Jaulas invisibles para la «fauna humana»

Es lógico pensar que existan sistemas de espionaje y de control más poderosos, y de los cuales no tenemos ni siquiera una idea difusa. Un conocedor del tema me hacía ver que nada de lo que hacemos escapa a gobiernos, a plutócratas y a empresas trasnacionales

Jaulas invisibles para la «fauna humana

Era el 4 de julio de 2022, el día de la independencia de los Estados Unidos.

El periódico más influyente de ese país, The New York Times, difundió entonces ─tal vez a propósito para sembrar temor en una fecha que suele inflamar el patriotismo o el patrioterismo de los estadounidenses─ un amplio reportaje titulado «‘Una jaula invisible’: así es como China vigila el futuro».

Escrito por Paul Mozur, Muyi Xiao y John Liu, alertaba en el sentido de que «Los más de 1400 millones de habitantes de China están bajo una vigilancia constante»:

Las cámaras de policía (omnipresentes en las esquinas de las calles, el techo del metro,               los vestíbulos de hoteles y los edificios de apartamentos) los graban, sus teléfonos son        rastreados, sus compras monitoreadas y sus mensajes en líneas, censurados.

Ahora, su futuro está siendo vigilado.

Los periodistas del NYT afirmaban entonces que la avanzada tecnología china «indaga en las enormes cantidades de datos recabados sobre sus actividades diarias para encontrar patrones y aberraciones con la promesa de predecir delitos o protestas antes de que se produzcan».

Por lo general, la gente no sabe que la están vigilando. La policía se enfrenta a un escaso escrutinio externo de la eficacia de la tecnología o de las acciones que promueve. Las autoridades chinas no necesitan órdenes judiciales para recopilar información confidencial.

Siete días después de la aparición del reportaje de Mozur, Xiao y Liu en el New York Times, es decir, el 11 de julio de 2022, la periodista española Alexia Columbia Jerez definió al sistema represivo chino como «Una muralla china sin grietas cada vez más alta que deja a todo intruso fuera, y encierra a su población en nombre de la seguridad».

En un artículo publicado en la sección de economía del diario español ABC, al que tituló «La imparable telaraña digital china que todo lo ve y que exporta su modelo al resto del mundo», Jerez aportó inquietantes detalles:

El gigante asiático ejerce un control férreo que se ilustra en programas de biometría de voz, cámaras que reducen al mínimo la espontaneidad, sistemas de crédito social para dar con el ciudadano de confianza o grandes bases de datos genéticos para marcar al individuo desde su nacimiento. Así, la policía china posee la base de datos nacional más grande del mundo con mil millones de caras capturadas en las calles, aeropuertos,  metros, hoteles, bancos, hospitales… No en vano, con la excusa del terrorismo y la financiación estatal china se tiene una serie de empresas chinas que lideran el negocio mundial del reconocimiento facial y de voz.

El 6 de agosto de 2022, la edición en línea de Infobae subió un material al que cabeceó de la siguiente manera: «Video: Vigilancia extrema en China, ¿en qué consisten los polémicos sistemas de control ciudadana?».

Según Infobae, el gobierno chino poseía, entonces, más de 500 millones de cámaras de videovigilancia, una por cada tres chinos.

Hoy, es sabido que el gobierno de Xi Jinping quiere instalar 100 millones de cámaras de videovigilancia para que haya -prácticamente- una por cada dos habitantes de China.

El régimen comunista chino cuenta, además, con un software de reconocimiento de marcha fabricado por una empresa llamada Watrix. Sobre este particular, Jerez apunta lo siguiente:

[Watrix es] capaz de identificar a un sujeto incluso si su rostro no es visible, gracias a su forma de moverse, con una precisión del 94%. Y la policía china usa gafas de reconocimiento facial que están vinculadas a una base de datos central viendo instantáneamente los detalles personales de un individuo. El Estado hace listas rojas con funcionarios VIP que son intocables, y también puede convertir a un ciudadano en un paria si lo desea confeccionando listas negras.

Un sistema de inteligencia artificial denominado Megvii (creado por el empresario Yin Qi) interpreta la información de las cámaras y envía alertas a la policía del país.

Es lógico pensar que existan sistemas de espionaje y de control más poderosos, y de los cuales no tenemos ni siquiera una idea difusa. Un conocedor del tema me hacía ver que nada de lo que hacemos escapa a gobiernos, a plutócratas y a empresas trasnacionales.

Vale decir que las formas de control que China ha permitido que se conozcan son aplicadas también en Occidente. Para no ir muy lejos, diré que, en México, los bancos tienen los datos biométricos de sus clientes; el Servicio de Administración Tributaria (SAT), que se encarga de cobrar los impuestos, también, lo mismo que el Instituto Nacional Electoral (INE).

El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador utiliza sus programas sociales con el fin de convencer a la población de que acepte que la Clave Única de Registro de Población (CURP) contenga también sus datos biométricos. Si AMLO y su movimiento lo consiguen, podrán utilizar esa base de datos como les venga en gana.

Hoy en día, para acceder a empresas y oficinas de gobierno es usual dar la cara ─literalmente─ ante cámaras de seguridad.

Podemos concluir, como Mozur, Xiaio y Liu, que China es una jaula invisible; pero que el resto del mundo, también. El comunismo y el supracapitalismo enriquecen a unos cuantos y empobrecen a la mayoría; Carlos Marx era cercano a los Rothschild; los capitalistas de Occidente dieron financiamiento a los bolcheviques que dirigieron la revolución «rusa» en 1917, encabezados por Lenin y Trotsky; las «democracias occidentales» fueron aliadas de la dictadura comunista de José Stalin; Henry Kissinger maniobró para que los supracapitalistas invirtieran en China comunista; el Vietnam comunista se convirtió en maquillador de poderosas empresas globales…

En la actualidad, cuando nos enfilamos a la mitad de la década de 2020, comunismo y supracapitalismo se valen de la tecnología para empoderar a unos cuantos y colocar el yugo a la que consideran como «fauna humana».

Jorge Santa Cruz

Periodista mexicano, católico y conservador.

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