Están todos locos

Hasta hace poco tanto Pedro, como PP y Vox, tenían claro que Carlos era un prófugo de la Justicia, un presunto delincuente, alguien que debiera de sufrir la acción de la Justicia, criticando que Europa no fuese más ágil, más empática con España, con sus Tribunales, con su Estado de Derecho y hemos efectuado un cambio radical haciendo que quien perdió las elecciones se someta al dictado del susodicho prófugo para poder gobernar y hacer que nuestro país quede en evidencia ante sus socios.
         A los que nos gustaba leer Astérix y Obélix aún recordamos la frase de este último de “estos romanos están locos”, siempre nos resultó graciosa y significativa de un modo de vida y de visión de la misma que hacía que los Galos se presentasen como superiores frente al invasor.
         Cuando teníamos un peso en Europa, nos sentíamos poderosos, nuestra legislación y Tribunales eran respetados y respetables, cuando algún retraso se nos imponía desde Europa éramos nosotros los que afirmábamos sin rubor “estos europeos están locos”, “el fugado está loco”.
         Con el cambio de rumbo impuesto por el perdedor para aparecer como vencedor, perdemos todos y cuando en Europa contemplan que donde decíamos blanco ahora decimos negro, nos miran con estupor, desdén y reprobables e irrespetables para sin pudor afirmar “estos españolitos están locos
         El problema para Europa no es la amnistía o los efectos de la coptación política de los miembros del CGPJ, que llevan diciendo que era inadmisible desde hace décadas, sino que no tengamos un rumbo cierto, un criterio solvente y una firme defensa de lo propio, pues sin eso España no es un socio fiable, los fondos que nos entregan no son utilizados de forma confiable y el mercado español no es un mercado seguro, que son las cosas que al corsario europeo le importa.
         Pedro sabe que los piratas europeos tienen miedo del curso que ha tomado la política en España y por eso para ofrecer una imagen que le permita navegar esos procelosos mares, se presenta como el único defensor frente al fascismo, olvidando que en España no existe ni un solo partido fascista con un mínimo de representación pero sí existen variados partidos comunistas y de terroristas que él blanquea sin pudor, para aparecer en el mercado europeo como “Barby apreta o Barby rambo” contra el enemigo inexistente.
         El problema no es Europa, ni siquiera Pedro, sino la necesidad, de la que hacen virtud los asesinos y separatistas, y el interés de Pedro por gobernar que hace que ni él los traicionará, ni les dejará de entregar lo que pidan y que ellos no le apuñalarán, por más que le aprieten un poquito los “membríscalos”, pues son conscientes de que sin él no existirían, no tendrían nada, no podrían mandar, esa es la necesidad y la “virtud” que los une y que nos convierte en rehenes de sus placeres.
         La política siempre ha sido un mercadeo de intereses que permiten desarrollar un plan sobre la base de la negociación con los pares, pero ahora la negociación no es entre iguales, sino entre desiguales e incluso entre enemigos defensores de la destrucción del negociador.    Se puede crecer en la diferente visión de una situación que parte de un mismo elemento común y se desarrolla en post de un objetivo común que se pretende alcanzar por distintas vías, no en la visión contraria que parte de una posición distinta, se desarrolla en post de un objetivo contrario y que busca la destrucción del adverso.
No se puede negociar con el asesino, el delincuente, el que, considerándose una raza o pueblo superior, pretende el sometimiento a su criterio del conjunto nacional, salvo que el objetivo no sea España, sino mi propio ego o interés, en cuyo caso el gobierno no tiene el mismo objetivo común que otras fuerzas políticas diversas, pues para cualquiera de ellas, desde distintos posicionamientos, buscan el interés común, mientras que Pedro sólo busca su propio interés.
El problema no es Pedro, ni que tenga su único interés, el problema es como podemos hacer el resto (izquierda-derecha-centro) que el interés seamos todos y no sólo un personaje, sin correr el riesgo de que cambiemos el interés de uno por el interés de otro, sea este el que sea.

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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