El que a los suyos se parece, honra merece

Esos cachorros que han crecido como auténticas bestias pardas, adoctrinadas en el odio, en el rencor, y en la mentira, han actuado exactamente igual que sus maestros y educadores políticos. Ayer se dedicaban a saquear comercios que previamente habían destrozado; se llevaban televisores de plasma y teléfonos móviles, más que nada, para inmortalizar sus hazañas con selfies junto a las barricadas y junto al fuego prendido unas horas antes, y luego verse en su flamante y recién robado plasma, alrededor de una mesa junto a su familia secesionista, y celebrar el triunfo vandálico, 

«Mira, mira, máma, ese soy yo, el del pasamontañas negro, ese que lanza adoquines a la policía»

Y la máma llora de emoción al ver a su bestia en plena defensa del procés.

Estos enfermos no hacen ni más ni menos que robar, tal y como lo vienen haciendo desde tiempos inmemoriales sus padres políticos, con el tres per cent, el cuatre per cent y a saber qué tanto por ciento vienen robándole a España.

Lo más lamentable es la cantidad de destrozos que han cometido, lo bien preparados que van, y la saña con que actúan, ante una policía desprotegida y sin medios, que ha podido salvar el pellejo única y exclusivamente gracias a su profesionalidad.

Los vándalos ya no saben porqué protestan, sólo saben que cuanto más ruido y más destrozos, ellos están mucho más felices y satisfechos, y su comandante en jefe Quim Torra, más se frota las manos.

Y yo me pregunto:

¿Quién, con dos dedos de frente, puede estar orgulloso de tamaño despropósito?

¿Quién, con algo de sentido común, puede aplaudir estos actos vandálicos?

¿Quién puede ni tan siquiera justificar que se pueda alcanzar algo por mediación de estos destrozos?

¿Acaso estos cachorros no tienen madres?

¿Acaso esas madres no ven en lo que se han convertido sus hijos?

¿Acaso esas madres, sólo por el mero hecho de serlo, no piensan en cómo estarán sufriendo las madres de los policías  atacados sin tregua?

Puedo entender que si a un niño de pequeño le machacas y machacas una idea, al final crece con esa idea, equivocada, o tan cierta, como que el Pisuerga pasa por Valladolid. 

Pero esos niños crecen, y estudian, y conocen, y viajan, y salen de su país de las mentirijillas que no de las maravillas, y ven, y escuchan, y recorren España, y les gusta lo que ven desde Finisterre hasta Tarifa, y todo el resto de la geografía española, y conocen a sus gentes tan variopintas como estupendas, y les gusta como son, y que hay más comida aparte del pa amb tumaca, y si aún así siguen creyendo que merece la pena destrozar varias ciudades y seguir luchando por algo que nunca ha existido, estamos más que perdidos.

Los cachorros del procés se han convertido en fieras

 

Mª José Gómez Busó

Jubilada, apasionada del patchwork, lenguaraz y rematadamente sincera.

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