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Izquierda y derecha

En mi humilde y modesta opinión, y con vuestra complaciente aquiescencia, me gustaría filosofar un poquito. Para empezar me gustaría dividir a la humanidad en dos tipos de personas: las que son empáticas y aquellas que intentan mantener su propio poder y el de su clan.

El mío es un pensamiento autónomo, independiente; si se tratase de un lugar sería un lugar solitario y ventoso, pues el autónomo de pensamiento puede cometer algún error, como cualquier humano, pero el pensador grupal o preso ideológico, ese que se ampara en las ideas de un grupo, no sólo no se salva de las equivocaciones, sino que además las pifias compartidas tienden a enquistase y enconarse.

Por lo que se puede deducir, que los errores colectivos a menudo terminan convertidos en dogmas, y sus seguidores, en fanáticos. No cabe duda que la unanimidad en el pensamiento es muy confortable, desde luego; pero no olvidemos que se da la circunstancia de cuanto más unánime es, menos reflexión permite.

Todo esto viene a cuento de que sepamos diferenciar la izquierda de la derecha y viceversa. Y que ahora, en la actualidad por esa crispación en la que estamos inmersos se ha convertido en un arma arrojadiza.

La verdad, no creo que una gran parte de nuestra sociedad sepa o entienda qué es o significa izquierda o derecha. Máxime cuando en este país, en nuestra España, enseguida te colocan en una trinchera.

Por ejemplo, la crítica a un comentario político revolucionario, progre o de izquierda, enseguida sale alguien tildándote de facha o franquista. Ese potencial que tienen en Europa los progres, la izquierda y sus políticas de globalización, me preocupa de forma alarmante. Las políticas correctas del buenismo del socialismo, y del nuevo comunismo del postureo, pues me parecen, del todo totalitarias, retrógradas, machistas, intolerantes, demagógicas, promotoras y propiciadores del odio, y sobre todo, poco o nada respetuosas con los derechos civiles, básicos y fundamentales.

La izquierda siempre ha sido así, y siempre ha intentado revertir la situación, acuñando esos descalificativos contra la derecha.

La prueba más clara de lo que suscribo es el de los totalitarismos de Hitler y de Stalin. El primero, el líder nacionalsocialista alemán o del nazismo. Un movimiento surgido de un ramal o una escisión del partido espartaquista alemán, a día de hoy considerado todavía de ultra o extrema izquierda. El segundo, líder del comunismo bolchevique y revolucionario, no ese de ahora, el de postureo. De todas formas, de ultra o extrema izquierda.

Sin querer caer en una situación perogrullesca, por la obviedad de lo expuesto para la gran mayoría de la humanidad, me he visto en la obligación o en el deber de argumentar a modo de recordatorio explicativo a esa parte de la humanidad, que sigue haciendo divisiones y diferencias del todo fantasmales o espectrales. Una parte que se puede definir como petrificada o estancada en el pretérito.

Una izquierda que se autoproclama o se apropia de esa autoridad moral, para erigirse en los buenos y tildar a la derecha de malos.

Retomando el principio de está reflexión filosófica y personal, me atrevo a aseverar con firmeza y rotundidad que el gran problema de esa izquierda regresionista y petrificada, es ese pensamiento grupal, convirtiéndola en meros presos ideológicos, hooligans, forofos, cuya forma de pensar es la siguiente; 《Aunque Chávez, Castro, Maduro, el Che, Sánchez, Iglesias, sean unos hp, son y siempre serán nuestros hp》.

No entiendo, ni entenderé nunca, por qué nos quieren imponer el adoptar, acoger y exculpar a todos los delincuentes y miserables.

Siguiendo una trazabilidad arbitraria vuelvo a los inicios de este mi escrito filósofico para definir los dos tipos de personas que en mi opinión existen en la humanidad.

Las empáticas: son las que verdaderamente se preocupan por los demás. Es decir, las que creen en una verdadera libertad, que es la que llega como resultado de una verdadera igualdad que es la que se sustenta en la justicia. 《Este tipo o clase de igualdad es la única igualdad real》. A día de hoy, sólo defendida y representada por Vox, la verdadera y real derecha aparte de la única.

VOX representa la única derecha, una derecha que intenta construir sociedades más tolerantes, menos violentas, y sobre todo, más igualitarias.

Por el contrario, las que sobre todo intentan mantener su propio poder y el de su clan, son esos progres, esa turba de izquierda a la que le gusta volver a vivir como las tribus, como reconoció la prófuga y descerebrada Ana Gabriel de la CUP.

Su modo idóneo de vida es el de los trogloditas de las cavernas. Cuya estrategia de supervivencia ni es solidaria ni altruista, basada en la colaboración, el cuidado de los enfermos o repartir la comida. Más bien se asemeja al de los depredadores, los cuales no dudarán ni un instante en aplastar la cabeza al más débil para arrebatarle su trozo de mamut.

A día de hoy, los progres, la izquierda, utiliza su carácter más camaleónico, enseñando su mejor lado o postura de su rostro y ocultando la real y verdadera.

En mi inmensa, modesta y humilde ignorancia creo que la ideal y mejor estrategia de supervivencia es la del respeto al otro.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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