¿Hijos?¿Para qué?

Admiro tanto a esos matrimonios con dificultades para tener hijos y la dura batalla que libran para vencer esa dificultad, que cuando llego a una reunión donde matrimonios «jóvenes y económicamente holgados» sostienen que es mejor no tener hijos porque la vida es muy complicada y no se la quieren complicar más, se me cae el alma a los pies. ¿Están fallando los cursillos prematrimoniales?¿realmente saben los jóvenes (y no tan jóvenes) el significado de contraer matrimonio, las obligaciones y deberes que conlleva? Nunca es tarde si la dicha es buena y tras esta reflexión, ojalá algunos sientan la necesidad de saber más.

Hoy muchos padres jóvenes creen tener «derecho” a vivir un matrimonio cristiano de espaldas a la procreación. Viajar, desarrollarse profesionalmente, vivir sin apreturas…en definitiva, no comprometerse con un objetivo superior que exige un grado de compromiso y tolerancia al sacrificio que no casa con la actual sociedad de consumo.Me pregunto, ¿para que se casan entonces? Hasta donde yo sé, para “dormir calentito” o tener un compañero (o compañera) de viaje no hace falta casarse. ¿Postureo? ¿inercia? ¿desconocimiento del sacramento? ¿realmente se puede lograr el pleno desarrollo personal en el matrimonio si se excluye el fin procreador?

Fines del matrimonio católico

Los fines del matrimonio católico son la entrega y ayuda para conseguir un desarrollo pleno del cónyuge y la concepción y educación de hijos para contribuir así a la Obra de Dios.

El hombre y la mujer fueron creados sexuados y por ello sienten una atracción mutua que los lleva al acto conyugal, concebido para cumplir las funciones unitiva y procreativa.

“El amor que lleva a un hombre y una mujer a casarse es un reflejo del amor de Dios y debe ser fecundo”    (Cfr. Gaudium et Spes n.50)

El Derecho Canónico establece el matrimonio como una institución con unos fines que se deben cumplir, fines tan esenciales que, la falta de alguno de ellos por voluntad de los cónyuges, puede hacer considerar el matrimonio nulo…y precisamente la procreación y educación de los hijos se establece como fin primario

“El matrimonio es el acto por el cual un hombre y una mujer se aceptan y entregan mutuamente, de una manera personal y total, para formar una comunidad de vida y amor, que los haga realizarse complementándose y uniéndose como personas, así como en su fecundidad como padre y madre”         Canon 1055.

 

Perversión de conceptos

Es práctica actual pervertir el lenguaje y por ello tendemos a cambiar el significado de las cosas adaptándolas a nuestra comodidad. Esta nefasta práctica es fruto de la sociedad de consumo y bebe de la natural tendencia humana a la autoprotección y comodidad, huyendo de la generosidad que supone estar dispuesto al sacrificio como lo estuvieron nuestros padres.

La palabra “matrimonio” proviene del latín “matris” (de la madre) y “munium” (gravamen o cuidado), pues se considera que es la madre la que contribuye más (de forma natural) a la formación y crianza de los hijos.

No existe el matrimonio si se evita la procreación, pues el mismo hecho de casarse “por la Iglesia” lleva implícito la obligación de intentar procrear. Sí es posible determinar el número de hijos que se intentarán tener, siempre tras un profundo proceso de discernimiento y consulta, basado en una paternidad responsable. Sin olvidar una palabra: PROVIDENCIA.

Conclusión

Fin primario del matrimonio es la procreación y educación de la prole y debemos aceptarlo y compartirlo si nuestra opción es el matrimonio católico. Ayuda este fin a que se cumpla la  otra parte de la ecuación, la entrega y realización mutua, elevando así la dimensión horizontal y frágil del amor humano hacia Dios, Pilar y Roca de la institución. Dotemos nuestro matrimonio de Trascendencia.

El hecho de que en España haya habido más muertes que nacimientos debe hacer que nos planteemos hacia dónde queremos ir y qué vamos a hacer para contribuir en ese camino. Están en juego las generaciones futuras.

Probablemente el error está en ver a los hijos como un problema en lugar de como una bendición. Puedo asegurar que las satisfacciones que dan los hijos son mucho mayores que las que dan los viajes, cenas y demás capítulos consumistas temporales por los que la miseria humana los pretende sustituir. Aunque más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena, el amor que no se da se pierde y no vuelve. Pensemos en grande. Busquemos la Eternidad.

Antón de la Puerta Domecq

Burke dijo que “el mayor error lo comete quien no hace nada porque sólo podría hacer un poco”. Por eso mi afición a escribir me ha llevado a intentar aportar mi granito de arena en la lucha contra la progresía y el marxismo cultural. Me limito a simplificar temas complejos para intentar hacerlos accesibles al mayor número de personas posible, sin más pretensiones. Ojalá consiga hacer reflexionar a uno solo de mis lectores. España y los españoles merecen que le quiten la venda de los ojos…volvamos a los Valores!!

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Un comentario

  1. Los cursos prematrimoniales -y he sido catequista de la Iglesia Católica y soy católica practicante- nunca han servido para nada. En estos tiempos actuales, aún menos. Están tan fuera de la realidad social y vital que va a vivir la pareja que sirve al futuro matrimonio lo mismo que estudiarse su horóscopo, o sea, nada.

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