Historiografía, antítesis de la propaganda

Desde hace ya 81 largos años se nos ha venido contando o transmitiendo, que unos militares fascistas se alzaron contra un paradigmático régimen democrático, al cual derrotaron con la ayuda del fascismo italiano y alemán. El típico y famoso esquema de buenos y malos, que rebosa mendacidad por todos los costados. Sin ánimo de hacer de este párrafo una perogrullada llena de pleonasmos, recordaré por quien estaba compuesto ese paradigmático régimen democrático; marxistas-leninistas = estalinistas, racistas del PNV, golpistas de ERC y esos satélites ácratas jacobinos y nihilistas, que formaban los anarquistas CNT-FAI. Como se puede apreciar la «jet set» de la democracia. Con una gran similitud o analogía a nuestro gobierno actual.

Ni estos simples lysenkos ni sus sumisos e ignaros potenciales seguidores, ni los holigans e ignaros lectores de su ficticia hagiografía, se han preguntado nunca por qué la CEDA, supuesta representante de los elementos más retrógrados de esa oligarquía caciquil y explotadora, llegó a conseguir más votos que ningún otro partido de ese conato de frente popular tan sumamente «democrático» en las elecciones de 1933, después del primer bienio de gobierno republicano por el mismo. El cual, lo justificaba con una argumentación, mediocre, soez y sobre todo falsaria, como que la gente estaba engañada, pero ¿cómo podía dejarse engañar sufriendo los desmanes de los explotadores a diario, teniendo en la mano toda la información de la masiva y clarificadora propaganda de los partidos obreros y progresistas?.

Mi personal elucubración de forma objetiva sobre la mucha documentación existente por un lado y el sentido común por otro, hace que llegue a formarme una pequeña opinión personal, expuesta en una tesis recapituladora sobre este molesto pero necesario asunto. La empírica nos demuestra que los dos primeros ciclos republicanos no fueron una buena opción para sustituir la restauración. Debido a la demagogia e inmenso ego de sus líderes no se pudo asentar una convivencia en paz y libertad. El tercero de estos ciclos comienza con esa turba de vulgares lysenkos, conocidos como Frente Popular, el cual propicio y perdió el conflicto civil.

La segunda República puede considerarse como el último efecto del fracaso del régimen liberal de la restauración. Por el contrario, el franquismo muy a pesar de las invenciones de la izquierda, trajo inherente una prosperidad creciente y una serie de libertades de las que antes carecíamos, por mucho que pese a los lysenkos, lo nieguen y no quieran reconocerlo.

Después de la crisis moral de 1898, se puede aseverar que el fracaso de la restauración recae en los movimientos mesiánicos y desestabilizadores (socialismo, anarquismo y separatismos). Con tales amigos, ¿quién necesita enemigos? Estos últimos, enemigos confesos de la restauración, traen consigo una crisis revolucionaria, provocando el pronunciamiento de Primo de Rivera, un pronunciamiento atípico al que la sociedad española saludó y dio la bienvenida con cierto alivio. Una dictadura muy ligera y promotora de la época más rápida de modernización del país. Aunque tengo que reconocer que políticamente fue del todo estéril.

La marcha del dictador después de 6 largos años, dio paso a la II República, cuya legitimidad es debida a la quiebra moral de la monarquía que les entregó el poder. Recordar que este cambio de régimen nace de unas elecciones MUNICIPALES que además perdieron los republicanos. Lo que se conoce vulgarmente como pucherazo o pronunciamiento inerme. Una república que fue acogida con ilusión, esperanza y agrado, sentimientos estos que pronto se volatilizaron y desvanecieron al ver el protagonismo y poder ejercido de una forma despótica por los revolucionarios, jacobinos y separatistas, los mismos que habían arruinado la restauración y en lógica consecuencia a España de forma reiterada.

Las primeras consecuencias de esta turba de lysenkos, una parte de lo que luego sería el frente popular del 36, fue demostrar su escasa valía, y ya en el primer bienio se caracterizaron por un elevado índice de rebasar la legalidad, una creciente violencia, represiones brutales y una vulneración absoluta de las libertades. Las consecuencias de este despótico régimen dieron como fruto el poder a las derechas para el segundo bienio, hecho este que no aceptaron las izquierdas y entre los socialistas, nacionalismo catalán y jacobinos, protagonizaron el sangriento asalto o pronunciamiento de Octubre de 1934, definiéndolo como una guerra civil. Por lo que se presume que esta es la verdadera fecha del comienzo de nuestra cruenta y aciaga guerra civil. Valga la redundancia.

