El PP ante el reto de centrarse

El resultado de las elecciones del 4 de mayo en la Comunidad de Madrid es aplastante. Con una altísima participación, 76.25%, los ciudadanos de Madrid han dado la victoria sin paliativos al centro derecha. El PP con 1.620.200 votos y 65 diputados y VOX 330.600 votos y 13 diputados, totalizan 1.950.800 votos y 78 diputados, una amplia e indiscutible mayoría absoluta frente a Más Madrid, PSOE y Podemos que suman 1.485.800 votos y 58 diputados. Las políticas de izquierda, que protagoniza el gobierno de Sánchez con el apoyo de separatistas y filoterroristas, han sido ampliamente derrotadas. Los madrileños no quieren, han rechazado la violencia, la mentira, la intolerancia, el despotismo y la ineficacia en materia económica y contra la pandemia y han abierto las puertas para que la política española se revise a sí misma. Isabel Díaz Ayuso ha surgido como un nuevo referente para el Partido Popular, muy por encima de Alberto Núñez Feijoo y de Pablo Casado Blanco y eso ofrece una oportunidad para que el PP se centre.

Recordemos la Transición. ¿Fue una etapa centrada, dialogante, integradora? Cabe decir que lo fue, con sus aciertos y errores, pero centrada, aun en una época en que el comunismo se expandía de forma intensa por el mundo mientras que, con desfachatez, impedía mediante el Muro de Berlín que los europeos pudiéramos ir a gozar de ese “paraíso”. Pues bien, en ese contexto, Adolfo Suárez, ex secretario general del Movimiento (franquista para los que lo hayan olvidado) con la anuencia del Rey, legalizó al Partido Comunista el cual como contrapartida aceptó al Rey, que había sido designado por Franco, así como la bandera roja y gualda. Por su parte Felipe González, le echó en 1979 a su partido el órdago de renunciar a su ideario marxista como condición para aceptar la secretaría general, y en un Congreso Extraordinario el PSOE renunció a esa ideología.

La ley de Amnistía de 1977, las actuaciones del PC y del PSOE, la opción por la democracia, que pilotaron el Rey y Adolfo Suárez, cabe considerarlas centradas, superadoras de la República y de la Guerra Civil. Todo ello es contradictorio con la ley de Memoria Histórica. ¿Por qué Rajoy, con su mayoría absoluta de 2011, no derogó la infame ley de Memoria Histórica aprobada por Zapatero en 2007? La respuesta es obvia: porque el PP no está centrado sino escorado a la izquierda, con la burda esperanza de que ésta le perdone la vida. Lo mismo ocurrió tras las elecciones de 2018 en Andalucía, en las que el PP se alzó con el poder, constituyendo un gobierno de coalición con Ciudadanos. Entonces VOX que le había dado su apoyo gratis total, pidió que derogasen la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía que había sido aprobada en 2017, pero el PP no se atrevió a hacerlo, tal vez para no contrariar a Ciudadanos, pero no se atrevió y aun hoy por hoy no lo ha hecho. ¿Cuál es la conclusión de todo esto? Que el PP debe centrarse, volver al espíritu de la Transición y promover la derogación de las leyes y aplicaciones que se hagan de las distintas leyes de Memoria Histórica que estén vigentes o que se vayan a aprobar. Y esa propuesta debe incluirla en todos sus programas electorales. De lo contrario el Partido Popular no estará centrado.

Por otra parte, la Transición dio lugar a la Constitución de 1978, que aprobamos por inmensa mayoría y más aún en Cataluña. La Constitución no prevía la ruptura de España, sino que por el contrario pretendía que, con la creación de las Autonomías y con un marco de concesiones limitado, se garantizaba la unidad de España y de los españoles.  Sin embargo, la presión terrorista de ETA, que fue el cáncer de nuestra democracia, impulsó la transferencia de competencias adicionales muy importantes, tales como Educación y Sanidad a las Autonomías vasca y catalana y por ende al resto. También la competencia de Policía lo fue a las Autonomías Vasca y Catalana y poco a poco lo irá siendo a las demás. De ese proceso de transferencias no quedó el PP al margen, ya que Aznar jugó un papel crucial.

Todo ello nos fue llevando a la peligrosa situación actual que cabe calificar de todo menos centrada. La guinda del pastel la puso también Rajoy que, tras el golpe de Estado de Cataluña, aplicó un 155 tan flojito que no sirvió para nada. Todo lo cual demuestra que España se ha alejado gravemente del punto de partida de nuestra Transición y que el PP ha sido en gran medida responsable de ello. Pero no se trata ahora de buscar culpables sino de reconocer que se ha perdido el centro natural y que hay que dar marcha atrás en el Estado de las Autonomías. Hay que reconducir la situación, como mínimo, al punto de partida para garantizar que se desmonta el adoctrinamiento que se hace contra España y que se le sustituye por el objetivo “garantizar la convivencia democrática” que marca nuestro vigente texto Constitucional. Tolerar el independentismo, la descoordinación autonómica, la expulsión del español de los territorios que constituyen España es inadmisible. Hay que centrarse políticamente.

También hay que enfrentarse a la demagogia del sanchismo y del «Aquarius” y otros barcos similares que no salvan vidas y las devuelven a sus países de origen, sino que son meros medios de transporte al territorio español. Las fronteras y el orden jurídico deben respetarse pues el descontrol es una fuente de conflictos futuros. Hay que ayudar a África a desarrollarse y ordenarse. Eso tiene un coste económico al cual hay que contribuir, pero debe exigirse el control de las fronteras de salida porque más pronto o más tarde el problema estallará, como ya está ocurriendo en otros países de Europa. El humanitarismo y la conciencia de que la humanidad es una gran familia humana no está reñido con un enfoque centrado del problema. Por otra parte, al hablar de inmigración no cabe olvidar a los países de nuestra historia, sino que, por el contrario, hay que darles la prioridad natural que les corresponde como países hermanos que antes fueron parte de las llamadas Españas. Reconocer la historia no es ser un reaccionario sino por el contrario volver a tener un enfoque centrado de España.

Finalmente, en materia económica hay también que centrarse. Sólo hay un país comunista que tiene una situación de prosperidad económica, aunque siga sin libertades, y ese país es China. Centrarse es entender y difundir claramente que China empezó a prosperar porque desde 1978 tomó el camino de renunciar a El Capital, el famoso libro de Marx. Y lo ha hecho implantando el capitalismo, es decir un sistema que reconoce la propiedad privada de los medios de producción, no solo al pequeño agricultor sino también al inversor chino, pequeño y grande, en todos los sectores y, lo que es peor, desde el punto de vista marxista, ¡al gran capital extranjero!

Por tanto, el PP debe centrarse como han hecho los madrileños ante las propuestas de la izquierda que en conjunto deberían llamarse DAREMOS porque todo lo que proponen es dar más médicos, más profesores, más viviendas, más progresismo económico, más salario mínimo vital, y en suma más gasto público. Pero eso sí, se callan cuidadosamente en decir de dónde van a sacar para financiar esos costes. Ante todo eso el PP no tiene que tener miedo en decir que el marxismo está equivocado y que estar centrado es ser antimarxista porque la mentira no debe tener cabida en el centro. Y de paso debe condenar las palabras de El Manifiesto de Marx “derogar por la violencia el orden social existente” o ¿acaso eso no es promover el odio?

Enrique Miguel Sánchez Motos

Administrador Civil del Estado

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