Estúpidos, inmorales, totalitarios e ilegales

El otro día se alcanzó el nivel más elevado de desvergüenza de los 40 años de democracia en España.

Comenzamos con unos diputados que lucran un sueldo importante por trabajar que, en la actuación más importante que pueden realizar, en la votación, se permiten hacerla telemática y asumir los errores, problemas, manipulaciones, etc.

Continuamos con unos señores que, ante 3 opciones (si, no, abstención, a la sazón verde, rojo, amarillo), son incapaces de apretar el botoncito que corresponde, lo que sólo puede deberse a un par de motivos. El primero, son estúpidos y, en ese caso, deben de ser apartados del escaño; o bien, ni se fijan, en cuyo caso no se ganan el sueldo y deben de ser despedidos. Pero, aún más, sobre estos cerebros privilegiados se encuentra un jefe de grupo que debe de adoptar todas las medidas oportunas para que se cumplan las normas y, por lo que se ve, no lo hizo.

Si en una empresa se produce un siniestro y se causan daños a los trabajadores, se sientan en el banquillo el gerente, el jefe de obra, el que provocó el daño y, a buen seguro, serán condenados, todos ellos, por incumplir las medidas de seguridad…. En el nivel político, ni se han planteado despedir al que incurre en el error y, menos aún, al jefe de grupo.      Normas os doy que yo no cumplo, muy bien, pero que muy bien.

Que un diputado lucrando lo que lucra, únicamente tenga que cumplir la orden del jefe de grupo, ni siquiera sea capaz de hacerlo bien y no sea despedido inmediatamente, como sucedería en una empresa, es cuanto menos algo sorprendente y un privilegio inaceptable.

Si solo cumplen la orden del jefe, nos podíamos ahorrar los 350 y pagar sólo a los 8 o 10 que tienen grupo y que voten ellos en función del resultado obtenido…. ¿para qué queremos inútiles que no saben lo que hacen?

Pese a tanto estúpido, la actitud de la presidenta de la mesa no sólo denigra el señorío que se espera del tercer representante del Estado Español, sino que lo hace de la política, incumple los principios constitucionales básicos, reduce a la nada la calidad democrática y, además, actúa contra la Ley.

Señora Batet, el reglamento permitía entrar al diputado que había errado, explicar la situación y, tras reunir a la mesa del congreso, aceptarle, o no, la votación presencial anulando el voto telemático. Es decir, usted no es quién, ni está facultada a impedir el acceso a la cámara del diputado antes del inicio de la votación, no es quien tiene poder de decisión sobre la petición del diputado equivocado y no es usted la que puede limitar el derecho de voto, su obligación era convocar a la mesa, lo que no hizo, evaluar la situación y, tras la votación de los miembros de la mesa del congreso, comunicar la decisión, y nada de eso se hizo y, con ello, la votación se encuentra viciada de nulidad.

El señorío obliga a dejar votar al compañero que llega en el último segundo, al que se equivocó, al que es torpe y no sabe utilizar la técnica, pase lo que pase y se pierda o gane la votación, lo demás es ser un trilero o un tahúr del Misisipi (término acuñado por Felipe González) y, por tanto, despreciar la democracia y rebajar el nivel de calidad de la misma… Luego alguno dirá “no nos representan”, pero con acciones como estas, no lo dirán solo alguno, lo acabaremos diciendo todos.

Ojo, y todo esto en la votación de una reforma laboral que no es tal, que carece de urgencia, pues llevan diciendo de reformarla 3 años y que se hace de forma fraudulenta, por no cumplir la norma, por medio de decreto ley, hurtando el debate a la cámara, torciendo la ley y mintiendo en las causas. Más mierda, peor hecha y más clarificadora del nivel intelectual, profesional, cultural y humano que tienen nuestros representantes. No nos representan, somos un país mucho más digno, más grande, más señorial y más democrático que todos ellos juntos.

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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