El que mal empieza…

Comenzamos el año y, tras los grandes deseos, las frases de ilusión y las serias intenciones, llega el baño de realidad y la comprobación de que aquellos que, en Navidad, cariñosamente, me llamaban pánfilo (persona ingenua que se deja engañar) lo mismo tenían razón.

El Sr. Sánchez lo ha comenzado con la bandera de «cumplimos» y la sonrisa en el rostro. La segunda es comprensible pues, un personaje como él, que un tiempo antes se dedicaba a dar un pucherazo dentro del partido y le pillaban detrás de la cortina metiendo papeletas falsas, que decía que con Podemos no podría dormir, que «no es no», ahora es presidente, duerme con lobos y, ahora, el que le digan que no a algo es extremista o insolidario… ¡Vaya cambios! Pero, nos guste o no, llegó una pandemia que se negaba, murieron cientos de españoles ocultos y sin contar, sufrimos la peor gestión de la crisis jamás vivida, para la que no se comenzó un trabajo firme y serio de organización de hojas de ruta o protocolos jurídicos, sociales, económicos y sanitarios con los que hacerle frente y hoy, 2 años después, seguimos negando los muertos, sacando pecho de la gestión y sin hacer nuestro trabajo como líder del gobierno.

Ahora se dirá que es un panorama demasiado negro, como se me llamó canalla cuando pedía que el gobierno, en lugar de engañar, hiciese su trabajo; pero, lo cierto es que los datos son brutalmente contundentes y dejan clara la realidad. Demasiado negro es que se construyese un hospital Zendal para las pandemias y la izquierda madrileña, en lugar de apoyar o criticar su desarrollo, se dedicase a torpedearlo y boicotearlo haciendo correr riesgo a los ciudadanos.

¡Oh sorpresa!, cuando gobierna la derecha, si hay muertos o catástrofes, sirven de modelo de crítica y generación de movilizaciones sociales, de fórmula para «echar los muertos» a la espalda de la derecha «asesina»; pero, si el que gestiona las vidas de los ciudadanos, se autodenomina de izquierdas, las muertes no existen o se ocultan, se amordaza la prensa con buenos ingresos y no pasa nada, no se hace nada y se espera con una sonrisa hasta que «o el estado de alarma -inconstitucional por totalitario- o el caos», en una demostración de vagancia insoportable, pero es un gestor inigualable y la sonrisa no es una burla a los españoles muertos, sino una forma de transmitir optimismo.

En los gobiernos de la derecha de las comunidades autónomas no hay una mejoría significativa de lo hecho por el «inteligente» de la Moncloa pues, salvo escasas excepciones, no se ha hecho uso de los recursos que se poseían y se han dedicado, igual que el excelso presidente de gobierno, a llevarse el dinero sin control, según dicen, a comprar material sanitario a China, del que aún no han justificado hasta el último céntimo, han hecho seguidismo del magnánimo Sánchez e incluso han zaherido a los correligionarios que actuaban o diseñaban otras formas, acertadas o no, pero diferentes.

Ahora, Alfonso saca pecho, pero se ocultó tras Igea y la consejera de sanidad para no hacer nada -a los que ahora insulta-, criticó otras gestiones, pero no gestionó nada, echa en cara la carne, pero cuando la carne propia sufría, tampoco él desarrolló protocolos de actuación ni jurídica, ni social, ni económica, ni sanitaria, una sanidad desaparecida por el agotamiento de unos, la miserable actuación de otros y la inexistente gestión de los demás, en la que, o los ciudadanos tienen acceso a la sanidad privada o se mueren en la espera, y el desprecio del sistema público que no sirve al público.

Podemos y el PSOE ya conocemos sus recetas, sus formas de trabajar, la importancia que le dan a los ciudadanos y la que le dan a los medios de comunicación amigos suyos, donde se escondieron cuando la gestión de las residencias, transferida y asumida su dirección por ellos, fue el crematorio de Auschwitz, en lanzar la piedra y guardar la mano.

¡Joder qué tropa! y VOX sin existir, sin aparecer, a la espera de que la ola o tsunami nacional alcance Valdeporrillo de Abajo, sin que nadie dé la cara, nadie aporte modelos de acción para Valdeporrillo, nadie actúe de líder, vaya a ser que Smith le corte los membriscalos, sin pensar en los Valdeporrillenses, como los demás, para obtener un resultado histórico en el que Valdeporrillo no cuenta, ni aporta y se limita al 12% que consigue Abascal solito. Un solo candidato, jovencito y con menos de 6 años de ejercicio profesional, no es nada sólido que aportar, pero mejor que nada ya es…donde están sus equipos…¡uf!, como siempre.

¡Qué difícil es hacer buenos propósitos y tener ilusión con estos destripaterrones al mando! La ilusión es el motor del mundo, pero en este mundo la estamos cambiando por el miedo al desgarramantas y la miseria en la que nos están dejando.

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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