la conquista de al-Andalus”).

 

Simancas (1 al 5 de agosto de 939)  

Ante las acometidas del rey leonés Ramiro II el Grande (931-951), quien, entre otras campañas al Sur del Duero, conquistó por primera vez Madrid (Magerit) el año 932 y rindió Toledo (en ambos casos por poco tiempo), además aliarse con el gobernado moro de Zaragoza, en 939 el Califa Abderramán III (Abd al-Rahman; 912 – 961), decidió arrasar el reino leonés, el principal de los cristianos, denominados genéricamente “puercos”. Proclamó la Guerra Santa (yihad) para llevar adelante la Campaña del Poder Supremo (gazat al-kudra), reclutando, supuestamente, la extraordinaria cantidad de unos 100.000 hombres (aunque seguramente fueron muchos menos). 

Según el cronista Muhammad al-Razi (en Muqtabis V) fueron reclutados de todo el califato, incluido el Norte de África, y mercenarios eslavos; “un tren tal como no lo había llevado rey ni jefe alguno de sus antepasados”. Es importante hacer notar que aquel ejército tenía sus disensiones ocultas, como refirió la crónica anónima Akhbar-madjmua (Akhbār majmūʿa), las cuales, como veremos, tendrán su trascendencia: 

«(Tras la sublevación de Omaiya Ben-Ishac) el Califa, (a quien Dios perdone) eligió sus ministros entre personas de notoria incapacidad, e irritó a los nobles encumbrando a los altos puestos del Estado a hombres vulgares como Nadjda de Hirá y otros esclavos de la misma estofa (era de origen eslavo). Dio a este Nadjda el mando de su ejército; le confió los negocios más importantes del Estado; obligó a los generales y a los wazires (visir, ministro), ¡hasta los mismos generales y wazires árabes!, a doblar la rodilla ante él y a obedecerle en todo. Es así que este Nadjda era una nulidad, arrogante y estúpido como lo son generalmente las gentes de su clase.  Los generales de noble origen conviniéronse pues en dejarse derrotar, y cumplieron su convenio en la campaña de Simancas del año 327 (939)”».

Entre el 25 y el 28 de junio salió este ejército de Córdoba con el Emir al frente y se dirigió a Toledo (Tulaytula), para entrar en el país de los cristianos (Yallikiyya ó “Galicia”) por el Camino de Humayd (Balat Humayd) y el Puerto de Tablada (antes Valathomé y hoy La Sevillana), y, siguiendo el Duero (nahr Duyayra), llegar hasta Zamora, la cual había sido reconquistada por Alfonso III el año 901.  Tardaron 15 días en llegar a Toledo; la lentitud de la marcha se debió a estar en pleno Ramadán y verano, además de la enormidad del grueso del ejército. Traspasada la Sierra de Guadarrama, el ejército musulmán avanzó, arrasándolo todo, por Olmedo, Íscar, Alcazarén y el Castillo de Portillo de Asim (el viernes 13 de sawwal, según Ibn Hayyan) próximo al río Cega, cruzando luego el Duero. 

A pesar de las dificultades que la época y la durísima guerra imponían a las comunicaciones de las calzadas romanas (principales y secundarias), casi siempre a caballo, existía el suficiente flujo de información para que los estados cristianos supieran las líneas generales de los planes sarracenos. Al respecto, es bueno considerar que Abderramán, que el año 929 se había proclamado califa independiente de Bagdag y Qayrawan (Kairuán, Túnez), por lo que sus títulos eran Khalifa rasul-Allah (sucesor del enviado de Alá-Dios), Ami-r al-mu’mini-n (príncipe de los creyentes) y al-Nasir li-din Allah (el que combate victoriosamente por la religión de Alá), y políticamente hizo del califato una “monarquía moderna”, era, digámoslo así, “mestizo”. y sobrino de la reina Toda de Navarra, al ser su madre una cristiana cautiva. Tenía tanta o más sangre hispanogoda que árabe, era alto, pelirrojo, aunque solía teñirse de negro el pelo, de ojos azul oscuro y tez clara. Abderramán III y Ramiro II era primos políticos al estar del rey leonés casado con Urraca Sánchez, hija de los reyes de Navarra Sancho Garcés I y Toda. También era aficionado al alcohol y abiertamente homosexual, inclinación ésta que trasmitió a su hijo Al-Hakan II, quien no quiso tener relaciones sexuales con mujeres; Abderramán martirizó a San Pelayo de Córdoba, cautivo gallego de unos 13 años, al negarse éste a sus impulsos sexuales. 

