Feminismo ideológico o natural feminidad

La mujer es la señal identitaria más evidente de la existencia de Dios. Es Eva en cada una de sus diferentes y diversas manifestaciones, en metafísica es la pura vida, con ella el todo, sin ella, el vacío o la nada.

Ella, la mujer, es la estabilidad, el orden, postulados en la norma o la ley, es feminidad en estado puro. Es la que, con una inocua e ingenua y altruista generosidad crea el adanismo, un adanismo que termina manchado con las palabras de esas revolucionarias sin revolución, cuanto menos, heterodoxas de su sexo y  los silencios del resto del mismo. Creando su antónimo natural, su antítesis, al que conocemos como: cainismo, mediante eso que definen como políticas correctas.

La mujer descubre al hombre dándole todo, incluyendo el sagrado rito ceremonial, preparándolo para ser digno de cualquier mujer, una mujer que sueñas y un día es una realidad, un regalo con el que perpetuar la sabia conducta natural y biológica.

Como en todas las cosas también aquí existen las taras o defectos, que no por ser naturales, ya que es obvio que se dan en la naturaleza, no dejan de ser, como digo, taras o defectos dentro de la misma.

Ese pseudofeminismo carente de feminidad y en lógica consecuencia también carente de las grandes e inigualables cualidades de cualquier y verdadera mujer, son las mismas que hacen apología de la perversión más déspota y rastrera.

Con unos postulados que sobrepasan con creces los límites de lo natural y biológico, convirtiéndose en vulgar ideología, culminándose en un apoteósico totalitarismo de barbarie e imbecilidad, negando de forma descarada y confesa las sagradas leyes de la creación, como son las marcadas por la biología y la naturaleza.

Este falso feminismo intenta cambiar abiertamente una feminidad heredada y lógica por una aberrante utopía, esa de una mujer masculinizada y un hombre feminizado.  Dicho de otra forma, crean una nueva realidad cimentada en la esquizofrenia y el delirio.

A este pseudofeminismo, del que sin duda esta turba de ideologías nacidas viles y posteriormente canallas por ese adoctrinamiento en su crianza, con unas mentes turbias y espesas culpando al hombre de todos sus males, simplemente por razón de sexo, convierten al resto de las mujeres en un intolerante y antisocial espécimen, el cual derrocha maldad a demanda y por doquier.

Sus líderes, megalómanas y mesiánicas, son vulgares cuerpos y mediocres mentes de desecho con un corazón infecto lleno de pus, arterias de odio y cerebros fosilizados en una prehistoria ahora extinta e inexistente. Esa fatua y totalitaria ministra de igualdad, Irene Montero y su «Sola y borracha quiero llegar a casa», fomenta y da un innecesario e injusto pábulo a una apología espiritual de una ya pandemia feminista que sobrepasa la real y catastrófica pandemia viral que padecemos y denominamos como coronavirus.

Personalmente soy de la opinión de que realmente persiguen un objetivo diferente, ese de solas y borrachas queremos llegar a esa casa que nos proporciona nuestro macho-alfa de extrema izquierda al que todo le está permitido, el cual nos proporciona poder, voz, estatus social, con unas visa black, respaldadas en altas cuentas corrientes y la ocupación de unas dachas o palacetes, sólo dignas de la más alta aristocracia, esa misma que criticaban no hace tanto tiempo.

Sé que estas palabras, salidas de una profunda reflexión y expresadas como una hipótesis u opinión personal, son el grito en silencio de muchas y verdaderas mujeres y espero que a las sumisas a esa ambigüedad aquiescente, que les otorga y en cierta forma impone, la demagógica retórica de estas meras impostoras, les haga reflexionar y saquen de sus entrañas de forma continua, intensa, es decir, con una visceralidad postulada en el sentido común, nunca en el odio, su hermoso legado, heredado de generación en generación desde la creación.  Una feminidad virginal, ingenua e inocua que poseen todas y cada una de las verdaderas mujeres. Esas mismas mujeres que, a día de hoy, siguen presas de sus complejos, de las modas y estereotipos, que les venden esas vulgares ideólogas como son nuestra ministra de igualdad, los miembros femeninos de nuestro gobierno y la esposa de nuestro presidente en la actualidad.

Las cuales demostraron sus verdaderos objetivos poniendo en serio riesgo la vida de muchas personas en nuestra sociedad, por su obsesión de imponer una ideología, un pensamiento único, camuflándolo como una forma de feminismo con el que viven como auténticas marquesas. Al citarlas a un evento ideológico social masivo, con un alto y grave riesgo de posterior mortandad, bien de forma directa o colateral que este suponía en las circunstancias actuales.

No quiero hacer astillas del árbol caído, pues muy al contrario de estos rastreros populistas totalitarios, mi moral y educación no me permite aprovechar las desgracias sociales para hacer retórica demagógica. Pero si ya teníamos el virus en España antes de este acto populista e ideológico, y sabíamos de sus nocivas y mortales consecuencias por los chinos e italianos. Este llamamiento es ¿ignorancia u homicidio? ¿No hubiese sido más lógico la suspensión del citado acto en este momento tan crítico?
Ahí lo dejo, un dilema, que si eres decente y honrado y sobre todo objetivo, no te dejará indiferente, pues la sociedad española ya ha sufrido la ideología de bastantes incapaces, corruptos, prevaricadores y ya puestos, de diversas y diferentes formas de dictadura, hayan sido de una forma directa y confesa o de esta nueva forma, la creada por la progresía marxista de izquierda, esa nueva dictadura silenciosa.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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