Igualdad

¡Concho! que llegó el 8-M y yo, sin enterarme, enfrascado en mi trabajo, en la lucha del día a día. Esa fecha se ha construido como el día de la mujer, inicialmente trabajadora, luego lo hemos modificado, para bien, por la lucha de la mujer, para aunar la defensa de la igualdad de la mujer con el varón, y ahora estar transformándose en un día de belicosidad anti varones de las feminacis radicales.

En esa lucha titánica por transformar una sociedad matriarcal, en su contenido, pero profundamente machista, en su desarrollo, creo que algunos hemos estado incluso antes de que todo esto explosionase cual furúnculo.

La historia de la lucha de la mujer por la igualdad se sustenta en la necesidad de aceptar dicha equiparación a la par que se luchaba contra aquella mujer que como “encargada” de la educación de la prole era la que inoculaba el machismo a féminas y varones. Aún recuerdo como algunas madres imponían a las chicas realizar las labores de la casa, mientras se lo impedían a los hijos varones. En mi presencia sucedió algunas veces, en casas de amigos míos y cuando protesté, lo más educadamente posible, se me miró como si fuese un invertido, cuando ello era algo perseguido y, te puedo garantizar, que no fue el padre el que así me miró, sino la madre preocupada por las amistades de su hijo.

Hoy, una pandilla de desagarramantas incultos e inconsistentes intelectualmente, más próximos a la medusa que al ser humano, eso sí bien subvencionados y cubiertos de cuartos, se han inventado la chorrada de que el género es un “constructo cultural que presiona o sojuzga a los individuos que pueden cambiar su orientación sexual y sexo a su antojo por ser una sencilla imposición” sin que el sexo venga determinado y definido por los genes y la realidad física.

Si eso fuera así, el maltratador al ser detenido sólo tendría que decidir que en ese momento su género era femenino para con ello evitar la imputación absurda de violencia de género, de forma que las tortas que propinó a su mujer, como lo hizo en su faceta de hembra, serían evaluadas penalmente como un delito leve y no como un delito de violencia de género. Menos mal que sólo quedan en la estulticia mediática y la algarabía callejera…, al menos, por ahora.

Gracias a la naturaleza nacemos con iguales contenidos pero diferentes continentes, somos idénticos en facultades con diferencias estructurales que permiten que con la complementación de ambos la sociedad perviva, crezca y se desarrolle y la lucha debe de ser la igualdad del trato en iguales circunstancias, sin discriminaciones hacia lado alguno, para lo que si se habrá de modificar determinas facetas que permitan el desarrollo igualitario del varón y la hembra en aquellos periodos en los que esta última se encuentre en periodo de gestación de un nuevo ser o individuo con el que sostener la sociedad, pero ni constructos frutos del calor estival excesivamente aplicado a un cerebro débil, ni las luchas de sexos que sólo sirven para sustituir la lucha de clases superada, pueden ser los motores de dicha operación.

Yo seguiré apoyando a mi mujer, a mis hijas, ayudándolas a que no padezcan discriminación alguna, estando a su lado para remover planteamientos sexistas, inculcándoles que la igualdad es tratar igual a todo el mundo, removiendo aquellas dificultades que se le puedan poner a las personas para no competir o disfrutar en igualdad, pero que es un orgullo ser mujer, ser hombre y desarrollarse como tales, sin utilizar esto unos contra otros o servir de manipulación ideológica para unos u otros.

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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