EL ODIO QUE LASTRA AL EXTREMISMO SOCIALISTA

Es muy frecuente oír acusaciones gratuitas entre los miembros de la izquierda. También es recurrente entre los socialistas la utilización de hechos como arma afilada por ellos mismos para causar la mayor carnicería posible entre sus adversarios. vean como ejemplos la utilización del Prestige, del 11M o el callejeando sacrificio de «Excálibur», perro de una enfermera, contagiado de ébola, y solicitado por su dueña.
Hay muchos, muchísimos casos más, no se crean. Esta rastrera artimaña, prima hermana del engaño a los tontos, va incluida en la ideología desde su nacimiento mismo.

La VICESECRETARIA GENERAL DEL PSOE, ha manifestado su odio a los que no piensan como ella acusándolos de ser responsables de un hecho delictivo. A ella, le importa un pimiento si es verdad lo que ella dice. También le importa un pito lo que diga la justicia. Ella lo que quiere es aprovechar cualquier instrumento de malicia para extender el odio que lleva dentro sobre los que le impiden odiar más. Ella pretende ensuciar, engañar y manipular a la opinión pública. Esto debería estar penalizado en un sistema democrático, pero paradójicamente, está consentido.

De la publicación » El Socialista», he extraído estas palabras de Largo Caballero, siendo ministro del gobierno en el primer bienio, y que no sonarían extrañas en boca de algunos y algunas y algunas izquierdistas actuales:
«Se dirá: ¡Ah esa es la dictadura del proletariado! Pero ¿es que vivimos en una democracia? Pues ¿qué hay hoy, más que una dictadura de burgueses? Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada. No ocultamos que vamos a la revolución social. ¿Cómo? (Una voz en el público: ‘Como en Rusia´). No nos asusta eso. Vamos, repito, hacía la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas habrá que obtenerlo por la violencia… nosotros respondemos: vamos legalmente hacia la revolución de la sociedad. Pero si no queréis, haremos la revolución violentamente (Gran ovación). Eso dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… No nos ceguemos camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar. El 19 vamos a las urnas… Mas no olvidéis que los hechos nos llevarán a actos en que hemos de necesitar más energía y más decisión que para ir a las urnas. ¿Excitación al motín? No, simplemente decirle a la clase obrera que debe preparase… Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución Socialista». El Socialista, 9 de noviembre de 1933.

Tengamos muy presente esto: el discurso que habla de Guerra Civil no fue en el 36, fue en el 33. Nuestra República, la de casi todos los españoles, aunque impuesta, apenas tenía año y medio.

Esas palabras son el reflejo de un profundo odio que hoy tacharíamos de cubano-castrista, sobre quienes no se someten a su ideología, a esa ideología que ha llevado a muchos dirigentes a enriquecerse económicamente descontroladamente y embriagarse de poder. Soy de la opinión de que, no despreciando el dinero, muchos de izquierdas prefieren acumular poder y hacerlo sentir sobre sus subordinados porque les enloquece el olor a miedo que siente la gente cuando pasa o se dirige a ellos.

El odio es un bien intrínseco al socialismo. Largo ya dijo una vez que no se trataba de una lucha de clases, sino que se debía ir más allá, había que llegar al «exterminio» (literal). En esos momentos Hitler no era más que un charlatán. La brutalidad de los métodos soviéticos ya se había cebado con millones de víctimas.

El odio a la Iglesia no puede ser separado de esta ideología. Todavía no comprendo a qué se debe ese odio tan encendido.

Se suele ocultar ese odio clerical tras triste hecho de la Guerra Civil. «Eso se quemó en guerra», se suele decir, pero, estamos ante otra treta dialéctica para ocultar la verdad: no » se» quemó, LO QUEMARON. Al impersonalizar la oración, la culpa socialista se hace humo. Pero todavía hay una mentira mayor. El odio a la Iglesia se manifestó en toda España mediante destrucción y quema de edificios religiosos, el 10 y 11 de mayo de 1931. Naturalmente, el Gobierno Social-Republicano, fue cómplice silencioso de ese odio.

Por otra parte, la ministra Montero ha atacado a la «extrema derecha» (velada y maliciosa referencia a VOX que gusta mucho a los mediocres), sobre el tema del aborto. Pretende OBLIGAR a todos los sanitarios a que cumplan lo que a ella se le ha ocurrido, mientras tomaba café. También ha aprovechado para odiar a la Iglesia prohibiendo (qué palabra más placentera para un socialista) que la gente rece el Rosario cerca del hospital (no ha determinado la distancia de alejamiento). Y, finalmente, pretende evitar que las afectadas reflexionen sobre sus vidas. Por lo visto, la sangrienta ideología ya ha reflexionado por ellas.

No soy miembro de VOX ni estoy en sus listas porque creo que ya poco puedo aportar a nadie, pero me gusta la valentía y rebeldía de sus integrantes cuando denuncian a los partidos que buscan votos fomentando el odio. Me gustaría que en España hubiese trabajo para todos y que todos «trabajasen»; que los más débiles tuvieran protección; que mi casa fuese segura y también lo fuera «nuestra casa», íntegramente. que hubiese más libertad de pensamiento, de educación, de sanidad, de cultos; que la educación la dirigiesen educadores, para educar cultural e intelectualmente, y no ideológicamente como priorizan los socialistas; que la sanidad estuviese dirigida por sanitarios y que la finalidad del sistema sanitario fuese el bien del ser humano y no el de una ideología; que la justicia y las leyes que afectan a libertades las dirigiesen los jueces, y que el gobierno no tuviese Ministerio de Justicia, sino órgano de coordinación con el Poder Judicial.
No soy miembro de VOX, pero confío en esa gente. Cuando no existaía VOX, era de derechas. Lo sigo siendo, pero ahora, más. Creo que sus portavoces hablan siempre para decir la verdad, mientras que otros hablan para disfrazarla u ocultarla. Nunca subordinan la verdad a lo » políticamente correcto». Nunca pretenden aparentar que son inteligentes, porque lo son. Creo que todas sus palabras y todas sus actuaciones buscan siempre la NO Lucha de Clases, la Paz Social, el trabajo, la justicia, el equilibrio y el bienestar de todos los españoles. Sin mentiras, sin engaños, sin manipulaciones.

Lo único que les pido a sus dirigentes es que establezcan un férreo control sobre la corrupción política en su partido. España ya tiene demasiados «chorizos» políticos, inmorales, incluso protegidos por leyes que elaboran ellos mismos.

Las leyes deben hacerlas los legisladores, no unos políticos que, sin formación alguna pero hablando muy bien (en realidad es su única virtud), se atreven a decidir sobre las libertades y derechos de millones de personas, sabiendo que si la «cagan», lo peor que les puede pasar, es que le den un sueldo vitalicio, coche, chofer, despacho y secretaria.

Para algunos partidos, el odio no es un Lastre sino una bolsa de votos.

José Enrique Catalá

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Especialista en Hª Medieval. Profesor. Autor del libro: Glosario Universitario.

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