Ignorancia y prejuicios sobre las personas dependientes

Tras años de escribir acerca de discapacidad y dependencia* y de moverme en contextos en los que este asunto adquiere una relevancia especial, constato en la sociedad una serie de puntos de vista que nada tienen que ver con la realidad vivida por estos colectivos.

Mi conclusión es que a pesar de vivir en una sociedad en la que se busca y pretende la inclusión, estamos aún muy lejos de conseguir esa situación. Mención aparte merecen los casos en los que la injusticia legal y social pone en prueba el aguante de las familias, y la salud incluso, de los afectados en primera persona.

Me indigna constatar que aquellos que no tienen ni idea del tema, tienen, eso sí, gran cantidad de ideas preconcebidas y de prejuicios contra las personas beneficiarias del sistema español de dependencia, por ejemplo. Y los prejuicios que constato día a día son los siguientes:

1) La persona dependiente es vista por un sector de la sociedad como alguien privilegiado, en cuanto que «goza» de beneficios asistenciales y/o económicos. Cuestión aparte es que esos «beneficios» nunca le lleguen, aunque se le haya reconocido el derecho a percibirlos.

La gente que opina de este modo debería darse una vuelta por un centro residencial para personas asistidas y grandes dependientes, para ver «la suerte» que tienen.

2) El colectivo de personas dependientes, en el marco de la España hundida económicamente, es visto por muchos españoles como una carga para el bolsillo colectivo, aunque sobre todo para el bolsillo propio. Muchos opinan que por ese espacio se nos van los dineros y luego «estamos como estamos». Por supuesto, consideran que hay que recortar cuanto antes ese despilfarro.

3) Un prejuicio relacionado con el anterior tiene un tinte discriminatorio, cuando no nazi. Personas dependientes son metidas en el mismo saco que: gitanos, inmigrantes, etc. Colectivos que, según el sentir general, aspiran a «vivir del cuento» y a disfrutar de privilegios que no se han ganado mediante la cotización a la seguridad social o los impuestos.

4) Otro matiz injusto afecta en este caso a los familiares de las personas dependientes. Con una frivolidad pasmosa son criticados si ingresan a su familiar en una residencia. Existe el prejuicio de que lo que quieren es «quitarse el muerto de encima» (sé que la expresión es horrible, pero así la oigo a diario y como tal lo reflejo)

Quienes así opinan deberían saber que tras la decisión de ingresar a alguien en una residencia o centro de atención hay un drama, hay un sentimiento de culpa que no resuelves en lo que te queda de vida, aunque lo haces convencido de que es lo mejor para esa persona, que necesita unos cuidados que es imposible dispensar en el hogar. Y, además, cuando alguien está enfermo es hospitalizado y nadie se lleva las manos a la cabeza si debe ingresar para curarse, pues el caso es el mismo. Las personas dependientes ingresan en residencias para recibir atenciones sanitarias. ¿O no las merecen?

5) Otro tema es la idea preconcebida de que la situación de dependencia se la reconocen a cualquier «listo» que la pida y por ello, se concede de un modo arbitrario. La idea de que, por ejemplo, se la dan a personas por el hecho de ser ancianas y, claro, lo consideran injusto. Y lo sería si fuera cierto, pero no lo es. La realidad es que alguien debe estar extremadamente mal y ser incapaz de valerse por sí mismo para que le reconozcan esa situación. Y se valora a la baja, por cierto. Cuesta mucho y a veces hay que reclamar para que le reconozcan a uno la realidad de su situación.

6) Finalmente está la «dureza moral» que es una característica de personalidad que tienen las personas insensibles, egocéntricas, aquellos que carecen en absoluto de empatía. Y estos son los más peligrosos. Estos dicen: «si a mí nadie me ayuda, ¿por qué se tiene que ayudar a otros?» «yo cuidé de mis padres sola, por tanto, que cada palo aguante su vela»

A estas personas yo les diría que si son capaces de cuidar solos a alguien es que esa persona no tiene una situación de gran dependencia. Ninguna persona, absolutamente ninguna, puede cuidar sola a un gran dependiente.

Otro asunto que habría que aclarar a miles de ciudadanos es que un anciano no es dependiente por el hecho de ser anciano. Dependiente no es anciano, no es persona mayor. Una persona dependiente puede tener meses de vida, puede ser adolescente, adulto y anciano, por supuesto. Y cuanta más edad tenga la persona, más imposible es que alguien solo puede atender sus necesidades. Hacen falta varios cuidadores, no simplemente un hijo. Es posible que, como en el prejuicio nº 1, lo que hay detrás de ello es la ignorancia.

Y la ignorancia es atrevida. Y peligrosísima.

 

*Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia.

Pilar Salsamendi

Directora de Redacción de InfoHispania. Políticamente incorrecta. Licenciada en Filosofía y CC. de la Educación. Psicóloga.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Las siguientes reglas del RGPD deben leerse y aceptarse:
Este formulario recopila tu nombre, correo electrónico y el contenido para que podamos realizar un seguimiento de los comentarios dejados en la web. Para más información revisa nuestra política de privacidad, donde encontrarás más información sobre dónde, cómo y por qué almacenamos tus datos.

Botón volver arriba