El PNV se quita el disfraz

El PNV sale en defensa de Grande-Marlaska y carga contra la Guardia Civil; Esteban considera que el instituto armado hace «muchos informes chapuceros». Estos grandes maestros del victimismo, la usura y el oportunismo político, herederos de ese nazi de Bilbao, llamado Sabino Arana, para el que la verdadera acepción de nación, tenía como principal postulado, la raza y la supremacía étnica «vulgares y simples racistas». Saben que estos momentos son únicos para conseguir sus intereses y no los dejarán escapar.

El PNV se ha mostrado una vez más, como uno de los socios más fieles de Pedro Sánchez, pues necesita de los favores del último, para poder tener esa anhelada reciprocidad, en un favoritismo humillante, pues penaliza a las otras comunidades y expresa o representa la mayor de las desigualdades hacia las últimas, cuyo único objetivo es la consumación y consecución de sus propios intereses u objetivos.

Es de sobra conocido que el futuro del Ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, pende de un hilo. Las formaciones más importantes de la oposición, PP, Vox y C’s, no le dan tregua, pidiendo, de forma rigurosa y reiterada su dimisión, debido a esa serie de catastróficas desdichas, ocasionadas a un cuerpo sacro e impoluto, perteneciente a las fuerzas de seguridad del Estado, como es la Guardia Civil, por esa sucesión de ceses y dimisiones en la misma, durante los últimos días.

Una petición esta, la de la oposición, a mi forma de ver, justificada en argumentativa praxis, como explicaré en estas líneas, no de una forma teórica y especulativa, con una beligerancia antagónica, opaca y obsesiva, mostrada por la formación jeltzale, la cual, no comparte esta justa crítica de la oposición, esgrimiendo que el ministro tiene «la capacidad y derecho de hacer ese tipo de cambios». Además, Aitor Esteban ha aprovechado para añadir a su crítica, perlitas como esta, 《el instituto armado hace «muchos informes chapuceros». Asegurando que al menos, 《cinco de sus informes, se han realizado, de dicha forma》. Haciendo una hipérbole, irónica e irrespetuosa, tildando a este glorioso y sacro cuerpo, como de «un estado dentro del Estado».

La situación de Marlaska se ha vuelto muy complicada. Las incógnitas, por su carácter arcano, cuanto menos ambiguo que rodean el cese del responsable de la Comandancia de Madrid, Diego Pérez de los Cobos, tras la remisión al juzgado de un informe que acusaba directamente al delegado del Gobierno José Manuel Franco y a Fernando Simón de autorizar las marchas del 8-M, a pesar de ser conscientes de la gravedad de la epidemia. En mi humilde y modesta opinión, simplemente por hacer su trabajo. Y si a esto le sumamos las aparentes y reiteradas contradicciones en las que ha entrado el ministro al explicar ese cese y la serie de dimisiones posteriores en el cuerpo.

En un deseo de defender lo indefendible y con una actitud y carácter de despótico e inmenso autoritarismo que a mi forma de ver, roza la prevaricación, en unas declaraciones a ETB es donde el portavoz nacionalista en el Congreso, Aitor Esteban, se ha reiterado en que el máximo responsable de las fuerzas de seguridad «no debería dimitir porque tiene la capacidad y derecho de hacer ese tipo de cambios». De hecho, Esteban ha ido más allá y ha augurado que no cree que Sánchez le quite o destituya.

Personalmente, me hago una serie de preguntas, que dejo en el aire para su posterior análisis y una concienzuda reflexión por los lectores: ¿Debemos ser leales a un gobierno canalla y falaz, que no ha dejado de mentirnos, en lo público o social, como en el caso de los gastos de compras y contratos con ocasión del Estado de Alarma?  ¿Debemos lealtad al político que aún tiene la descarada fatuidad y desvergüenza de predicar, dando clases de una supuesta y carente moral, de lo que se debe hacer, cuando él pudo y no quiso?  ¿Debemos cumplir con el deber de leal obediencia ante el que nos ofende o nos perjudica? ¿Es lógico mantenerse leal al que engaña y lo mantiene?

Para concluir esta, una hipótesis personal, la mía, a modo de crítica hacia un despótico gobierno y en defensa de la justicia más igualitaria y verdadera. Siempre bajo el amparo de ese derecho conocido como «Libertad de Expresión «, podrá gustar más o gustar menos, pero creo tan válida y lícita como cualquier otra. Nacida o debida a estas aciagas, crueles e injustas circunstancias actuales que sufrimos desde que desgraciadamente nos gobierna un nuevo y renacido frente popular.

Recordar a modo de efemérides y a la vez seria advertencia a navegantes, por en mi opinión, venir muy al caso que tristemente nos ocupa, por la situación que vive la España contemporánea, pues es como lo veo, lo siento y así lo expreso: las guerras civiles revolucionarias del siglo XX también han tenido casi siempre un componente nacionalista y de liberación nacional, en ocasiones muy complejo y contradictorio. Por ejemplo, en España, el PNV y Esquerra Catalana pretendieron en principio servirse de la guerra de 1936, no con fines de revolución social, sino para alcanzar una autonomía nacional sumamente amplia, que rayaba en la independencia y que en más de una ocasión, supuso una absoluta traición tanto a los republicanos como a la causa revolucionaria. La elocuencia de lo evidente de mis palabras, es la actual situación del gobierno español con las fuerzas políticas citadas.

Con nobleza, honradez y decencia y con unos hechos probados, tanto empíricamente como en la praxis actual, de verdad, con honestidad: ¿Debemos obediencia y lealtad a los que quieren la fragmentación y posterior destrucción de nuestra sociedad, la española?

La lealtad y la obediencia así como el respeto, es algo que hay que ganarse, no son cosas sujetas a imposición.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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