El toro bravo y el dolor

Es esperanzador ver surgir iniciativas para revitalizar la Fiesta Nacional e intentar adaptarla a un público -más joven y moderno- que la tiene que elegir entre otras muchas opciones ocio. Y por fin, también la iniciativa de un partido político para defenderla sin complejos, ha hecho que otros incluyan en sus programas medidas para conservar esta tradición tan española.

“Renovarse o morir”. Esta máxima, aplicada comercialmente a cualquier producto de éxito que pretenda mantenerse en el mercado por largos periodos, debemos aplicarla a una de nuestras tradiciones más arraigadas: La Fiesta Nacional.

Primer tercio: La esencia

Cuando en tertulias y mentideros se aborda el tema de la supervivencia de las corridas de toros, casi siempre se aportan soluciones relativamente sencillas a una cuestión sumamente compleja; y los problemas complicados difícilmente se pueden solucionar con remedios simples que no exijan estudio, simulaciones y esfuerzo.

Hemos de partir de la base de que quien mantiene esta tradición, este espectáculo, este negocio, es el pueblo (entendido como el actor que, en última instancia, consume el producto “terminado”, el que paga). Es por tanto este actor, el público, la palanca crítica que debemos tocar si queremos revitalizar esta tradición tan nuestra.

Nos centramos siempre en soluciones que suponen meros parches adaptativos y que hacen relación a la Fiesta como producto comercial. En este punto lo basamos todo en “dar más por menos”. Dar acceso al apartado y sorteo de los toros que se van a lidiar, implantar pantallas en las plazas que nos informen de los detalles (nombre y peso de los toros, de los caballos de picar, información sobre el matador y miembros de su cuadrilla,etc.), permitir la entrada a tertulias post-corridas, etc., por el precio de una entrada que demasiado a menudo, está fuera del alcance de la mayoría de aficionados.

No se trata únicamente de coger el escandallo de la organización de una corrida de toros y ver en qué partidas se puede recortar para conseguir abaratar las entradas. Tenemos que ser capaces de bucear en las profundidades de esta hermosa tradición y adaptarla, sin desvirtuar su esencia, a la sensibilidad de las nuevas generaciones. Porque nosotros pasaremos, pero los jóvenes de hoy son los llamados a mantener y dar continuidad a este mundo de raza, sacrificio, arte y pasión en el que nos movemos todos los que amamos el toro bravo. ¿Cómo los atraemos?

Segundo tercio: Un antes y un después

Hace algunos días estuve comiendo con Julio Fernández Sanz, veterinario especialista en ganado bravo, y me estuvo contando un proyecto que, de culminarse con éxito, conseguirá atenuar los aspectos del espectáculo menos atractivos para jóvenes y profanos, a la vez que dinamizará el desarrollo del mismo facilitando que mayor número de toros den juego.

Se basa en  profundos estudios de campo que ha desarrollado junto al Dr. Fernando Gil Cabrera, reconocido biólogo, en los que se analizan muchos parámetros en distintos momentos de la vida del toro bravo (incluido el momento de la lidia) que determinan el comportamiento del mismo y explican por qué embiste el toro.

Para no alargar este post en demasía, resumiré las características básicas de los parámetros (hormonas y neurotransmisores) que son objeto de estudio y que más información dan.

Endorfinas: (Inhibidor del dolor) En situaciones de estrés o dolor las segrega el organismo para modular el dolor a modo de un potente anestésico. A su vez mejora el estado de ánimo y ayuda a reducir los niveles de estrés. Además, se segrega en situaciones placenteras produciendo una cierta euforia.

En el primer puyazo el organismo produce abundantemente estas endorfinas bloqueando el dolor y preparando (induciendo) al toro a continuar con la lucha. Las banderillas servirán para incrementar la segregación de endorfinas y oxigenar al animal para que llegue preparado al último tercio.

Por esto la puya ha sido, es y será un elemento fundamental en la selección de animales aptos para la lidia, ya que se han ido seleccionando los que mejor responden a este estímulo, aquellos que son capaces de inhibir el dolor y repetir las embestidas al caballo, creciéndose en el desarrollo de la lidia. De hecho, una de las cuestiones que el estudio pretende demostrar es que solo con rasgar la piel es suficiente para que se active la producción de endorfinas, no siendo necesarios esos desproporcionados puyazos que dibujan dantescas imágenes para apartar al potencial aficionado de la Fiesta, a la vez que merman en demasía la aptitud del toro para continuar con el resto de la lidia. La puya es la defensa del picador…y solo es necesario defenderse cuando el toro aprieta!!

Podemos concluir que el toro, fruto de una exhaustiva selección, no sufre dolor físico. Primero porque el sufrimiento es una sensación consciente, con un componente psicológico que desconocemos en animales (pues no hablan) y que en humanos causa depresión y llega a conducir al suicidio  (no imagino toros con comportamiento autodestructivo) y segundo, porque está asociado al dolor físico y este se inhibe durante la lidia por la producción de endorfinas.

Cortisol: (Indica el grado de estrés) El estrés es la respuesta del organismo ante cambios en el entorno. Es fundamental para la vida pues es lo que nos lleva a adaptarnos a la situación y a prepararnos para las nuevas exigencias. Está comprobada la relación directamente proporcional entre las situaciones de estrés y la producción de cortisol. A mayor nivel de cortisol mejor adaptación a la lidia, ya que se presenta una mayor concentración de glucosa en sangre (energía); pero a medida que avanza la lidia, gracias a la producción de endorfinas, los toros reducen los niveles de cortisol -y por tanto el estrés- por debajo de los niveles de otros bovinos sacrificados en matadero.

Dopamina: Regula la motivación. Niveles altos de dopamina favorecen la perseverancia en la embestida pues activa caracteres como el arrojo, la valentía o la seguridad en si mismo, así como el control de movimientos sofisticados del cuerpo. Se encuentran niveles altos en animales con gran capacidad de lucha, mayor duración de la embestida y mejores movimientos (motor).

Serotonina: Reduce los niveles de agresividad. El estudio ha comprobado como animales con bajos niveles de serotonina en las muestras de campo, tomadas con meses de antelación, desarrollan mayor agresividad durante la lidia.

Último tercio. Consecuencias

Una vez explicado sucintamente el proyecto, podemos concluir que su éxito posibilitará acercar a un mayor número de personas a las corridas de toros, a la vez que dinamizará el espectáculo y nos permitirá contemplar más a menudo la guerrera plasticidad de la lucha entre un hombre valiente y un toro íntegro en sus facultades.

Para ello están trabajando en nuevos diseños de puyas (que permitan cumplir su función sin necesidad de “sobrepuyazos”) y estoques más efectivos que dignifiquen (aún más, si cabe) la muerte del “capitán de los bravos mugidores”.

Al final, va a resultar que los héroes de hoy no necesitan espada y armadura para conseguir grandes conquistas, les basta con jeringa y microscopio, ¿no creen?

PD: Si te ha parecido interesante comparte en tus redes sociales. Todos nos debemos activar  para salvar nuestras tradiciones.

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Antón de la Puerta Domecq

Burke dijo que “el mayor error lo comete quien no hace nada porque sólo podría hacer un poco”. Por eso mi afición a escribir me ha llevado a intentar aportar mi granito de arena en la lucha contra la progresía y el marxismo cultural. Me limito a simplificar temas complejos para intentar hacerlos accesibles al mayor número de personas posible, sin más pretensiones. Ojalá consiga hacer reflexionar a uno solo de mis lectores. España y los españoles merecen que le quiten la venda de los ojos…volvamos a los Valores!!

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