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El nacionalismo vasco

Es una religión más que una política, su catecismo es la sangre, la raza, el origen.

Si el nacionalismo catalán es esencialmente cultural, el vasco es telúrico, atávico, ancestral, de antecesor, perteneciente a los antepasados remotos, que se pierden en la noche de los tiempos. Es decir, es un nacionalismo subterráneo, perteneciente a su región, aplicando en sus comportamientos, los cuales, hacen percibir formas o ideas de vida propia de sus antepasados. Postulados hacia un sentido primario, elemental, incontenible, como lo es todo lo que viene por la sangre.

Es una religión más que una política, su catecismo es la sangre, la raza, el origen. Lo de los 8 apellidos vascos, expuestos o expresados en ese famoso filme del mismo título, no es una fanfarronada, ni mucho menos, sino el mejor documento de identidad para o de este nacionalismo. Aunque en sus verdaderos orígenes no eran 8 apellidos vascos, sino 10. Este nacionalismo, el vasco, basa o fomenta su ideología en la raza como representación de su dura firmeza, comparable a una gran roca. A partir de esta, se apoya o construye en paradojas contradicciones, autonomías, capaces de volver loco a cualquiera, que no tenga fe ciega en lo que cree.

El nacionalismo vasco tiene más de sentimiento que de razonamiento, más de irracionalidad que de racionalidad y lógicamente más de leyenda que de historia. Pero del mismo modo que una moneda falsa desplaza a la verdadera, la leyenda desplaza a la historia siempre que entran en colisión. Entre otras cosas porque la leyenda suele ser mucho más bella, mientras que la historia, si es verdadera, tiene más páginas tristes que alegres, como la vida misma que narra. Aparte de que la leyenda podemos manipularla a nuestro antojo. Y es así y sólo así, como ha ido surgiendo el nacionalismo vasco. Es más un mito que una realidad, es más una religión que un programa político, con sus ritos, sus héroes, sus mártires y sobre todo, su fanatismo.

Los vascos son los primeros españoles, de igual modo que el idioma vasco es la base del castellano. Los vascos se cuentan como los padres tanto del castellano como de Castilla. Por lo que lógicamente lo son también de España. Por mucho que les pese a los nacionalistas. Su profeta, Sabino Arana, tenía un eco, un algo de cristiano viejo, con esa manía obsesiva de la pureza de sangre. Si se cogiese a un vasco y a un burgalés, apenas se notarían diferencias. Los rasgos vascos al igual que los castellanos o españoles son: la religiosidad, el tradicionalismo, el machismo, el cantar en coro, la arrogancia, etc…  lo que nos lleva a una única conclusión y es que existe un hecho diferencial, entre otras nacionalidades y el castellano o español, pero NO entre el español y el vasco, pues el vasco es el alcaloide o la materia prima de lo español.

La paradoja, la encontramos en esa consideración del nacionalismo vasco hacia todo lo español. El primero considera al último como su peor enemigo. Un enemigo al que hay que combatir y destruir. Sin duda, esta es su consigna, su bandera de combate. El nacionalismo vasco, declara abiertamente la guerra al español, por eso resulta al último, tarea difícil, el combatirlo. ¿Cómo se puede luchar contra alguien que es tu propia esencia, o la esencia de uno mismo?. En esta guerra los españoles ganan porque son más, por contra, los vascos no pierden nunca, por ser más españoles, que el resto. Ahí está la clave, y al mismo tiempo tragedia, el vasco es el español puro, el español no romanizado, no visigotizado, no arabizado, no afrancesado, no germanizado y que al pretender el español «mestizo», imponer su norma en el País Vasco, los primeros la rechacen, por eso, por impura, por adulterada. Si lo contemplamos desde esta perspectiva, esta hipótesis personal, que seguro más de uno comparte con el firmante del presente escrito. Concluimos con una fideligna y objetiva aseveración, que no serían los vascos los que se separaran de España, sino los demás españoles, los que se han separado de la España auténtica. Esto no es de ahora, haciendo un poquito de memoria, esto que digo encajaría perfectamente con el ideario de las guerras carlistas.

El origen o germen del problema, en mi humilde y modesta opinión, se encuentra en la derogación de la ley Sálica, una ley que derogó Fernando VII. Esa misma ley que impedía acceder al trono a las mujeres. Este problema dinástico se convierte en endémico. Es decir, propio y exclusivo de determinadas localidades y regiones, envenenando así todo el siglo XIX. Hecho que no acepta el hermano del Rey y se proclama como Carlos VI. Surgen las guerras carlistas y Navarra y País Vasco son el centro de operaciones de los carlistas. Que nadie se lleve a engaño, esta sublevación se hace contra un gobierno que es liberal, que es antirreligioso, y sobre todo y es aquí donde se da la paradoja o contradicción, contra un gobierno «ANTIESPAÑOL».