Qué verdad es que el ser humano es el único animal que tropieza dos o más veces con la misma piedra. Después de haber sido derrotados en el 34 y de no haber aprendido nada, tras unas anómalas y fraudulentas elecciones en febrero del 36, llega al poder el conocido como frente popular, liquidando la Constitución de facto y de forma rápida y arbitraria mediante un proceso revolucionario en la calle y una permanente y descarada ilegalidad desde el gobierno. Muy a pesar de la propaganda de los malos historiadores o simples novelistas de la progresía de izquierdas, a los que en esta reflexión me refiero como a parte de los lysenkos. Esa derecha «fascista» injustamente defenestrada por los últimos, no respondió con violencia a estas provocaciones, respetando la legalidad republicana y lógicamente lo que quedaba de democracia.

De lo arriba expuesto, se deduce que el pronunciamiento de julio del 36, no se hizo contra la democracia, pues la legalidad democrática de la II República se rompió con la llegada al poder del frente popular en el 36 y con el posterior pronunciamiento de los nacionales en julio del 36, ya no quedaban demócratas en España. Por lo que fue contra un proceso revolucionario y los reiterados abusos de poder del Gobierno, intolerables en cualquier régimen de libertades. Por lo que se presume de una forma más que veraz, que no fue la guerra la que destruyó la democracia, porque antes la habían destruido las izquierdas y los separatistas, principales y únicos responsables o causantes de la Guerra civil. Muy al contrario de las erróneas tesis de los lysenkistas, fue una contienda entre revolución y contrarrevolución, no entre demócratas y fascistas. De creer lo segundo, la democracia en España habría estado en las buenas manos de Stalin y sus protegidos. Siendo honestos, esta pretensión ya define su «honradez» «per se» o en sí misma.

A partir de aquí llega el franquismo, una dictadura autoritaria, incomparablemente mejor, con todos sus defectos, que todas las totalitarias a que han aspirado con una sincera y gran empatía las izquierdas españolas. Por mucho que trate de negarlo el sanchismo, cuyo ego y supuesta superioridad moral, le hacen erigirse en el mesías de los buenos. La verdad es que el franquismo derrotó a la revolución, libró a España de la II Guerra Mundial y acabó con el conato o intento de resucitar la Guerra Civil (el Maquis), apaciguando los viejos odios y dejando un país próspero, creando las bases de una democracia mucho más estable y real que la República.

Ni el franquismo ni su oposición eran mayoritariamente democráticos, por lo que la transición fue posible gracias a una evolución dentro de la dictadura de un sector liberal y reformista. Aunque tuvo una fuerte oposición de los que aún se identificaban con el Frente Popular, los cuales hacían una beligerancia proselitista y visceral por su ruptura. Una ruptura, que a Dios gracias fracasó, y que finalmente tuvieron que aceptar. Desde entonces, los mayores peligros para la democracia han sido el terrorismo, los diversos grados de complicidad con él en varios partidos, el terrorismo desde el gobierno, las oleadas de corrupción y el sostenido de un insondable socavamiento de la independencia judicial y de la propia Constitución.

Aunque parezca una anacronía, no lo es, la prueba más evidente es nuestro actual gobierno, compuesto por los descendientes de los lysenkos pretéritos, los cuales han resucitado el nocivo y espectral Frente Popular de antaño, para seguir falsificando la historia tratando de recuperar odios del pasado, amenazando a sus disidentes al amparo de los privilegios que les otorga el poder. Provocando una grave crisis de convivencia en paz y en libertad conseguida con muchos años de sacrificio después del franquismo.

Esta elucubración o hipótesis personal, es una recapitulación o resumen de lo que para mí es historia postulada en la historiografía y no simple propaganda partidista y subjetiva. O «Memoria histórica y democrática». Como dije anteriormente, es una hipótesis personal sacada de la muchísima documentación existente al respecto. Por lo que el lector honesto y curioso puede empezar ampliando su abanico de lectura, recurriendo a todos los historiadores sin excepción, no quedándose estancado sólo en la propaganda de los lysenkos.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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