Fascismo en estado puro

Estos días de tiempos estivales impuestos, por esos supuestos o entre comillas, demócratas, que tenemos como gobierno y sus -en mi humilde y modesta opinión-, analfabetos integrales, que sin duda son sus potenciales votantes o afines, los cuales utilizan el descalificativo como único argumento válido para justificar las totalitarias políticas de esos mesías o pastores, que siguen como vulgares borregos. Quiero hacer a forma de cura de humildad, desde mi modesta y seguramente inmensa ignorancia, una aclaración a modo de patente de corso, es decir, por ese derecho a decir lo que me de la gana y que definiré como libertad de expresión, siempre argumentada de una forma objetiva, constructiva y veraz, intentando un fácil entendimiento por parte de esas adoctrinadas conciencias monocolor y de mediocre cultura en todos los campos o ámbitos, que sin duda poseen, los anteriormente citados.

Por lo que, sin más preámbulos, podaré las ramas de este árbol, refiriéndome al presente escrito de una forma parabólica e iré al núcleo o centro de la cuestión, la que me ha llevado a plasmar estas letras a modo de reflexión, opinión o hipótesis personal.

«Fasces» palabra proveniente del latín «fascis», 《Haz o manojo》, en aquella época, en la antigua Roma, se refería al haz de lictores que definiremos como la unión de 30 varas, generalmente de abedul u olmo, una por cada curia, (subdivisión en tribus). Estas 30 varas, estaban unidas ritualmente, por una cinta de cuero rojo, formando un cilindro que sujeta un hacha común o un labrys, (Hacha de doble filo).

Era usado como emblema militar y su significado era el siguiente: 《La unión hace la fuerza》, pues lógicamente, es más fácil quebrar una vara que un haz de ellas ,y el hacha simboliza la justicia, una justicia implacable, rigurosa y despótica, sobre la vida y la muerte. Aplicada de facto y de una forma arbitraria.

Benito Mussolini, fue el único absoluto creador y promotor de la resurrección de la grandeza imperial de la antigüedad romana. Entre 1922 y 1945 su gobierno fascista, trató de aproximar a la ciudad de Roma a la sociedad italiana, un proyecto de estructura arquitectónica de dicha ideología o movimiento, reinventando su pasado histórico y la sacralización, (atribuir carácter de sagrado a lo que no lo tiene), del mito de la romanidad.

El promotor único y absoluto del fascismo, Benito Mussolini, fue sin duda el artífice de unas políticas de masas dirigidas a consolidar la hegemonía del mismo, mediante una imagen urbana que ofrecía imágenes inconexas o carentes de una conexión, atadura, relación u analogía lógica y de unas falsedades descontextualizadas de la realidad. Por lo que podemos aseverar que, el adjetivo fascista, no deriva del sustantivo fascismo, sino que lo ha precedido, por el sustantivo fascio, (haz). En el lenguaje político italiano, este se usaba sobre todo en el período decimonónico o referente al siglo XIX, como sinónimo de asociación a la izquierda republicana y popular.

Se dividía en dos grupos: se denominaba fascios tanto a los obreros de la Italia del norte como a los trabajadores sicilianos decimonónicos o de finales del siglo XIX. Se cree que es en base a estos últimos, cuando en 1893, se usó por primera vez el adjetivo fascista.

Después de lo arriba expuesto, matizaré de forma rigurosa y firme que el sustantivo fascismo y su adjetivo fascista nacieron como una reacción autoritaria a ese fascismo totalitario y encubierto que fue el marxismo en cada una de sus diversas y diferentes manifestaciones, ya sean el socialismo, comunismo, y sus acólitos socios, los nacionalismos periféricos o secesionistas y particularistas, etc. Por la que los únicos movimientos fascistas como tales en la historia de la humanidad, han sido el marxismo, más concretamente el comunismo, el socialismo bolchevizado, los nacionalismos particularistas por un lado y por el otro, el nacionalsocialismo alemán o «Nazismo», y el fascismo italiano o los «Fascios» .

A día de hoy,  todo lo que no sea hablar con propiedad, es decir, llamar a las cosas por su nombre, es descalificar. Por lo que aclararé quien es fascista por convicción o ideología, es decir, verdaderamente fascista o por el contrario, quien lo es de una forma falsa o como calumnia, descalificación o insulto.

En la España contemporánea, hay un fascismo en la sombra, un fascismo disfrazado o con distintos ropajes, pero sin duda, un fascismo real y es el de los progres de izquierda o diversas manifestaciones del marxismo y el de los nacionalismos periféricos o secesionistas. Todo lo que esté en las antípodas de las ideologías citadas en este párrafo, son su antónimo o antítesis. Por lo tanto, tildarles de fascistas es insultarles.

Recordar que los términos o adjetivos, de ultra, extrema o mismamente fascista, son vulgares neologismos acuñados como descalificativos por la izquierda hacia su disidencia ideológica, tras la caída del eje o tercer Reich en 1945, con el único objetiv  de que las generaciones de aquella época y sobre todo, las futuras, olvidasen la verdadera esencia u origen de su totalitaria y genocida ideología.

Un pecado original del que se avergüenzan y que revierten sobre su disidencia ideológica a modo de descalificativo de forma falaz, en unos discursos de retórica populista y demagógica, donde se habla mucho para al final no decir nada.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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