Instagram y la falsedad

Facebook anuncia su intención de reducir la “inauthentic activity” en Instagram, mediante algoritmos diseñados para localizar los seguidores y la actividad automatizada, y amenazando con la interrupción a las cuentas que utilizan aplicaciones y servicios para obtener seguidores o Likes falsos.

Desde hace mucho tiempo, todo en Instagram es un océano de falsedad: la app a la que aún acuden los mismos jóvenes que llevan tiempo abandonando Facebook se ha convertido en un lugar cada vez menos recomendable, en el que legiones de supuestos influencers mantienen dinámicas demenciales y absurdas para demostrar desesperadamente que lo son, en una red convertida en un mercado de la falsedad, en un permanente y agotador concurso de popularidad.

Los esquemas de compra de followers y de Likes, ubicuos en cualquier búsqueda sencilla, son solo la punta del iceberg: el uso constante de patrones de follow/unfollow, las apps de administración automatizada de cuentas, las cuentas colectivas que aceptan pagos para promocionar fotografías o cuentas individuales, los comment pods organizados en redes como WhatsApp o Telegram para coordinar actividad, la permanente obsesión por alcanzar las páginas centrales de recomendación… un ecosistema profundamente malsano, repleto de falsedad y de actividades de acoso y bullying, completamente alejado de lo que fue en sus inicios.

Tener unos cuantos miles de seguidores en Instagram se convierte en la excusa para creerse un influencer, creerse “la última coca-cola del desierto”, plantarse en cualquier hotel o restaurante, y demandar comida o habitación gratis “porque yo lo valgo” o amenazando con malas evaluaciones. Niños en los colegios afirmando que de mayores quieren ser influencers.

Será la red social o será la naturaleza humana, pero la supuesta joya de la corona del imperio Facebook, la que algunos calificaron como la mejor adquisición de la historia de la tecnología, ha degenerado, bajo la gestión de la compañía que la adquirió en 2012, hasta unos límites de falsedad verdaderamente impresionantes. Seis años después, en 2018, el uso de Instagram crea auténticos monstruos.

El problema de Instagram es el mismo que el de Facebook: un conjunto de métricas que estimulan la competencia irracional, y la sensación de estar en un permanente concurso de popularidad, y un modelo de negocio consistente en la explotación de la actividad de los usuarios para revender su atención a anunciantes.

La salida de sus fundadores y de otros empleados que llevaban en la compañía desde sus orígenes refleja claramente la pérdida de la independencia de gestión que la compañía había pretendido garantizar, el proceso de fagocitosis que ha llevado a Instagram a convertirse en lo que es hoy.

El siguiente síntoma será el comienzo del abandono de unos jóvenes que, cada vez más, se declaran hartos de unas redes sociales convertidas en el imperio de la falsedad. El intento de Facebook de eliminar ciertas prácticas puede tener sentido, pero ni es una tarea fácil, ni cubre todos los aspectos y manifestaciones del problema, y es bastante posible que llegue demasiado tarde.

 

Fuente: enriquedans.com

Redacción

Digital de Información y Opinión de derecha

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