¿Invertir en votos o invertir en riqueza para el país? This is the question

Durante mis paseos campestres he observado que, cuando se oye el ruido de un tren, todo el mundo se vuelve y se detiene para contemplar cómo pasa.

¡Cuántas cosas dice al espíritu un tren que marcha hacia su destino!

¡Cuán admirable es su fuerza, su disciplina, su seguridad!

¡Cuánta ilusión y aventura, y cuánto misterio y placer canta la locomotora marchando sobre los rieles que, como una maraña de caminos, rodean toda la Tierra.

A mí, el paso del tren me causa un sin fin de impresiones. Una de ellas nace de contemplar la augusta majestad con que la locomotora arrastra, a veces, a sus cuarenta vagones. Todos hacen el viaje pero es la locomotora la que tira.

 

Aunque estoy escribiendo en una de las publicaciones más prestigiosas del país y comparto palestra con escritores mucho mejores que yo, desconozco si, además de mi cuñado, me lee más gente. Pero aunque solo sea mi cuñado, no pienso dejar de denunciar que este Gobierno nos está metiendo en una democracia de muy baja calidad.

¡Qué fácil es hundir en la pobreza a un país!

Los socialistas ya lo demostraron en la Segunda República (1931-39) y también, tras la dictadura, lo han ido demostrando al conseguir, en poco tiempo 3 crisis económicas durante sus mandatos: 2 durante el felipismo, y otra durante el zapaterismo, todas las crisis socialistas con paros por encima del 20%.

Ahora, nuevamente, el sanchismo lo está consiguiendo, incluso con mayor diligencia que sus predecesores.

Si un Gobierno no sabe invertir el dinero de sus ciudadanos, arrastrará con su caída, a todos los empresarios, trabajadores y familias del país. Las consecuencias pueden ser aterradoras: empresas cerrando, millones de parados, familias enteras en comedores sociales, emigración masiva, etc.

La Constitución permite al Gobierno dictar decretos-leyes solo «en caso de extraordinaria y urgente necesidad«.

Pues bien, les voy a poner ejemplos de asociaciones que tienen “urgente necesidad” y han recibido ayudas con el Real Decreto-Ley del 4 de noviembre de 2020:

La YOUNG MEN ́S CHRISTIAN ASSOCIATION (YMCA), (Iglesia Protestante, con sede en Suiza) que se lleva ¡¡¡326.274,06 euros!!!, —dice Javier, un carpintero amigo mío, que con esa subvención montaría vivienda digna a todos los Sin Techo de Gandía— o la FUNDACIÓN EGUÍA CAREAGA, entidad privada que se dedica a prestar servicios de “ORIENTACION, INFORMACION”; no consta el nombre del responsable en su web. O algunas tan particulares como FEDERACIÓN DE MUJERES PROGRESISTAS. (Fundada bajo la sombra del felipismo).

En total unos  veintiséis millones y medio de euros.

No hay control sobre la efectividad de dichas asociaciones y la destinación de la subvención. El gobierno vigila más las cuentas y los empleados de una mercería de pueblo que a algunas de estas asociaciones.

La denominación de «Sin Ánimo de Lucro» que enarbolan muchas de estas asociaciones, es otro engaño más del sistema político democrático, a los ciudadanos más ingenuos. Sin ánimo de lucro no significa que sus miembros no cobren, sino que la “ASOCIACIÓN” a final de año no tenga “BENEFICIOS”, para que esto no suceda muchos hinchan sus sueldos para que las cuentas anuales queden a cero. Los que no cobramos somos los tontos voluntarios.

Sr. Sánchez, usted regala alegremente nuestro dinero, sabiendo que quien da, recibe.

Si en vez de regalar millones de euros a algunas asociaciones socialmente poco rentables, los dedicara a fomentar y facilitar el trabajo a miles de pequeños empresarios que “sueñan” con recaudar esos trescientos mil euros, el panorama laboral de España sería probablemente muy distinto.

Hay hombres que son vagones y otros que son locomotoras. Estos últimos hacen el progreso del mundo. También los demás se mueven, trabajan, pero son ellos los que les hacen trabajar.

¡Que nadie regatee a esos hombres ni fortuna ni respeto!

¡Que no se cansen nunca de hacer marchar a los demás!

 

José Enrique Catalá

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Especialista en Hª Medieval. Profesor. Autor del libro: Glosario Universitario.

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Un comentario

  1. Por decirlo de alguna manera: a las locomotoras nos van cortando las vías poco a poco hasta el punto de que acabemos como esas antiguas que colocan en una redonda o en algún parque.

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