El virus más religioso de la historia

Carezco de la inteligencia suficiente para comprender este asunto, lo reconozco. No entiendo la repentina relación de la Iglesia Católica con los virus, y, sobre todo, su incomprensible exclusividad.

«Ahora es OBLIGATORIO tomarla en la mano», así me lo comunicó un sacerdote cuando al tomar la comunión me negué a recibirla en la mano. Esto ha sido tomado por muchos sacerdotes como medida profiláctica contra la «epidemia» del coronavirus. Al parecer, los dedos del sacerdote podrían convertirse en elemento transmisor del virus, si al suministrar el Cuerpo de Cristo en la boca tomase contacto con sus labios, infectando de este modo los labios del siguiente feligrés.

No lo entiendo, la verdad, aunque parezca lógico y sensato. Aunque la descripción del mecanismo de contagios sea cierta, correcta y científica… En este mundo.

Ese motivo lo podría alegar una persona atea, una persona que solo cree en la existencia de un mundo material y tangible, observable y manipulable; pero no entiendo cómo es posible que un creyente, es decir, una persona que va a misa, se confiesa  y comulga, pueda creer que en el acto de comulgar, exista la posibilidad de producirse una infección.

Para un creyente que va a comulgar el Cuerpo de Cristo, la infección de un virus en ese acto, es absolutamente imposible, puesto que existe un elemento sobrenatural, ajeno a este mundo, negado por la ciencia, que impide cualquier corrupción.

Si usted cree que realmente en ese acto podría contagiarse de alguna enfermedad, es porque realmente no cree en el acto religioso y lo ha mundanizado. Cree que es un acto simbólico y que tan solo está tomando «pan». En ese caso, lo mejor sería no ir a comulgar y de ese modo evitaría toda posibilidad de contagio. Así no obligaría a que los demás comulgasen en la mano, como lo hace usted. 

En Lourdes existen piscinas en las que se bañan miles de enfermos que aportan a las aguas un completísimo repertorio de virus de las más variadas procedencias. Tras una jornada de trabajo, muchos voluntarios toman un vaso de agua de la misma piscina. No hay infectados. Son creyentes. Dios está allí.

También, en las iglesias y durante la misa, han retirado el agua bendita y prohibido el acto de darse la mano en el rito de La Paz.

Y yo me pregunto, Si el virus puede pasar de una mano a otra, ¿no será también posible que los dedos del sacerdote toquen la mano de un creyente trasladando los virus a la mano del otro?

¿Se dan cuenta ustedes de la dificultad? ¿Ven ahora por qué no comprendo este asunto?

Pues aún hay más cosas que no comprendo.

Si los cristianos no podemos tocarnos por miedo al contagio ¿Por qué no prohíben jugar a baloncesto o balonmano? ¿Por qué en los colegios no impiden el contacto físico entre los niños? ¿Y el carnicero?, ¿y el panadero, verdulero, etc.?

¿Es la Iglesia Católica la única institución en la que se podría propagar el coronavirus? 

No entiendo esta exclusividad, y por eso todo esto me parece esperpéntico.

Ni el papa Francisco ni el obispo de Valencia (mi diócesis), han dictado ninguna orden al respecto, sin embargo, algunos sacerdotes progresistas sometidos al Modernismo están imponiendo su criterio personal.

De gripe común, murieron en España en 2019, 6.300 de los 35.000 ingresados en hospitales. ¿Por qué los sacerdotes progresistas no se preocuparon por mi salud aplicando las mismas medidas?

 

El venerable Fulton Sheen dijo: 

(Lo dejo como lo dijo para no «contaminar» sus palabras con las mías).

«Chi salverà la Chiesa? Non pensate ai sacerdoti. Non pensate ai vescovi. Sta a voi, laici. Sta a voi ricordare ai sacerdoti di essere sacerdoti e ai vescovi di essere vescovi».

Arcivescovo Fulton Sheen (1875-1979)

José Enrique Catalá

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Especialista en Hª Medieval. Profesor. Autor del libro: Glosario Universitario.

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