Estamos llegando al final, y algunos lo saben

“Entonces cayó del cielo una estrella grande, ardiendo como una antorcha. Cayó sobre la tercera parte de los ríos y sobre las manantiales de agua. La estrella se llama Ajenjo. La tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo, y mucha gente murió por las aguas, que se habían vuelto amargas (Apocalipsis 8,11)”

 

El famoso accidente nuclear de Chernóbil​ sucedido el 26 de abril de 1986 en la central nuclear Vladímir Ílich Lenin, ubicada en el norte de Ucrania, que en ese momento pertenecía a la Unión Soviética. Se debió a que los científicos estaban haciendo un “experimento”, con la Central Nuclear.

Está considerado como la mayor catástrofe nuclear y medioambiental, que afectó al norte de Ucrania, cerca de la frontera con Bielorrusia y provocó la evacuación de 116 000 personas, detectándose radiactividad en al menos 13 países de Europa central y oriental. Durante los siguientes 10 años, se detectaron cánceres inducidos por radiación.

Las dosis recibidas en la tiroides durante los primeros meses después del accidente fueron particularmente altas en los niños y adolescentes de Bielorrusia, Ucrania donde tomaron leche con altos niveles de yodo radioactivo presente en el agua contaminada. En 2005, se habían diagnosticado más de 6000 casos de cáncer de tiroides en este grupo.

El nombre de Chernóbyl se debe a una hierba que abunda en la zona, y que en ucraniano significa: ajenjo.

Tal vez sea conveniente poner en paz nuestra conciencia. Muy pronto será muy tarde.

José Enrique Catalá

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Especialista en Hª Medieval. Profesor. Autor del libro: Glosario Universitario.

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