Igualdad

Para poder hacer un análisis en profundidad, concienzudo y sobre todo, objetivo sobre esa violencia reactiva que conocemos como escraches, tenemos que retroceder al tiempo en que Podemos no existía en nuestras vidas, ni tampoco se les esperaba. Una época en que existían los nacionalismos perifericochovinistas y también la ETA, los cuales se limitaban a hacer la vida imposible a quienes fuesen heterodoxos con los dogmas de su credo, llegando en muchos casos incluso al atentado personal.

Pero fueron Pablo Iglesias y los suyos, es decir, Podemos, quienes convirtieron lo inadmisible fuera de las comunidades autónomas sin democratizar, en algo razonable y hasta aplaudible, legitimando la extorsión, el secuestro y el asesinato, como una forma nueva de hacer política. Desde entonces, el juego político, ha sido, es y será así para todos. Cada vez que la izquierda, más concretamente, la radical, llega al Gobierno, deja el país peor que estaba. Reconocer que es inmoral e ilegítimo escrachar a Cifuentes, Villacís, Abascal, De Meer, Sáenz de Santamaría o cualquier político de derechas, pues significaría concederles el beneficio de convertirlos o aceptar que son seres humanos con los que discrepar, no las bestias sin alma que hay que destruir.

Como los progres, las izquierdas no cambiarán, nace Vox y seguirá ahí. Porque, con todos sus defectos, en mi humilde opinión, virtudes postuladas en el sentido común, es el único partido que se opone con energía y vehemencia a que sus votantes sean tratados como subhumanos o seres inferiores. La empírica nos ha mostrado y hemos visto al PP de Rajoy y Casado inclinando la cerviz o «leve inclinación del cuello hacia delante», como gesto real de genuflexión hacia sus reyes, aceptando con sumisa aquiescencia de forma reiterada y cíclica, que sus votantes no sean más que dhimmíes, creyentes abrhámicos o monoteístas. Es decir, defensores del pensamiento único, en la creencia de un sólo y falso Dios. En cristiano vulgares borregos.

Personalmente, soy de la opinión de que Pablo Iglesias e Irene Montero sólo recibieron lo que merecen, crítica e insultos. Dejando de lado al periodismo lacambra, o lo que es lo mismo, el periodismo espectral o fantasma, del que su mayor representante y exponente es el paradójico y transversal Antonio Maestre. Decir alto y claro que, a esa protesta de Pablo Iglesias, de falso e inmerecido victimismo, donde dice «no hay derecho a que mis hijos tengan que sufrir las consecuencias del compromiso y las tareas políticas de sus padres». Pero nunca tuvieron reparos ni les preocupó el hijo recién nacido de Soraya Sáenz de Santamaría, o el que estaba a punto de nacer de Begoña Villacís, o los hijos de Luis de Guindos. A las personas normales, las decentes, las honradas, personas como tú y como yo, nos repugnan los acosos y tenemos una absoluta carencia de empatía, hacia los mismos. Poseemos un cerebro sin turbiedad, ni síntomas de infección o putrefacción ideológica,  por lo que esta vara mágica o doble vara de medir que utiliza la izquierda, nos parece un caso claro de egregia hipocresía. Dicho de otra forma, de inmensa falsedad.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Las siguientes reglas del RGPD deben leerse y aceptarse:
Este formulario recopila tu nombre, correo electrónico y el contenido para que podamos realizar un seguimiento de los comentarios dejados en la web. Para más información revisa nuestra política de privacidad, donde encontrarás más información sobre dónde, cómo y por qué almacenamos tus datos.

Botón volver arriba