Fatuidad y egoismo

Parece ser que al desalmado y despótico vicepresidente Iglesias, en el desempeño de sus muchas y diversas funciones en este gobierno de incapaces, se le ha encendido una bombilla dentro de su cabecita y por el mismo precio, ha decidido culpar de la crisis creada por la pandemia viral que padecemos todos los españoles, además de a Franco -como era de suponer-, a la Monarquía.

En lugar de dimitir por sus continuos y reiterados errores al mando de carteras que no se sabe muy bien qué contienen, por su ambigüedad y nueva creación, como la cantidad de bolsillos de cualquier traje hecho a medida, debido a su falta de patriotismo, de respeto y su egocéntrica fatuidad, postulada en el más rastrero de los egoísmos, hace apología del odio y la violencia ética y moral hacia la monarquía. Una monarquía que es su mayor anhelo y también su más grande frustración, pues como Jerjes, el despótico Rey-dios persa, aspira a conquistar su mundo, que no es otro que aquella España republicana del frente popular.

Lo hace de una forma descarada y rastrera, como es costumbre en personajes de esta ideología, aprovecha las desgracias ajenas para divulgar su retórica fascista y falaz, en unos discursos supuestamente para aliviar el dolor en esas víctimas por las mencionadas desgracias y acaban siendo la campaña ideológica personal de un ególatra y demente dictador.

No tiene alma, conciencia ni vergüenza; en vez de reconocer y rectificar sus continuos y graves errores, falta reiteradamente al respeto a una sociedad condenada al ostracismo de los derechos y de las libertades, haciéndola presa de ese Gulag, en el que él y sus socios de gobierno han convertido la España contemporánea.

Sus discursos son de una demagogia populista que intoxica a la opinión pública, politizando el dolor de esta última, para que ese dolor se convierta en propuestas, las suyas, con las que poder cambiar la realidad.

Su verdadero objetivo es derrocar la Monarquía e instaurar una tercera República, por lo que pretende liquidar o erradicar la Monarquía. Si utilizamos el sentido común, no podemos permanecer ni equidistantes, ni ser aquiescentes frente a este descarado y confeso pronunciamiento o golpe de Estado.

Poniéndonos en su piel, ¿no habría que empezar por liquidar o erradicar a Podemos por esa ambigua, oscura y cierta financiación por democracias o narco dictaduras como son la iraní y la venezolana? O a ese partido de los cien años de honradez, verdadero y único creador de la estructura de ingeniería más grande de prevaricación y corrupción de la historia de España, PSOE.

Pero ya puestos y de sentido común, ¿no sería conveniente erradicar esas taifas, que son las autonomías, en todo su conjunto, que no son más que una gran cloaca de despilfarros, traiciones y corrupciones con nombres y apellidos. Unos despilfarros que han llevado nuestro dinero al lugar a donde expulsamos nuestras necesidades fisiológicas con tanta alegría y que en estos momentos de crisis y carencias vendrían muy bien en forma de hospitales y otros medios para los ciudadanos por la imperiosa necesidad de las circunstancias.

Esta reflexión no es partidista, ni de subjetiva ideología, es de sentido común, y de una solidaridad altruista que seguramente no tienen los disidentes de la misma. Hecho este que nunca reconocerán y que justificaran argumentando con el descalificativo, aplicando esa táctica de la adúltera que consiste en hacerte creer lo que te dicen y no lo que tus propios ojos ven.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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