En 1876 tras la victoria de los cristinos, se suspenden definitivamente los fueros. Se alimentan los bulos en forma de propaganda, por parte de los carlistas, futuros nacionalistas. Simplemente falsedades, pues las guerras carlistas no fueron guerras entre vascos y españoles. «Fueron guerras civiles entre españoles». Son estos unos tiempos en que la verdad no es tan importante como la melancolía. Hacer una pequeña revelación, la melancolía es el alma del nacionalismo vasco, el cual, a falta de victorias se ha ido alimentando de leyendas.

Hacer un breve retrato o perfil de ese gran supremacista, Sabino Arana. Nos quedaríamos cortos si dijéramos que Arana es el padre del nacionalismo vasco. Sin duda, es bastante más, es su profeta, su maestro, su percusor, su Mesías, su alma y su cuerpo. Su mensaje, lo que predica, es muy simple, es el mensaje de todos los iluminados. «ESPAÑA ES EL ENEMIGO SECULAR, ES DECIR, UN ENEMIGO REPETITIVO A TRAVÉS DE LOS TIEMPOS, DE LA NACIÓN VASCA. QUE ABOLIÓ SUS LIBERTADES, ACABÓ CON SUS HONESTAS TRADICIONES, VIOLÓ SUS MONTAÑAS VIRGENES, EMPONZOÑO SUS RÍOS CRISTALINOS, Y LA INVADE CON LOS MAKETOS, QUE LLEGAN EN BUSCA DE UN PUESTO DE TRABAJO, ALGO QUE EN SUS REGIONES, NO TIENEN».

Este mensaje se ha mantenido hasta nuestros días. No importa la verdad, no importa quién  horadara, o atravesará de parte a parte, esas montañas, ensuciara sus ríos. La realidad es que fueron los capitalistas vascos en busca del mineral de hierro, los mismos que han traído a esos miles de obreros españoles,  que necesitaban para sus minas y altos hornos.

Sabino Arana y su mensaje, dicho de otra forma, el profeta y su profecía, son la esencia misma del nacionalismo vasco, que hoy, un siglo más tarde, está más presente que nunca. Este tipo de nacionalismo, el vasco, tiene más de religión que de política. Siempre ha estado en la contradicción. Y la vamos a dividir en tres. La primera contradicción es definir al verdadero vasco, la segunda al verdadero nacionalista y la tercera la verdadera relación entre el País Vasco y España.El profeta decía que lo vasco viene por la estirpe, que demostrarán los apellidos, la lengua y sobre todo, la religión, católica romana, claro está, en una versión más integrista. Pero la realidad nos muestra otra cosa, vascos con apellidos no vascos, extranjeros, incluso algunos de ellos no hablan euskera, tibios e incluso escépticos en materia de religión. Estos últimos son los que definen a la segunda contradicción. Pues sin duda, estos serían vascos, pero nunca nacionalistas. Por lo tanto, no serían verdaderos vascos. El profeta, Sabino Arana, en su credo, identificaba a los vascos con el nacionalista. Por una parte, los llamados puros, defienden íntegramente la doctrina, el credo de su fundador. Por la otra, los pragmáticos, estos son los más flexibles, porque utilizan y aplican lo práctico, para alcanzar esa anhelada y ansiada neta final. Algo en que todos están de acuerdo. El PNV es sin duda, el legítimo heredero del carlismo. El nacionalismo vasco es victimista, regulador por naturaleza.

Los colegios religiosos, han sido los auténticos invernaderos del nacionalismo. Los sacerdotes son los aleccionadores, que dicho sea de paso, hacen pocos distingos entre religión y nacionalismo. Por poner un ejemplo, el colegio de los escolapios de Bilbao fue la verdadera cuna de ETA. La doctrina es aplicada por los profesores, la justificación es esa supuesta represión franquista. Con el paso del tiempo, esos cachorros del nacionalismo, saben que el poder viene por el cañón de un fusil y que la guerrilla es el arma del débil contra el fuerte. Este nuevo ingrediente adquirido, «EL MARXISMO». Se erigen en un frente de liberación Nacional con todas sus características de radicalidad y violencia. El marxismo es otra religión, una religión sin Dios,  con sus dogmas, Santos, mártires, paraíso e infierno. Así es como los biznietos de los viejos carlistas se convierten en la izquierda abertzale.

Este tipo de nacionalismo ha logrado conseguir una autonomía, con unas competencias muy difíciles de igualar en Europa. No conoce fronteras. Dentro de las propias, claro está. Y no pararán hasta conseguir todos los poderes de una forma práctica. Al igual que el catalán, con distintas formas, buscan el mismo fondo. Un fondo egoísta hasta el extremo, buscan ese sueño, esa utopía platónica, su independencia, y por contra, la fragmentación y total destrucción de España.

Por la unidad de España, nación de nacionalidades, nación-estado, nación madre. Arriba VOX y viva ESPAÑA siempre.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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