El vicepresidente, su mujer y las cosas del querer

El señor vicepresidente, más lavado y más planchado que nunca, se va de ruta con la reina Letizia con Z, como ella decidió llamarse. En algún tiempo según cuentan las malas lenguas, ella se declaró republicana, pero luego, por esas cosas de la vida, se enamoró y se casó con un príncipe. Nuestro flamante vice es antimonárquico, como todo comunista que se precie, tan antimonárquico que quiere hacer un referéndum dentro de apenas dos meses, para abolir la monarquía, pero ahora al verles juntos en amor y compaña compartiendo acto, me asaltan las dudas.

Viéndoles juntos y tan bien avenidos vete tú a saber si las cosas de ahora en adelante serán diferentes; con estos comunistas y republicanos nunca se sabe, igual hoy juran que no saldrán nunca de Vallecas, como al día siguiente se mudan a Galapagar; igual odian a la Guardia Civil, como al rato exigen estar vigilados por este maravilloso cuerpo las veinticuatro horas que tiene un día; igual odian a los ricos y en el tiempo récord que llevan en la política, se compran un chaletazo y un Porsche Cayenne de trinca, cosas típicas de ricos. En fin, que visto lo visto, y oído lo oído, el marqués de Galapagar igual después de este acto junto a su majestad la Reina, se convierte en un férreo defensor de la monarquía, en menos que canta un gallo, que de torres más altas se han visto caer.

Ahora vamos a la señora del Vicepresidente y a las cosas del querer, esa señora que es la eterna enfadada con todo el mundo que no piense como ella, está muy entregada a las cosas del querer, y arremete contra VOX, advirtiéndoles que nadie le va a impedir que los hijos de los militantes del partido de extrema derecha, como ella repite hasta la saciedad, agotando la paciencia hasta del mismísimo santo Job, sabrán que no sólo existe el amor entre papá y mamá, sino que también existe entre mamá y mamá, entre papá y papá, entre trans y lesbiana, entre homosexual y través ti… en fin, cada cual puede ser lo que quiera y formar una familia, que aquí está Irene de Arco, cual Juana, para defender las cosas del querer en todas sus vertientes, y quienes no cumplan y acaten sus designios, se las verán con ella que para eso es ministra, y ya de soslayo y cada vez que puede, nos cuela su tan manida frase de que ya está más que harta de que las mujeres tengan que acostarse con sus asquerosos jefes para obtener privilegios.
Creo que esta afirmación, doña Irene de mis entretelas, no la ha meditado demasiado antes de soltarla por esa boquita de piñón que besa el vicepresidente, de lo contrario sería más comedida, pues con estas afirmaciones su boquita corre el peligro de que se la tapen de un zapatazo.

Y aquí recopilando datos y actitudes, me quedo con esto, el poder mueve montañas y es capaz de monarquizar a Iglesias, lo de la señora ministra, ya es más complicado, ella puede soltar por su boquita lo que le venga en gana y los vástagos de VOX, escucharla, o no, aunque visto lo visto igual doña Irene hace un decreto ley, y se sale con la suya.

Más le valiera que en esa lucha por defender lo que aquí ya está más que defendido, hiciera las maletas y se fuera a defender a las mujeres de Guinea, Irán, Irak o México, aquí las mujeres sabemos lo que queremos, y lo que tenemos que pensar.

Querer es maravilloso, señora Montero, pero no se quiera poner el mundo por montera con respecto a la familia, la familia señora ministra, eso es otra cosa.

Mª José Gómez Busó

Jubilada, apasionada del patchwork, lenguaraz y rematadamente sincera.

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