Filosofando

Si ser liberal es defender las libertades y ser antiliberal, o lo que es lo mismo, ser progre de izquierdas, no hay ecuación que dilucidar o que resolver, la cuestión debería ser clara. El progre de izquierdas defiende unas políticas asociales o pseudosociales, pues desquician la economía de cualquier país y no mejoran en nada la suerte de los humildes. Los antiliberales defienden la igualdad, ¿qué igualdad? ¿la del mismo color de pelo?, ¿la del mismo número de zapato?, eso no es igualdad, es ideología. La verdadera igualdad es la sustentada en la justicia, es así y sólo así, como se consigue una real y verdadera libertad.

Me explico, primero se legislan o se crean unas leyes o normas que tenemos que cumplir todos sin excepción, y en el supuesto de que alguien las incumpla se le aplicará la sanción coercitiva correspondiente.

La progresía de izquierda o los antiliberales priman la especulación a la práctica, la teoría o teórica a la praxis. Es decir, la utopía a la realidad. Son mentes vulgares, mediocres y abstractas.

En cada persona hay un filósofo, pues la filosofía lo debate todo, sin libertad no somos más que borregos, más que hombres-masa dirigidos por lobos, lo que deja claro nuestro aciago y cruel destino.

Los antiliberales o progres de izquierda son los garbanzos podridos de los cocidos, sin hacer pleonasmo para evitar caer en perogrullo, creo que todos sabemos lo que se hace con este tipo de garbanzos.

Recurriendo a la metafísica y expresado de una forma eufemista, hay que ahondar hasta llegar a su génesis o época más arcaica, atravesando las barreras arcanas que tengan como muro protector, erradicando o cortando de raíz.

A modo de efemérides, contaré una respuesta de Dolores Ibarruri (Pasionaria), en una entrevista con el cónsul noruego en España, en el cuartel general de la primera, creo entre 1936 y 1937, cuando este le preguntó por una futura convivencia de las dos Españas al término de la guerra. Pasionaria respondió tajante y firme: «eso es imposible, sin el exterminio de una por parte de la otra». Lo que deja claro que el liberalismo representa la verdadera generosidad por creer en la libertad de sus oponentes o disidencia.

Para ofrecer verdadera igualdad y en lógica consecuencia libertad, tienes que creer en las libertades de tus oponentes o los que más desprecias, de lo contrario no eres igualitario, ni justo, ni amigo de las libertades.

Los liberales somos demócratas por filosofía de vida, pues las circunstancias de la vida son los diversos y diferentes dilemas que van surgiendo con sus diversas y diferentes posibilidades, la elección de las últimas, la ejecuta el carácter de la persona en cuestión.

Si anhelamos la verdadera libertad, hay que decir No, a seguir en alegre contubernio con la antítesis de lo que la palabra «LIBERTAD», significa y representa.

Hagamos un cocido sano, rico y apetecible, desechemos los garbanzos podridos y añadamos unos sacramentos extras para suplirlos. Desechemos todo lo nocivo para alinear una sana convivencia, desechemos esa progresía de izquierda, nacionalismos populistas, secesionistas y fragmentarios, y a esos anarcosatélites que pululan alrededor de los anteriores y reales cleptómanos o amigos de lo ajeno.

La ecuación no es complicada, lo que hace falta es actitud, trabajo, constancia y coraje, sobre todo coraje, ese que te produce, que te da, la adrenalina empujada por un lógico y justo instinto de supervivencia.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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