El origen no-democrático de la Segunda República

Wikipedia dice que «Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 acabaron con la monarquía en España». Esa frase es cierta pero incompleta. Sin embargo, lo que no es cierto es decir que «el resultado legítimo de las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 acabó con la monarquía en España». Por lo tanto, la primera frase induce a engaño.

¿Cómo? ¿Pero no es lo mismo?, dirán ustedes, queridos lectores y estudiantes. No. Les voy a enseñar a no dejarse engañar por profesores sometidos a una ideología.

El rey Alfonso XIII renunció a la corona voluntariamente, a pesar de que legalmente tenía el apoyo democrático de los españoles. Las elecciones de 12 de abril de 1931 las ganaron los partidos monárquicos y de derechas. Eso es una verdad absoluta e indiscutible; documentada; aceptada y reconocida incluso por los historiadores más extremistas de izquierdas.

Entonces… ¿Por qué no gobernaron los partidos de derechas, y se mantuvo la monarquía, siguiendo la legalidad democrática?

(Recomiendo a los estudiantes de bachillerato que planteen esa pregunta al profesor; si ven que balbucea, es de izquierdas, si pone cara de resignación y no tener ganas de meterse en líos, es de derechas.)

Intentaré responder a la pregunta lo más clara y honestamente posible.

Una democracia puede ser de dos tipos: con rey o sin rey. Si es con rey, se llama monarquía parlamentaria; si es sin rey se llama república. En la república el lugar del rey lo ocupa un político.

España, en el siglo XX, tuvo los siguientes regímenes políticos: una democracia con rey, una dictadura con rey, una democracia sin rey (república), una dictadura sin rey (franquismo) y finalmente, una democracia con rey (actualidad). Lo hemos probado todo excepto la anarquía (pero casi), y de todos los períodos hubo algunos con paz y progreso económico y social.

Podemos librarnos de un rey, podemos librarnos de un dictador, pero nunca nos libramos de los políticos. Los políticos están siempre en todos los gobiernos desde la Revolución Francesa, tanto en las dictaduras como en las democracias. En las dictaduras están solo los elegidos por el dictador, un número reducido y seleccionado por su capacidad. En las democracias están (eso creemos) los elegidos por el pueblo. Por cierto, el líder del PSOE, Largo Caballero, fue miembro del Gobierno en la dictadura de Primo de Rivera, por lo tanto, es evidente que el dictador no buscaba favorecer a las derechas o a las izquierdas.

Hay políticos que trabajan para su país y políticos que trabajan para sí mismos. El bienestar de los ciudadanos depende de la proporción que haya en el gobierno de cada tipo, y no del régimen político.

Volvamos a la Segunda República. Si en las elecciones de 12 de abril 1931 hubiese prevalecido la legalidad democrática, a partir del 14 de abril los partidos de derechas y monárquicos hubieran gobernado con total tranquilidad hasta las siguientes elecciones democráticas. Pero, no fue así.

Según la prensa de la época, las elecciones se celebraron con total normalidad exceptuando casos puntuales y anecdóticos (que incluso actualmente también se producen). El día 13 de abril las autoridades confirmaban la victoria republicana en 41 de las 50 capitales de provincia, pero esas capitales solo representaban el 20% del total de los españoles, el voto del 80% restante fue ignorado y despreciado por los políticos de izquierdas. Los resultados parciales de las elecciones señalaban el día 13 de abril una victoria monárquica en número de concejales, 21.150 frente a 5.175, con el escrutinio del 32% de los votos realizado.

La noche del 13 de julio, al conocer los partidos de izquierdas su derrota, asaltaron, insisto, literalmente ASALTARON POR LA FUERZA (como bien reconoció el socialista Largo en un discurso alardeando de su protagonismo en aquel hecho, nunca difundido por los historiadores marxistas) decía, ASALTARON POR LA FUERZA los órganos de poder situados en Madrid y proclamaron crearon un Comité Revolucionario exigiendo el poder.

Este asalto antidemocrático, así calificado por la prensa internacional, dejó al país al borde de una guerra civil (1931) porque los demócratas, es decir, los que habían ganado las elecciones, podían exigir al jefe del Estado y a las fuerzas internacionales democráticas, que se cumpliera la legalidad. El jefe del Estado, el rey Alfonso, convocante de las elecciones, consultó con los miembros del gobierno en funciones, y estos políticos le recomendaron que renunciase a la corona y entregase el poder a los violentos para evitar una guerra civil. Así lo hizo, y salió por el puerto de Cartagena en dirección a Roma el mismo día 14. «Las elecciones me revelan que no tengo hoy el amor de mi pueblo. Hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas con quienes las combaten. Pero quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro en fratricida guerra civil».

Tras la renuncia del monarca Alfonso XIII al trono de España, el presidente del Comité Revolucionario, no elegido por el pueblo, Alcalá-Zamora, proclamó el nacimiento de la II República desde el balcón de la Puerta del Sol, a las siete de la tarde, ante la algarabía del pueblo madrileño. «Las elecciones del domingo han tenido un complemento grandioso con el requerimiento que ayer hizo la opinión pública para que el régimen monárquico desaparezca y la implantación en el día de hoy de la República por un acto de voluntad soberana, de iniciativa del país sin el menor trastorno, completando aquella empresa de tal manera, que el mundo entero sentirá y admirará la conducta de España, ya puesta en otras manos con un orden ejemplar», declaró.

Es cierto que la «Opinión pública» (izquierdas) pedía que desapareciera la monarquía, pero mintió conscientemente al afirmar que aquello fuera un «acto de voluntad soberana», porque la soberanía reside en el pueblo, y el pueblo se había declarado monárquico con su voto.

En conclusión: la Segunda República apareció en España por la dimisión de un rey, y no por la elección democrática de un pueblo. La prueba la tenemos en que dos años después, los partidos republicanos perdieron las elecciones frente a los partidos monárquicos y de derechas.

La historiografía marxista justifica esta irregularidad (es decir, que los partidos republicanos no respetaran la legalidad democrática) diciendo que, aunque ciertamente la mayoría abrumadora de los votos fueron monárquicos y de derechas, lo cierto es que en las capitales principales ganaron los partidos republicanos. En su parecer, eso justifica cambiar las reglas democráticas después de las elecciones. Añaden que existía en los pueblos un fenómeno llamado caciquismo que obligaba a los habitantes a votar a las derechas y al rey. ¿No les parece un razonamiento ridículo? No se extrañen, siempre tienen respuesta para todo. todavía justifican la miseria y pobreza de los cubanos durante 62 años, por el «embargo» de EEUU. Mientras toman café.

José Enrique Catalá

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Especialista en Hª Medieval. Profesor. Autor del libro: Glosario Universitario.

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