Illa, el gran perdedor de las elecciones catalanas

Sánchez ha enviado a Illa a Cataluña para poner la Generalitat a los pies de ERC. Es parte de su «pacto», es el impuesto revolucionario que Pedro Sánchez abona a los independentistas a cambio de que le permitan seguir gobernando (o desgobernando) España.

Sánchez envía a Illa a Cataluña a perder las elecciones, cosa que todos sabemos que ocurrirá. Porque aunque sea el más votado, no va a gobernar y será el gran perdedor del domingo. ¿Y no le servía Iceta para ello? Sí, pero no. Illa es una de las manchas que embadurnan la inmaculada pechera del presidente. Lo malo es que las demás son manchas negruzcas (ideología de género, empleo, memoria democrática…) y la de Illa es una mancha roja, rojo-sangre. Una mancha que se iba extendiendo peligrosamente por la blanca camisa de Sánchez, hasta hacerle parecer un exterminador. A él, al presidente más guapo que ha tenido España. Al presidente que no camina, sino desfila; al presidente que no habla, sino recita; al presidente que se aplaude para sus adentros cuando habla, mientras sus espontáneos pelotas le jalean.

Sánchez sabe que Illa, ese señor tan educado y aparentemente formal, se estaba cargando la imagen del flamante gobierno. Él, el ministro de Sanidad, el de nombre Salvador, el de los casi 100.000 muertos. Y Sánchez decidió lavar su cara, la de su gobierno, y con la apariencia de un cambio a un destino mejor, sacrifica a la reina. Poner al peor candidato posible sólo se hace cuando no hay nada que perder. ¡Ay, Salvador!, ¿Qué será de ti a partir del 15 de febrero?

Illa va a Cataluña a ponerla a los pies de los caballos. ¿Que eso lo podía hacer solito el simpático de Iceta? Pues sí, pero ahora mismo Illa sobraba en Madrid y en Moncloa hacía falta algo de alegría (que ya está bien de llantos y pandemias) y para eso nadie mejor que Iceta. Ironías de la vida, un defensor del referéndum soberanista y de los indultos a golpistas, al mando de la política territorial.

Qué oportunidad ha perdido Sánchez para poner al frente de Sanidad a algún experto, quizás a alguno de esos que llevan meses asesorándoles, ¿o no?. Pero Sánchez, el de los focos y los efectos, confía la gestión de la pandemia a una mujer que, al igual que el filósofo, ni pajolera idea tiene de asuntos sanitarios. Pero, eso sí, tiene buena imagen y parece simpática. Pobre Darias, me resulta imposible no ver en ella a una mujer florero.

Y de florero va Illa a Cataluña, a adornar con su presencia los despachos independentistas. Política de floreros y jarrones chinos (como el virus, como los cuentos que nos cuentan).

Pilar Salsamendi

Directora de Redacción de InfoHispania. Políticamente incorrecta. Licenciada en Filosofía y CC. de la Educación. Psicóloga.

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