AutoresColaboracionesMª José Gómez BusóOpinión

Historia de un sindicalista

Trabajaba en una empresa en la cual entró por ser hijo de su padre (de profesión perro); el padre del susodicho entró a trabajar por ser de la misma provincia que el dueño de la empresa, y así por afinidad territorial entró a formar parte de la plantilla.

Primero se empleó al hijo mayor del perro, que por arte de birlibirloque desapareció al cabo de unos años, más tarde fue su yerno, le siguió el figura al cual nos referimos y finalmente la nuera, absolutamente todos eran hijos y yernos del perro. No daban ni chapa, pero vamos a centrarnos en el sindicalista.

En tiempos de la mayor crisis del textil la empresa atravesaba muy malos momentos, había sido una empresa modelo y jamás se había retrasado en el pago, que por cierto nunca hizo por transferencia bancaria sino siempre en dinero contante y sonante.

Por aquel entonces había un sindicalista muy buena gente y que siempre llegaba a buen entendimiento con la empresa, que por aquel entonces sí se retrasaba algunos meses en el pago de sus salarios.

Nuestro protagonista logró echarlo del puesto, y se erigió enlace sindical haciendo una campaña engañosa del prestigioso sindicato CCOO.

La empresa iba pagando como buenamente podía hasta que logró ponerse al día y remontar de la maldita crisis, pero lo que nadie sabía, ni la empresa ni los mismos compañeros, era que el sindicalista había denunciado a la misma por falta de pago.

Tanto la empresa como los compañeros quedaron perplejos por tamaña tropelía, después de haberle consentido enfermedades ficticias, retrasos en la hora de entrada, llamadas telefónicas a cargo de la empresa y escasez de trabajo.

Se celebró el juicio y lo ganó el sindicalista alegando que la demora en el pago le había sumido en una depresión, pérdida de peso, insomnio y ansiedad. Con el sindicato hemos topado, se autodespidió de la empresa que le había dado trabajo a él y a toda su familia perruna, con el bolsillo lleno cuando la empresa hacía meses que no le debía nada.

Estos son los beneficios de ser sindicalista. Aunque a mí me gusta más el apelativo de «barrigas agradecidas sin ningún tipo de honradez».

NO LE IMPORTÓ NUNCA NI A ÉL, NI A SU PRESTIGIOSO SINDICATO, LA SUERTE QUE PUDIERA CORRER LA EMPRESA NI SUS COMPAÑEROS, POR TAMAÑO DESEMBOLSO.

Mª José Gómez Busó

Jubilada de 62 años, sin pelos en la lengua. Demasiado sincera, escribo por afición y soy autodidacta. Mi frase favorita es: "Ladran, luego cabalgamos". Me encanta el patchwork, técnica que domino, y escribir relatos cortos.

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