Ramiro II, consciente de la trascendencia del ataque a Zamora y cerrando el paso a la misma, concentró sus fuerzas en la plaza bien fortificada de Simancas (la antigua Septimanca), compuestas por leoneses, asturianos, gallegos, castellanos, además de aliados navarros y aragoneses. En sus filas estuvieron el rey de Pamplona García Sánchez, y los condes Fernán González (Fredinandus Gundisalviz), de Castilla, y Ansur (Assur) Fernández, de Monzón. Las fuerzas cristianas guarnecieron sobradamente Simancas y desplegaron un poderoso grupo de caballería pesada en las alturas al Norte de la plaza.

El 19 de julio se produjo un espectacular eclipse de Sol que conmovió a ambos contendientes; la datación del eclipse permite verificar la fecha de los combates. “Después del eclipse … que fue el martes 6 de agosto, el día que los cristianos celebraban la festividad de los santos Justo y Pastor, llegaron los cordobeses a Simancas con su nefandísimo rey Abderramán y todo su ejército y clavaron allí sus tiendas (Anales Castellanos Primeros). Otras fuentes hablan de 1 de agosto, quizás por las diferencias con el calendario lunar árabe y también por las posteriores variaciones del calendario cristiano (juliano-gregoriano).

El ejército sarraceno vadeó el río Pisuerga a unos cinco kilómetros al Oeste de Simancas, a la altura de Geria, sorprendiendo a los cristianos. Ante la inesperada caballería árabe, mandada por Abu Yahya Muhammad ben Hashim, señor de Zaragoza, las huestes cristianas abandonaron el campo, entrando en Simancas o subiendo a las alturas cercanas, pero, casi inmediatamente, lanzaron un contraataque: “tras huir los cristianos y refugiarse en la fortaleza de Simancas, se dieron valor unos a otros y contraatacaron (al-Rasi).Con la ayuda de Dios se lanzaron contra los moros matando con la espada a casi tres mil o más de ellos, allí fue apresado el moro Aboyahia” (Abu Yahya; Anales Castellanos …). Este gobernador de Zaragoza es el mismo que anteriormente se había aliado con Ramiro, siendo luego perdonado por el califa e incorporado de nuevo sus fuerzas. Seguramente a este día corresponde “la jornada del foso” reseñada por alguna crónica, en la que la caballería árabe fue arrinconada contra un foso Simancas “donde fueron cayendo los hombres hasta cubrirlo de borde a borde”.

Millán y Santiago, eclipse y cometas; Simancas. P. Ruiz de Salazar, ca. 1640.  Monasterio Yuso, S. Millán de la Cogolla.

Guerreros medievales españoles. Beato de las Huelgas (¡Biblioteca Mortan! La pena de quitar los ojos (Ley II, 1, 8 del Liber Iudiciorum de Chindasvinto) la aplicó Ramiro II a sus competidores (el abdicado Alfonso IV, su hermano, y otros).

 

Al día siguiente, el grueso del ejército califal estableció el campamento, se organizó y estudió someramente el terreno y no hubo enfrentamiento. El jueves 3 comenzó el combate principal propiamente dicho, el cual se prolongó durante el día siguiente, siempre en el confinado campo situado entre el río, las elevaciones, el castillo y el campamento cordobés. 

El ejército musulmán pasó a las puertas de Simancas el día siguiente, miércoles, y se presentó combate en la mañana que siguió a la noche del miércoles, dándose el 11 de scmwal (jueves) un violentísimo encuentro, y nuevamente el viernes, siguiente día, encontrando los musulmanes gran entereza, pues, aunque en un momento fueron rotas las líneas cristianas, se rehicieron y los rechazaron en vergonzosa desbandada, con enormes pérdidas” (al-Rasi).

La resistencia cristiana, su caballería pesada y sus contraataques, incluso de flanco, hicieron mella en el numeroso, pero falto de coordinación, ejército enemigo, forzándole a abandonar el campo después de cinco días de infructuosos ataques y sufrir numerosas bajas. 

Las crónicas cristianas reflejan que se aparecieron Santiago y San Millán. En abril del año siguiente Ramiro II institucionalizó el Voto del Reino de León al apóstol Santiago, hecho anteriormente con ocasión de la Batalla de Clavijo (844), en agradecimiento a su intervención en la batalla de Simancas, a la vez que entregó la famosa Cruz de Peñalba al monasterio de Santiago de Peñalba (próximo a Ponferrada). En su reverso está escrito: “En el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo, el rey Ramiro hace esta ofrenda en honor del apóstol Santiago”. 

 

José Mª Manrique

José María Manrique (Burgos, 1949), coronel de artillería retirado (1968, 2005 reserva). En la forzada situación de reserva por edad a los 56 años fui escribiendo sobre milicia y la historia española y universal especialmente del S. XIX en adelante, algunos artículos sobre la agobiante actualidad, así como la metahistoria.

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